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Jameneí da un golpe de autoridad y exige el fin de las movilizaciones

Un grupo de iraníes con retratos delayatolá Alí Jameneí grita consignas durante la oración de los viernes en Teherán (Irán), hoy 19 de junio. Jameneí hizo hoy un llamamiento a la calma y pidió el fin de las manifestaciones en las calles con las que la oposición protesta por las elecciones del pasado día 12, a las que considera fraudulentas. EFEtelecinco.es
El líder supremo de la Revolución iraní, ayatolá, Ali Jameneí, volvió a respaldar la polémica vitoria electoral de actual presidente, el ultraconservador Mahmud Ahmadineyad.
En un discurso coreado por los dos pilares principales de la política exterior de Irán -"Muerte a Estados Unidos, Muerte a Israel"- la máxima autoridad iraní alertó a la oposición que debe poner fin de manera inmediata a sus movilizaciones.
"El desafío en las calles no es aceptable. Es una desafío a la democracia una vez concluidas las elecciones", subrayó Jameneí ante decenas de miles de personas que hoy llegaron a las inmediaciones de la Universidad de Teherán.
Secundado por el presidente Mahmud Ahmadineyad, y por los otros tres candidatos presidenciales derrotados, el líder supremo les advirtió que serán "los responsables del caos" si siguen adelante con sus protestas.
"Es un error creer que con movimientos callejeros se puede conseguir que los responsables del sistema iraní actúen a favor de sus intereses. Si los actos continúan volveré a hablar de forma más clara", amenazó.
El aviso llega un día después de que la oposición haya convocado para mañana sábado otra multitudinaria jornada de protesta, a la que ha invitado a iraníes provenientes de todo el país.
Irán es escenario desde hace una semana de manifestaciones multitudinarias y disturbios entre las Fuerzas de Seguridad -apoyadas por milicianos islámicos "Basij"- y la oposición, que ha denunciado un fraude masivo en las elecciones presidenciales celebradas el pasado viernes.
Según fuentes oficiales, en los enfrentamientos han muerto al menos ocho personas, aunque otras informaciones apuntan a que la cifra es mayor.
A este respecto, Jameneí acusó este viernes a Estados Unidos y a Israel de ser los causantes de esos disturbios, y culpó de manera directa a los medios de comunicación anglo-estadounidenses de instigarlos.
"Los enemigos tienen como objetivo la confianza del pueblo iraní en su sistema. Tratan de romperlo" con alegaciones falsas como el supuesto tongo electoral, recalcó.
La máxima autoridad del sistema teocrático iraní dejó claro, asimismo, que no existe "fraude electoral" porque "la diferencia fue superior a once millones de votos", aunque admitió que se podría haber incurrido en una serie de irregularidades.
"Los candidatos son responsables ante Dios.... Las protestas por los resultados electorales sólo deben hacerse a través de las vías legales", señaló.
Los tres candidatos han elevado 646 quejas formales sobre el desarrollo de las elecciones al Consejo de Guardianes, órgano que debe validar los resultados.
El Consejo, integrado por seis clérigos y seis juristas, ha anunciado que hará un recuento parcial de los votos, aunque aún se desconoce a qué porcentaje de urnas afectará y cuanto tardará en conocerse el veredicto.
En las calles aledañas a la Universidad de Teherán cientos de miles de personas escucharon a Jameneí bajo el sol y la lluvia sentados sobre alfombras y periódicos.
Desde primera hora de la mañana, decenas de autobuses y coches condujeron a una riada de personas que, desde todos los puntos del país, se dirigieron hacia la emblemática avenida Equelab, que quedó abarrotada.
La mayoría portaban fotos del fundador de la República Islámica, ayatolá Rujolá Jomeini, y del propio líder, que de forma excepcional se subió hoy al púlpito de la Universidad de Teherán para dar el sermón preceptivo del viernes.
A la llegada de Jameneí al recinto de la Universidad, una multitud gritó "mataremos a aquellos que ataquen a Jameneí" y por "el líder daremos nuestra sangre" delante de la prensa internacional, que hoy volvió a tener permiso para cubrir los acontecimientos en la calle.
"He venido a defender al Gobierno de las mentiras que se cuentan en Occidente", aseguró a Efe un obrero de la construcción llegado en autobús desde Karaz, a 25 kilómetros de Teherán.
Algunos metros más allá, frente a la puerta de la Universidad, Ali Mejedi, veterano de la guerra con Irak, resumía el sentir de la multitud: "la revolución es nuestra".
Javier Martín