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Tartazos, golpes y disparos: Políticos y famosos, una profesión de alto riesgo

Los personajes públicos sufren las consecuencias de la fama. Sus comportamientos, sus ideologías o hasta su vida privada los convierte en el blanco de desequilibrados, fanáticos o víctimas de las tramas políticas. La historia de las agresiones es larga, unas veces absurda, pero muchas otras, trágica. Hay huevazos, tartazos históricos hasta lo más trágico, la muerte.
Hay tartazos, como el que estamparon contra la cara de la escritora Marguerite Duras (1969) o contra Bill Gates (1998), ambos ataques ideados por un grupo encabezado por el actor Noel Godin que criticaba el  supuesto servilismo de las personalidades públicas al 'establishment' .
Lo peor de todo, sin embargo,  no son los fans agobiantes que insisten por una foto o un autógrafo. Hay algunos obsesionados de tal manera que han asesinado a sus ídolos. Nadie ha podido explicarse  porqué  Mark David Chapman, acabó con la vida de John Lennon. 

El asesino llevaba en su bolsillo 'El guardián entre el centeno', el libro de  J.D Salinger  y en este detalle se han centrado muchas de las hipótesis que intentan explicar el hecho.
En esta lista de dislates, los políticos son los que llevan la peor parte.  Hay zapatazos, como el que le lanzaron al presidente de EEUU, George Bush cuando daba una triunfante conferencia de prensa en Iraq o la reciente agresión al primer ministro italiano Silvio Berlusconi, por un hombre con trastornos mentales.
Ronald Reagan, entonces presidente de EEUU fue herido gravemente en 1981 por un individuo con problemas mentales que le disparó casi a quemarropa  y  ese mismo año el Papa Juan Pablo II, sobrevivía al ataque del extremista turco Alí Agca en plena Plaza.
La lista de políticos muertos a manos de sus rivales ideológicos es interminable: León Trotsky, líder soviético asesinado en México (1940) por orden de Stalin.
De la misma manera murió Mahatma Gandhi, independentista indio,  de cuatro tiros que le disparó un fanático en 1948; así mismo moriría su hija Indhira asesinada por su propia escolta.
Pero no son los únicos casos, el presidente de EE.UU, J.F Kennedy (+1963) fue otro político que murió sin que los culpables hayan pagado.
El asesinato político más reciente  fue el de Benazir Bhutto, ex primer ministra de Pakistán en los periodos 1988-90 y 1993-96, y candidata a la presidencia de Pakistán.en el 2007.
A Butto le dispararon en medio de un mitin electoral y como ocurre la mayoría de las veces, los autores también quedaron en la sombra de la historia.