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Ciudad Esperanza, un camino para salir de la pobreza en Guatemala

El proyecto apuesta por la educación integral como llave para cambiar la pobreza en el país
El sacerdote guatemalteco Sergio Godoy, religioso que trabaja con la población del basurero de la ciudad de Cobán impulsando la educación infantil, ha lanzado este martes a los asistentes al cierre de las Jornadas de formación de Manos Unidas una pregunta que, en sus propias palabras, "no da lugar a respuestas a medias: Luchamos contra la pobreza, ¿sí o no?". Un reto que Manos Unidas recogió hace más de una década para crear un proyecto conjunto.
Así nació la Ciudad de la Esperanza en la ciudad guatemalteca de Cobán, capital del departamento de Alta Verapaz, una iniciativa que da respuesta a las necesidades de más de 300 menores en situación de riesgo extremo ofreciéndoles educación y una alternativa de vida en una región con el mayor porcentaje de pobreza a nivel nacional: casi un 38 por ciento de pobreza extrema.
En un país donde el escenario socio político ha cambiado en pocos años dejando vía libre a la corrupción y a las ya tradicionales bandas callejeras de las maras, se suma el creciente poder de los narcotraficantes que, según ha explicado el padre Godoy, "han impuesto su ley y su cultura de la muerte" hasta tal punto que los jóvenes de Guatemala ven en sus organizaciones "una salida fácil y cómoda de la pobreza". "Aunque se viva solo cinco años, hay que vivirlos bien", ha relatado.
En este ambiente se desarrolla la vida de la ciudad de Cobán y, en especial, la de los niños y niñas que trabajan en su vertedero para poder vender lo que encuentren como material reciclado o, como ha explicado el religioso, buscando algo para comer ellos y su familia.
"El reto es en medio de esto, seguir dando razones para la esperanza y para demostrar que la vida es otra cosa", ha dicho. Y esto es lo que ofrece el padre Godoy junto a Manos Unidas.
Gracias a un balón de fútbol y unos trozos de pan, han conseguido ganarse la confianza de la comunidad que trabaja y vive en el basurero y construir con ellos lo que hoy se conoce como Ciudad Esperanza. Aunque al principio solo podían ofrecer 50 becas para que estudiasen los niños del vertedero, pronto entró en el proyecto la ONG Manos Unidas. Once años después, se presenta como un ejemplo a seguir y como un camino para salir de la pobreza.
EDUCACIÓN INTEGRAL
Según ha explicado Godoy, "la educación integral es la llave para cambiar el país y para despertar en los niños un sueño esperanzador". Antes, los trabajadores y voluntarios del proyecto se sorprendían porque los más pequeños nunca habían pensando qué querían ser de mayores. Ahora, muchos están estudiando en la universidad. "Son actos que revierten en sus familias y en la comunidad", ha subrayado.
Pero además, Manos Unidas y el párroco han creado un comedor que permite dar dos comidas diarias a los trabajadores del basurero para luchar contra la desnutrición, una casa hogar donde se refugian los jóvenes señalados por la pobreza más extrema y centros donde se ofrece atención sanitaria, psicológica y de orientación social.
HISTORIAS REALES
"Muchos que ven desde fuera el proyecto de la Asociación Comunidad Esperanza dicen que es una ONG, pero es mucho más, es una esperanza de vida", hasta tal punto que han conseguido ayudar a unos 425 niños de entre tres y catorce años anualmente, y ya van once años.
"Hay quienes quieren estadísticas y está bien, pero hay algo más. Ciudad Esperanza hay que vivirla desde la raíz porque es una esperanza humana", ha explicado Godoy para añadir que "cada número representa a una persona que vive una situación que no ha escogido, hay una historia, hay un nombre". Y entre todos, el religioso ha destacado la historia de unos pocos que, en realidad es la de muchos de los que tienen que rebuscar en la basura para poder sobrevivir.
Son las vidas de Rosalinda, que ha sufrido la violencia sexual creciente en Guatemala y la muerte de su madre por cáncer de mama "porque su padre se negó a que un médico le tocase los senos", ha relatado Godoy. Pero también de Felix, que trabaja para salir de la malnutrición y "estudia como un condenado porque quiere ser médico"; o de Bernardo, del que ha contado como fue asesinado por un narco cuando iba a acabar el bachillerato.