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Zaragoza despide a Rosa Crespo en un funeral multitudinario

La ciudad de Zaragoza ha despedido hoy a la subinspectora de la Policía Nacional Rosa Crespo Biel, fallecida en el seísmo de Haití, en un multitudinario funeral oficiado en la Basílica del Pilar por el arzobispo Manuel Ureña y cantado por los "infanticos".
Numerosos miembros del Cuerpo Nacional de Policía y de la Guardia Civil y un nutrido grupo del colectivo de personas sordas de Zaragoza, del que Rosa Crespo había sido secretaria como hija de padres sordos, han arropado a la familia durante toda la jornada, desde la llegada del cuerpo a la Delegación del Gobierno, donde ha estado instalada la capilla ardiente hasta las 18.00 horas.
También compañeros de estudios de las dos hijas adolescentes de la víctima han acompañado a la familia, así como representantes de las instituciones aragonesas civiles y militares, el vicario episcopal de la Policía Nacional, Jesús Angel Aguilera, y la Junta de Gobierno del cuerpo.
La marcha fúnebre acompañó al féretro con los restos de Rosa Crespo desde la Delegación del Gobierno hasta la basílica, un recorrido de corta distancia a lo largo del cual cientos de personas dieron el último adiós.
El ataúd, transportado a hombros por seis compañeros, ha sido recibido a la entrada de la basílica por el arzobispo de Zaragoza y una comitiva formada por una docena de sacerdotes.
El arzobispo Ureña ha dedicado su homilía a todas las víctimas del devastador terremoto que costó la vida a Rosa Crespo, quien desde agosto de 2008 prestaba labores de escolta a un alto cargo de la ONU y que pensaba regresar a España el próximo mes de febrero.
Ureña ha repasado la vida de Rosa Crespo, funcionaria de la Policía Nacional desde 1987, quien, ha asegurado, "desde pequeña mostró madera de líder y clara vocación para ayudar a los demás" y quien, con sus hijas ya mayores, "se embarcó en el reto personal de ayudar a un país desfavorecido".
Un lugar donde, ha recordado, compaginó su trabajo con la puesta en marcha de dos proyectos de cooperación, uno de apoyo a la población sorda de Haití y otro con la creación de una ONG de guardias civiles y policías.
Casada con Federico Capdevilla desde hace 28 años, tenía un carácter "jovial y alegre, luchadora, hogareña, amante de su esposo e hijos, carismática y ejemplo de superación y optimismo", ha resaltado Ureña, quien ha recordado que contaba con más de treinta felicitaciones públicas, entre ellas la Cruz al Mérito Policial con distintivo blanco de 1999.
El arzobispo ha destacado que la agente ha muerto "sirviendo a los demás" y ejerciendo el ministerio de la caridad, y sobrepasando los límites de la familia se entregó al prójimo, "hasta el punto de querer servir a la sociedad más allá de la patria, en un país muy pobre".
Tras el funeral, el féretro, escoltado por la Policía Local, ha sido trasladado hasta el Cementerio de Torrero de la capital para ser incinerado.