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El nieto de Josef Stalin demanda a una televisión por decir que su abuelo autorizó la masacre de Katyn

Yevegeny Dzhugashivili, nieto del presidente de la extinta URSS, Josef Stalin, ha presentado una demanda por difamación contra una cadena de televisión por haber afirmado que su abuelo autorizó en 1940 la masacre de miles de prisioneros de guerra polacos en Katyn, según ha informado la agencia de noticias RIA Novosti.
Sergei Strygin, abogado del nieto del líder de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, ha registrado una denuncia por difamación contra el dueño del Canal Uno de la televisión ruso, Vladimir Pozner, por mantener que Stalin autorizó esas ejecuciones en masa.
Durante un programa emitido en la cadena rusa el pasado 24 de octubre, Pozner aseguró que en Katyn fueron "asesinados" miles de "oficiales polacos inocentes". "En realidad, más de 20.000 oficiales polacos, policías y civiles fueron capturados como prisioneros durante la división de Polonia en 1939 por parte de la URSS y los nazis alemanes fueron ejecutados por la Policía secreta soviética, el NKVD, en Katyn, cerca de la ciudad occidental rusa de Smolensk", relató.
Durante el espacio televisivo, Pozner describió la matanza de polcos como "un crimen atroz" que tuvo lugar por "recomendación" del jefe de la NKVD, Lavrenty Beria, y, "seguramente", con la "aprobación" de Stalin.
"Mi cliente cree que la información de que Stalin aprobó las ejecuciones en Katyn de miles de oficiales polacos inocentes es falsa y atenta contra el honor y la dignidad de su abuelo", ha explicado el abogado.
En su escrito, Dzhugashvili también manifiesta su rechazo a la declaración de Pozner de que "las autoridades soviéticas cometieron crímenes atroces" y que "todos y cada uno" de los oficiales polacos capturados por el Ejército Rojo desde el 17 de septiembre de 1939 fueron "ejecutados".
La Unión Soviética siempre rechazó haber sido responsable de lo sucedido en Katyn y atribuyó la autoría de la matanza al régimen nazi, que en 1941 mantenía el control sobre Polonia. Sin embargo, en 1990, el entonces presidente ruso, Mijail Gorbachov, admitió que la masacre tuvo lugar en 1990 y que fue obra de la Policía secreta soviética.