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Una exposición reúne a Picasso y Klee, dos artistas de personalidades antitéticas

Una exposición en Berna (Suiza), reúne por primera vez las obras de Pablo Picasso y Paul Klee, dos artistas de la misma generación cuyas personalidades no podían ser más antitéticas. La exposición ofrece una visión única de la vida y las obras de dos grandes maestros del siglo XX y reúne más de 180 obras de ambos artistas, procedentes de colecciones privadas y museos de Europa y Estados Unidos. En la foto, el cuadro de Pablo Picasso de 1909 titulado "Femme Assise". EFEtelecinco.es
Una exposición en la capital helvética reúne por primera vez a dos grandes artistas de la misma generación cuyas personalidades no podrían ser más antitéticas: Pablo Picasso (1881-1973) y Paul Klee (1879-1940).
De temperamento extrovertido como buen hijo del Mediterráneo, el primero; introvertido y espiritual, el suizo alemán. Los dos artistas se conocieron personalmente -se sabe que mantuvieron dos reuniones, una en París, otra en Berna- e incluso compartieron a algún marchante o galerista.
El lirismo y el misterio, unidos a la inclinación a la sátira y a la ironía de la obra de Klee contrastan poderosamente con la sensualidad y el carácter dramático de la pintura del español.
Picasso era una auténtica fuerza de la naturaleza a cuya atracción resultaba difícil resistirse, como reconoció el propio Klee al señalar la importancia de estar siempre vigilante para evitar su influencia, aunque fuera involuntaria.
"Es una personalidad muy fuerte, y ocurre que uno adopta inconscientemente cosas que aprueba. Pero cada cual debe seguir su propio camino", escribió Klee en cierta ocasión.
No obstante, el suizo alemán no pudo sustraerse totalmente a la influencia de su colega español, como puede apreciarse en la exposición que dedica hasta el 26 de septiembre a ambos creadores el centro Paul Klee, de Berna.
Ese influjo se hizo patente sobre todo a partir de que surgiese el cubismo analítico de la mano del genio español, a quien Klee incluso dedicó en 1914 un cuadro a modo de homenaje en el que utilizó incluso el formato oval de algunas pinturas cubistas de Picasso.
La exposición, que reúne más de 180 obras de ambos artistas, procedentes de colecciones privadas y museos de Europa y Estados Unidos, comienza contraponiendo algunas pinturas líricas y melancólicas de los períodos azul y rosa de Picasso con los primeros dibujos, todos ellos abiertamente satíricos, de Klee.
Especialmente interesante resulta la confrontación a la que ha sometido la comisaria de la exposición, Christine Hofpengart, el cubismo analítico de Picasso, frente a las creaciones geométrico-abstractas del mismo período de Paul Klee.
Otro de los puntos fuertes de la original muestra lo constituyen las obras de la llamada fase surrealista de Picasso y la respuesta que suscitan esas creaciones en su colega suizo.
A los cuerpos femeninos descoyuntados que abundan en las pinturas de los años veinte y treinta de Picasso corresponden las fantasías grotescas de Klee, que marcarán su obra a partir de entonces.
Con todo, la deformación de la figura humana no constituye una novedad en Klee: a través de esa desfiguración, el artista expresa estados anímicos como el amor, el miedo o la tristeza.
Esta intención difiere fuertemente del interés sobre todo formal -aunque en ocasiones también dramático- que tiene el dislocamiento del cuerpo humano en la obra de Picasso.
Los grandes formatos de Picasso, sobre todo la monumentalidad de sus representaciones de mujeres, animó por otro lado a Klee, según la comisaria de la exposición, a renunciar a los cuadros pequeños de su primera etapa.
El momento de mayor alejamiento entre los estilos de ambos artistas coincide con la llamada etapa clásica del español, que contrasta con el lenguaje visual desarrollado por Klee caracterizado por fuertes dosis de ironía y fantasía.
Especialmente fascinante es también la contraposición de los cuadros de la última etapa de la vida de ambos creadores: Picasso se rebela contra la muerte hasta el final, aferrándose a la sexualidad como tema de forma casi obsesiva.
Klee siente también la premonición de la propia muerte, pero su rebelión es mucho más interior: domina en ella la angustia y el asentimiento resignado.