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La Red de Mariposas tiene "esperanza y fe" en que haya paz en Colombia

La organización ayuda a las mujeres a superar la violencia a través del 'comadreo'
Tres representantes de la Red de Mariposas de Alas Nuevas Construyendo Futuro, el último Premio Nansen para los Refugiados de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), han explicado este jueves que tienen la "esperanza" de que los 50 años de enfrentamientos internos de Colombia terminen de forma pacífica.
En una rueda de prensa pronunciada en la Casa de América de Madrid, Gloria Murillo, Maritza Cruz y Mery Medina han hablado este jueves de los conflictos existentes en Colombia, el segundo país con mayor número de desplazados internos del mundo.
"Esperanza, fe, el colombiano tiene mucha fe y eso es lo que nos mueve, a pesar de que unos sí (quieren la paz) y otros no, somos más los buenos que los malos", ha dicho Murillo, en referencia al proceso de paz en marcha entre el Gobierno colombiano y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
La labor de esta red de 'comadres' que trabajan en Buenaventura, en el noroeste de Colombia, previene y responde ante la violencia que sufren las mujeres y niñas en Colombia y se reúnen con representantes de otros colectivos para luchar por los Derechos de la mujer y para resistir "a la violencia cotidiana".
Maritza Cruz ha anunciado que la organización destinará los 100.000 dólares (79.000 euros) que forman parte del Premio Nansen, a la construcción de una casa de acogida y a proporcionar educación a las personas a las que ayudan. Con todo ello esperan lograr, algún día, "una casa de la alegría".
SANAR DESDE EL 'COMADREO'
"El 'comadreo' es una práctica ancestral y cultural de la población afro y para las Mariposas ha sido una estrategia de vida", ha explicado Gloria sobre su estrategia de funcionamiento, que en el contexto de conflicto en el que se mueve la red "fortalece los lazos y da confianza".
Esto permite que los colectivos a los que atiende Mariposas se acerquen a ellas y les cuenten sus situaciones porque saben que ellas les van a acompañar en su problemática y a su vez, van a guardar silencio sobre lo ocurrido, porque ello forma parte de la forma de proceder de las 'comadres'.
"También tenemos dolor por dentro", han aclarado Maritza y Gloria, que han explicado que en Buenaventura se vive "con miedo" y la violencia "está matando" a las mujeres. Así, han asegurado que su labor y el 'comadreo' que practican les ha permitido "sanarse" también a ellas.
Para estas voluntarias, la red es su "ahijada" y a través de ella proporcionan protección, comprensión y apoyo. "Es un lazo de parentesco indisoluble" donde las mujeres se encuentran, se escuchan, respetan y apoyan.
Las Mariposas también se guían por la Ley 1257, que han adoptado como "biblia" desde que en 2008 el Gobierno de Colombia reconociera en ella varios tipos de violencia, entre los que figura la violación, que hasta entonces no era delito.
"ESTO ES HORRIBLE, ESTO ES REAL"
Estas tres mujeres, que ahora forman parte del voluntariado de la Red de Mariposas y que han atendido, aconsejado y ayudado a más de 1.000 mujeres desde que empezaron su labor en 2010, fueron a su vez víctimas de la violencia existente en Colombia.
Maritza Cruz, la más joven de las tres, creció en un hogar marcado por los abusos y la pobreza extrema y dedica su vida a ayudar a las mujeres de su barrio, Vista Hermosa, donde la violencia de las pandillas azota a la población. "Esto es horrible, esto es real", ha dicho en referencia a la situación de la población de la zona, donde las mujeres son violadas, maltratadas y hasta descuartizadas.
Gloria Murillo, una de las fundadoras de la organización, creció en un entorno de pobreza extrema, con un padre maltratador y después de años de activismo, tuvo que huir a Bogotá para escapar de las amenazas de muerte a las que estas voluntarias se enfrentan cada día por denunciar las injusticias.
Mery Medina, por su parte, guía a diario a las mujeres a través del peligroso proceso que supone buscar ayuda en este país. Además, organiza las marchas de protesta y concentraciones y defiende que hacer pública la violencia sexual que sufren muchas de las mujeres en Buenavista es una forma de curar sus heridas y fortalecerse.
Todas ellas luchan por lograr lo que es para las Mariposas su "satisfacción", lograr que sus protegidas sonrían a la vida y que entiendan que, pese a que sufren mucho, "la vida no se acaba ahí".
"Esto tiene que acabar y si no es diferente para mí, que lo sea para mis nietas y nietos", ha concluido Gloria Murillo, que también ha explicado que la finalidad de su lucha no es convertir a esta red de voluntarias en "mártires", sino "vivir" y lograr que haya "una vida sin violencia para las mujeres".