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Adictos a temprana edad

Con trece años la primera cerveza supone el inicio de un juego con el alcohol que para muchos jóvenes termina en adicción. Es un camino lento, nunca divisado, que tiene en los fines de semana y la diversión su principal excusa. Empiezan bebiendo para afianzarse en el grupo, movidos por el entorno social y llevados por un sistema antitimidez. Así comenzó José.
Con catorce años bebió su primer trago y a los diecisiete los bares eran prácticamente su casa. Se emborrachaba todos los días y no sabía moverse en otro entorno que no fuera los lugares de copas.
Ha pasado cuatro meses en una clínica para curarse de su adicción. Hoy, nuestros reporteros le acompañan en su regreso a su ciudad y nos muestra el entorno y los lugares en los que cada día su personalidad se anulaba ahogada en un vaso.
Los expertos advierten de la peligrosidad del alcohol. Está considerada como una droga puente.
Desde su consumo abusivo el acceso a otras sustancias como la cocaína o las pastillas están a un paso. Todos los adictos a otras dogas, han comenzado experimentando y abusando de las copas.
Pero a pesar de todo, la sociedad sigue sin percibir que la bebida es un riesgo. Beber no está mal visto por la gente, se considera algo normal, salir y beber alguna copa de más, sin admitir que puede convertirse en un serio problema.
África todos los fines de semana desde los 13 años hacía botellón con sus amigos. Su diversión era emborracharse y lo hacía para evadirse, así semana tras semana.
El alcohol la controlaba por completo viernes y sábados y no era consciente de los que hacía. Con la ayuda de su familia, acudió a un especialista y la diagnosticaron alcoholismo de tipo anglosajón (alcoholismo de fin de semana).
El culpable de su adicción era el entorno, unas amistades, que además, le llevaron a ser consumidora habitual de hachís.
A sus 26 años Juan mira hacia atrás con serenidad. Ha logrado salir de copas y beber con moderación. Algo impensable cuando, a diario, daba cuenta de más de 17 copas y no dejaba que los hielos se derritieran.
Como ellos muchos jóvenes no saben todavía que su vida puede estar en juego. El alcohol es una trampa que socialmente admitimos sin darnos cuenta de los riesgos que esconde.
Beber desinhibe, pero también engancha. Uno de cada tres drogodependientes lo son del alcohol.
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