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"Todos merecemos una segunda oportunidad, yo se la he dado"

Defensora de la libertad de su marido, Mª del Carmen se enamoró de Andrés Rabadán en prisión, cuando ella trabajaba como enfermera de los reos. Todo surgió a raíz de la lectura de su libro, 'Historias desde la cárcel'. Entablaron una gran amistad a través de cartas, ya que él, ingresado en el módulo psiquiátrico, apenas podía comunicarse con gente del exterior. Y ahí surgió todo.
Mª del Carmen explica que desde 1999, Andrés no toma medicación. Y a tenor de su currículum profesional dentro de la cárcel, es el prototipo de preso que camina hacia la reinserción. De ahí que su principal petición sea que le den la oportunidad de salir a la calle. "Según la ley, cuando un preso se cura, debe salir", añade, "y él lleva casi diez años sin medicación".
 
A menudo, sus familiares llegan a pensar que existe una 'mano oculta' que impide que Andrés Rabadán salga, aunque sea por un permiso domiciliario. "No puedo asegurarlo, no quisiera pensarlo", asegura Mª del Carmen. "Parece que lo que sí hay son malentendidos entre profesionales".
 
Consciente de que su marido cometió un delito muy grave, cuenta que siempre que lo necesitan, tanto uno como otro, hablan del tema. "En aquel momento no estaba bien y no supo pedir ayuda", explica. "De hecho, dentro de él, todavía vive una persona torturada", pero, en ningún caso, enferma ni esquizofrénica.
 
En la última carta que Andrés Rabadán escribió a Mª del Carmen se queja de que lleva catorce años sin ver las estrellas. Ella, por contra, se emociona al decir que le necesita a su lado.