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La 'Súper' nos enseña la casa de Gran Hermano

La salita en la que Pepa ejerce de Súper es aún más pequeña que el confesionario desde el que le hablan los grandes hermanos. Un espacio de apenas 4 metros en el que se apilan los monitores donde se pinchan imágenes de todas y cada una de las estancias de la casa y un intercomunicador que la relaciona con todo el equipo y también con Telecinco.
Con sus cascos puestos y frente al micro, asistimos a sus primeras palabras del día hacia los concursantes. Pincha la imagen del dormitorio: "Atención, concursantes, os tenéis que despertar ya. No podéis salir al jardín". A pesar de sus palabras, todos siguen durmiendo. "Como veis, no me han hecho ni caso. Me suele pasar", bromea.
"Lo de la distorsión de mi voz", explica, "lo hacemos para evitar que puedan identificarnos y nos vean como alguien menos cercano". Yo no soy el único Súper. Hay turnos y algunos de los compañeros que me relevan son los redactores de los concursantes, por eso queremos que el Súper parezca alguien más distante."
Pepa está en Guadalix a diario de 10.00 a 20.00 horas y los días que hay gala, hasta las 4 de la madrugada. Por eso, se conoce mejor que nadie cada departamento que hace posible el Gran Hermano que vemos a diario en la tele.
Nos lleva a la sala de realización, repleta de monitores de pared a pared, el auténtico ojo que todo lo ve. "Hay 61 cámaras en total y aquí tenemos monitores que enfocan a todas las estancias", nos explica. "Aquí trabajan unas 15 personas por turno. Los concursantes, aunque intenten buscar puntos negros, están pillados por todos lados".
Confiesa que en el baño hay cámaras, pero son sólo de seguridad, para comprobar que ellos están bien. "Somos trabajadores de Gran Hermano, pero también sus cuidadores", asegura.
Pilar, una de las realizadoras, confiesa que el momento más estresante para ellos es cuando hay una bronca en la casa, porque no saben muy bien para dónde van a tirar.
El paseo continúa por la sala de Sonido, donde nos explica que se controlan los 80 micros de la casa. "Este año hemos batido records de rupturas de micros. Han sido en total unos 25 o 26 y los principales culpables han sido Almudena e Iván, entre las guerras de agua y los baños en el jacuzzi". "Cada uno de estos micros cuesta unos 1.500 euros", nos confiesa  Cristina Beltrán, responsable de producción de la casa. Así, no es extraño que les ha haya caído más de una penalización.
A pesar de estas quejas, la Súper sentencia "Es la edición en la que los concursantes se han portado mejor. Estoy muy contenta". Tanto es así, que apenas han tenido que echar mano de los psicólogos a deshoras, como en otras ediciones.
Junto a la sala de Sonido, visitamos las de Edición, Atrezzo, Producción y Documentación. De todas ellas cuelgan las fotos de todos los concursantes de este año y sobre ellas el cartelito de Expulsado. Sólo tres continúan intactos. Los tres que están a sólo unos pasos de donde nos encontramos y que aún duermen plácidamente, ajenos a las órdenes de su Súper.
Al final del pasillo, vemos una puerta gris. "Detrás de ella está lo más importante", asegura Pepa. Ahí comienza la casa, pero hoy no podemos entrar porque estamos preparando todo para la gran final".
Nos quedamos a sólo unos pasos de ver a Iván, Almudena y Orlando a través de un espejo, pero nos conformamos con verles a través de una de las decenas de monitores que los enfocan al otro lado de la vida en directo. Sólo puede quedar uno. ¿Quién será?