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Bebés al borde de un ataque de estrés

Y esta realidad está conectada con el estilo de vida actual, en el que aparecen mayores exigencias, mayor competitividad y cambios en el modelo social y familiar que, a su vez, también deriva en estrés.

A esto hay que añadir posibles enfermedades, falta de cuidados, una alimentación insuficiente o inadecuada, falta de afecto o cariño en el entorno familiar, así como los factores ambientales como el ruido, el aislamiento, la soledad o la oscuridad.

En el estudio, los expertos explican que el estrés se puede producir antes del nacimiento, ya que a través de los vasos de la placenta pueden pasar las hormonas de la respuesta de activación del estrés de la madre al hijo en formación. Otra posibilidad se daría durante el parto, con el estrés del propio parto o bien desde el momento del nacimiento.

Para María Jesús Mardomingo, jefe de Psiquiatría Infantil del Hospital Gregorio Marañón, el estrés se manifiesta con ansiedad, a veces con depresión o incluso con trastornos del comportamiento, siendo más frecuente en las niñas la ansiedad y la depresión, mientras que en los niños, los trastornos de comportamiento (reacciones agresivas, hostilidad, dificultad en las relaciones).

Cómo nos lo hacen saber

El llanto es la forma más habitual de expresar ese estrés y otros síntomas como un estado de alerta elevado, irritación y alteraciones en el sueño y en la alimentación, según el estudio.

Entre los consejos para prevenir o paliar el estrés, el estudio recomienda la lactancia materna por ser uno "de lo mejores inmunorreguladores", un ambiente familiar sin discusiones y crear una rutina horaria que distribuya los alimentos y el descanso. RSO