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Garzón versus Varela

El juez Baltasar Garzón ha dado un paso más en su defensa. Foto: EFEtelecinco.es
El magistrado de la Audiencia Nacional ha dado un paso más en pos de su inocencia. Como poco inquieto ante el posible fin de su carrera judicial, Baltasar Garzón piensa que ha encontrado la grieta en la pared en la que poder meter el pie y, al menos, no caer. La Sala Segunda del Tribunal Supremo tendrá ahora que decidir si tiene razón o no; si paraliza momentáneamente el caso o, incluso, lo deja en un punto en el que la única salida sea desmontar la causa.
Ése es el sueño del juez, un final feliz... para él, claro. Y para eso ha formulado ya, a través de su defensa, la recusación de su 'colega' Luciano Varela. Cree que el instructor ha "manifestado interés indirecto en el procedimiento y parcialidad en el mismo". Y lo basa en el propio escrito que Varela remitió a las partes.
Baltasar Garzón le acusa de haberse convertido en una especie de asesor jurídico de Falange Española de las JONS y Manos Limpias. Les requirió que cambiaran sus escritos para subsanar errores. Pero no, afirma la defensa, por algún error formal, sino por orientar cómo tenían que hacerlo: "No se trata de que los escritos adolecieran de la falta de algún presupuesto formal, como el encabezamiento, firma o fecha. Muy por el contrario, el Excelentísimo Instructor advierte vicios en el contenido material de ambos escritos de acusación, en sus razonamientos de cargo, en el discurso material de fondo por el cual las partes personadas modelan, articulan y formalizan nada menos que una acusación contra el reo. Por ello, la intervención del Excelentísimo Instructor no sólo es material sino que es parcial, por vulnerar de forma clara y decisiva la imprescindible neutralidad e imparcialidad que debe presidir la labor de un instructor.Dar oportunidades atípicas y extraprocesales a una de las partes no es algo neutral o que no afecte al resto de los intervinientes; perjudica al resto". Incluso en el caso de Manos Limpias, esgrime el juez, le indicó que cambiara 50 de las 74 páginas de su escrito contra Garzón. En su opinión, las dirigió para que no cometieran errores y asentar así el procedimiento, una intervención que "no se encuentra amparada en ningún precepto de la normativa procesal vigente".
 Y ahora, ¿qué?
 Pues la Sala Segunda del Supremo tiene que estudiar este documento. Seguramente, sea este próximo lunes cuando se reúna para abordar la situación. Recibido el documento, se le presentan principalmente dos opciones.
 La primera, puede rechazarlo frontalmente al entender que Baltasar Garzón ha actuado por mala fe procesal. Daría, por tanto, luz verde a Varela para seguir con su procedimiento. Es decir, juicio oral contra Garzón la semana que viene y que sea el Consejo General del Poder Judicial el que lo suspenda de forma cautelar.
 La segunda, aparentemente más probable, que la Sala lo admita a trámite y lo instruya. Entonces, la primera consecuencia es que el caso quedaría paralizado hasta que se resolviera esta recusación. Garzón, como poco, ganaría tiempo. Mucho o poco depende de qué decida el instructor de esta recusación tras recabar las pruebas: Archivarlo, con lo que Garzón volvería al mismo punto y su futuro seguiría siendo gris, o considerar que Luciano Varela sí tenía interés en la causa. De ser así, las actuaciones se retrotraerán hasta el momento en que el magistrado Varela indicó a Falange y Manos Limpias lo que tenían que hacer. Esto dejaría prácticamente la acusación en manos de Identidad y Justicia, los terceros personados en el procedimiento. Y el pleito se habría descafeinado tanto que Garzón se podría librar. Tal vez sea esa su única posibilidad.