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La Roja quiere romper el maleficio mediterráneo

El adiós de Italia, la última en despedirse, sobresaltó a los transalpinos. La tetracampeona no pasó del empate ante Paraguay y Nueva Zelanda y, cuando debían dar el do de pecho, perdió contra Eslovaquia. La Azurra hacía de esta forma las maletas, un trauma demasiado duro para un país acostumbrado a cambiar la tristeza por la sonrisa en el último minuto, de penalti, por lo civil o por lo militar.
El caso francés fue diferente: su equipo era un polvorín y Anelka sacudió pronto las conciencias de los aficionados 'bleus'. Tras el empate sin goles contra Paraguay, nuestros vecinos cayeron derrotados ante México y Sudáfrica. 'Guillotina' para Domenech, intervención de Sarkozy y vacaciones anticipadas en la Costa Azul.
Más modestos, otros dos equipos europeos de esta zona se despidieron antes de tiempo del campeonato. Grecia dejó que los surcoreanos les adelantaran y los eslovenos vivieron el lado oscuro de la suerte: un gol de EEUU a última hora les apeó sin piedad.
La maldición mediterránea también ha pasado del Viejo Continente a África: Argelia perdió ante Eslovenia y EEUU y sólo pudo empatar ante los ingleses. ¿Resultado? A casa, como los otros países bañados por el Mare Nostrum.
España debe demostrar ahora que el maleficio no existe, debe salvar el honor (futbolístico) de este mar. ¡Adelante!