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Enfermos de la prisa

Prisa: necesidad o deseo de ejecutar algo con urgencia. Párese por un segundo y piense: ¿siempre que hace algo deprisa tiene realmente urgencia?... Cerca de un 25 % de la población padece altos niveles de estrés. En un 15% ese estrés podría convertirse en crónico. ¿Le compensa el ritmo de vida que lleva?, ¿conoce los riesgos…?
Si tiene insomnio, le duele frecuentemente la cabeza, tiene dificultades para concentrarse, pérdida de memoria, tensión muscular, sensación general de inquietud, se siente enfadado/a, irritado/a, deprimido/a, triste… probablemente, esté estresado/a.
El estrés es una reacción que nos prepara para estar en alerta, para tener más fuerza, resistir más, para actuar más deprisa… Nuestro cuerpo está preparado para acelerar sus funciones corporales y mentales en determinados momentos. Pero cuando lo sometemos a un estrés continuado surgen los problemas porque la naturaleza no nos dota para mantener esos niveles altos de actividad y tensión indefinidamente.
La prisa conduce al estrés y el estrés a todo tipo de enfermedades: respiratorias, digestivas, de la piel… Pero sin duda, lo más preocupante, son las enfermedades cardiovasculares. “Una persona con estrés multiplica por 2’7 las posibilidades de tener un infarto”, asegura el presidente de de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS), Antonio Cano. Además, cuando estamos estresados, nuestro cuerpo y nuestra mente tienden a ahorrar recursos de las funciones que en ese momento no son necesarias. Cuando nos enfrentamos a una tarea donde puede haber riesgo para nuestra supervivencia, o cuando tenemos mucha prisa o tenemos demasiado trabajo, se pueden paralizar nuestras funciones digestivas y se pueden acelerar: “Lo mismo ocurre con las funciones sexuales y reproductivas, que se ven alteradas. Se puede alterar el deseo, la capacidad para obtener la erección, la lubricación, el orgasmo, o incluso la capacidad para el embarazo”, explica Antonio Cano.
Si conociéramos a fondo todos los riesgos del estrés probablemente reduciríamos nuestro ritmo vital. El estrés no sólo afecta a la salud corporal, también a la mental. Los trastornos de ansiedad y las depresiones son cada vez más comunes: un 16 % de españoles en el último año ha consumido psicofármacos. De hecho, según la Dirección General de Farmacia en España consumimos 96 millones de envases de tranquilizantes y antidepresivos. Y esa no es la solución matiza el presidente de la SEAS: “Hay un problema en el consumo de estos fármacos contra el estrés porque esa no es la solución. Hay personas que llevan 40 años tomando tranquilizantes y antidepresivos que no resuelven algunos problemas de estrés que se curan en unos meses con tratamiento psicológico”.
Los consejos médicos más sencillos parecen ser siempre los más difíciles de cumplir. Lo mismo ocurre con las recomendaciones de los psicólogos para llevar una vida alejada del estrés: dormir 7 u 8 horas, llevar una dieta sana, hacer ejercicio físico, no renunciar al tiempo de ocio y vida social o familiar, etc… La otra opción es seguir sufriendo el “síndrome del hamster”, es decir, continuar atrapados en la rueda de la prisa, el estrés y la ansiedad. La Organización Mundial de la Salud aventuró que en diez años la ansiedad y la depresión serían las principales causas de consulta primaria en los centros de salud.
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