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El lenguaje de signos hace que el cerebro de una persona funcione de manera diferente que cuando se utiliza el habla

El lenguaje de signos, usado por las personas sordas para comunicarse, hace que el cerebro de una persona funcione de manera diferente que cuando se utiliza el habla, según exponen desde el Centro Vasco sobre Cognición, Cerebro y Lenguaje (BCBL, por sus siglas en inglés).
A juicio de los expertos, el cerebro trabaja de un modo distinto cuando la comunicación se produce por lenguaje de signos, ya que no se emplea ni el oído, ni la boca o la laringe. Por ello, y "para conocer más sobre el cerebro", este centro participa en varios proyectos pioneros en la investigación de las lenguas de signos en España.
Sobre éstas indican que son idiomas "completos, con gramática y sintaxis propias, y particulares para cada lengua". Éstas son códigos de signos que "van haciéndose complejos una vez la masa crítica de usuarios y sus interacciones comienzan a ser suficientemente grandes e intensas", explican.
Los especialistas insisten en que la ciencia todavía no conoce "con exactitud" los mecanismos neurológicos que se producen en el cerebro de las personas sordas cuando se comunican, algo que se debe a "la escasa investigación".
Ante ello, apuestan por estudiar las zonas del cerebro donde se procesa la lengua de signos y las rutas por las que navega la información en la mente, ya que ello "puede ofrecer información muy valiosa para entender tanto los mecanismos del lenguaje en general, como de las lenguas de signos en particular".
Para ello, el BCBL trabaja en otro proyecto financiado con 110.000 euros por el Ministerio de Economía y Competitividad que, gracias a las imágenes obtenidas en la resonancia magnética del centro, "estudiará qué redes neuronales emplean los usuarios de lenguas de signos y cuáles se solapan con las empleadas por los de lenguas habladas".
BUSCAN DIFERENCIAS ENTRE DISTINTAS LENGUAS DE SIGNOS
Este trabajo pretende conocer "el papel de la percepción de las caras en el procesamiento cerebral de la lengua de signos", así como comprobar "si existe alguna particularidad en el procesamiento de la lengua de signos española en comparación con otras", exponen.
A ello ayudará la elaboración de una base de datos consultable en Internet con casi 2.500 signos, y que también contiene otros 2.500 pseudosignos. Esta tarea ha sido financiada con 180.000 euros por el antiguo Ministerio de Ciencia e Innovación y ha contado con un convenio de colaboración con la Fundación CNSE de la Confederación Estatal de Personas Sordas.
Por otra parte, este centro vasco participa también en el proyecto europeo 'SignGram', el cual ha sido concebido "para crear un marco común para la descripción de las gramáticas de las diferentes lenguas de signos".
Esta iniciativa, que ha sido financiada por el organismo de Cooperación Europeo en Ciencia y Tecnología (COST) y liderado por la Universidad Pompeu Fabra, está diseñado "para detallar todos los campos que deben abordarse a la hora de describir una gramática de una lengua de signos".