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50 años después del desastre nuclear, Palomares sigue con tierra contaminada

7 de enero de 2016. Un área vallada y  restringida al paso recuerda a la pedanía  almeriense de Palomares, justo medio siglo después del desastre, que todavía no se ha  podido librar de la contaminación radiactiva. 

Todo se desencadenaba el 17 de enero de 1966, en  uno de los momentos más tensos de la guerra  fría. A las 10h22 de la mañana chocaban en el  aire un superbombardero B-52 y un avión nodriza  estadounidenses con cuatro bombas  termonucleares, con una carga atómica entre  todas casi 300 veces más potente que la de  Hiroshima. Fatalidad que se alió con la fortuna,  al no explotar ninguna de las cuatro. Aunque,  eso sí, se esparcieron unos 20 kilogramos de  plutonio de dos de ellas. Las dos, en tierra. No  en el mar, donde cayó la última en ser  localizada y en cuyas playas se acabaría  bañando, para imagen propagandística y  supuestamente tranquilizadora, el entonces  ministro de la dictadura franquista, Manuel  Fraga.

En apenas unos meses se cerraba el caso y  se negaba a la opinión pública la radiactividad  en la zona, algo que se desmentiría 42 años  después, en 2008, en un informe del CIEMAT que  marca el nuevo escenario. El que propicia el  encuentro histórico del pasado mes de octubre de  2015 entre los gobiernos de España y EEUU. Con  John  Kerry comprometiéndose, de momento en una  declaración de intenciones, a retirar 50.000  metros cúbicos de tierra contaminada, 50 veces  más que la extraída en 1966. Para ello se  construirá una carretera exclusiva de 100  kilómetros hasta Cartagena para transportarla,  por mar, en más de 240.000 barriles. Su destino:  el desierto de Nevada, en el que se espera  enterrar parte de la historia del peor accidente  nuclear en España.