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Los tres principios básicos para la dieta ideal durante el embarazo

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La dieta de la mujer embarazada, encaminada a cubrir las necesidades nutricionales de la madre y el bebé, debe cumplir tres principios básicos: un aporte extra de energía (para hacer frente al crecimiento del feto y a los cambios del organismo materno), mantener un equilibrio adecuado entre los macronutrientes e incrementar la ingesta de proteínas. De esta manera se  asegura el aporte de los aminoácidos necesarios para la formación de los tejido fetales y maternos, según el Instituto de Obesidad.

Las recomendaciones dietéticas que sugieren los expertos para paliar las molestias habituales del embarazo son: no sobrecargar las primeras tomas del día y consumir pocos líquidos durante las comidas para evitar las náuseas y vómitos; incrementar la ingesta de fibra (cereales integrales, legumbres, frutas y verduras) para asegurar un correcto tránsito intestinal, evitando así el estreñimiento; restringir el consumo de café, grasas y chocolate, que retrasan el vaciado gástrico y que pueden dar lugar a esofagitis por reflujo.
Además, es importante reducir el consumo de sal para controlar la hipertensión inducida por el embarazo.
Los errores nutricionales durante el embarazo pueden tener repercusiones en la salud del recién nacido que "pueden perdurar durante toda su vida". Estos errores "pueden tener su origen en el déficit de nutrientes, como de la Vitamina B9" (imprescindible durante las primeras fases del desarrollo embrionario para la formación del tubo neural; el cierre incompleto del mismo comporta espina bífida que "genera una discapacidad moderada-grave").
"Este tipo de malformación puede evitarse", con la simple suplementación de ácido fólico" (400 miligramos/día tres meses antes de la gestación y al menos unos 600 miligramos/día durante el primer trimestre, explican desde el Instituto.
El exceso de vitamina A, causante de malformaciones
Por otro lado, los errores nutricionales pueden estar causados por el exceso de nutrientes como la Vitamina A o Retinol, cuya administración excesiva puede generar graves malformaciones en el feto (concretamente en la cara, paladar y corazón).
En cuanto a qué se debe entender por "ingesta excesiva", algunos estudios como los del Departamento de Medicina Preventiva y Epidemiología de la Universidad de Boston concluyen que "el riesgo empieza a partir de las 10.000 unidades diarias". Las gestantes corren el riesgo de superar este umbral al "tomar algún suplemento vitamínico que contenga vitamina A y hacer una dieta rica en lácteos e hígado".
Además, los especialistas hacen especial hincapié en "no realizar dietas restrictivas", pues un aporte calórico demasiado bajo se asocia con bebés de bajo peso y tamaño al nacer, lo que "incrementa el riesgo de sufrir complicaciones perinatales".
Por último, se ha recordado que el consejo extendido de "comer por dos" es un mito pues si bien durante el embarazo se debe incrementar el aporte calórico, sobre todo durante los dos últimos trimestres, esto "no implica doblar el consumo habitual de la madre". La ingesta de porciones exageradas "puede poner en riesgo el bienestar general de la embarazada", advierten. El aumento desmedido de peso "puede hacerle más propensa a adquirir enfermedades características de esta etapa, como la diabetes gestacional o la hipertensión".