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Un diplomático propone suprimir el desfile militar de la Fiesta Nacional

Sugiere mover la fecha al 4 de junio, para conmemorar las leyes de protección de los derechos de los indígenas de Bartolomé de las Casas
El diplomático Luis Zaballa ha propuesto en un reciente artículo suprimir el desfile militar de la Fiesta Nacional y mover la festividad del 12 de octubre actual al 4 de junio, cuando se podría conmemorar la firma de las Leyes Nuevas que impulsó fray Bartolomé de las Casas y que constituyen "el primer instrumento jurídico de protección de los derechos humanos jamás aprobado".
En el último número de la revista 'Análisis' que edita el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación, Zaballa advierte de la necesidad para España de reforzar la celebración de la Fiesta Nacional, mucho más "en un momento en que la unidad política del país está siendo cuestionada".
El artículo de Zaballa, que lleva por título 'Mucho que celebrar... Defensa del 12 de octubre como Fiesta Nacional de España y consideración de posibles alternativas', parte de la base de las críticas que suscita la significación histórica del 12 de octubre, fecha en la que Cristóbal Colón piso territorio americano y se inició el descubrimiento y la conquista de América.
El autor --cuyo artículo no representa la posición oficial del Ministerio-- recuerda que las manifestaciones de rechazo del 12 de octubre se han ido extendiendo a lo largo del continente americano en las últimas décadas.
En EEUU, el 'Columbus Day', Día de Colón, que se conmemora desde 1907, cuenta con la denuncia anual de las organizaciones de nativos norteamericanos, que lo consideran "la celebración de un exterminio".
Otros países como Chile, Perú y Ecuador han cambiado el nombre a la fiesta del 12 de octubre para transformar lo que tradicionalmente era una 'fiesta de la hispanidad' en una 'fiesta del mestizaje cultural'. Otro grupo de países ha tendido a suprimir cualquier tipo de celebración de la hispanidad, como es el caso de Cuba o Uruguay. Venezuela, Nicaragua y Bolivia celebran ese día la oposición a la presencia hispana con el 'Día de la Resistencia Indígena' y el 'Día de la Descolonización', respectivamente.
Ante esta tendencia a limitar o suprimir las referencias a la hispanidad en la celebración del 12 de octubre, el autor plantea diversas ideas. Una de las más llamativas tiene que ver con la supresión del desfile militar el día de la Fiesta Nacional.
RECHAZO A LA PARADA
El diplomático argumenta que la parada "refleja unos valores que solo comparte un sector de la sociedad española, y que suscita un rechazo considerable en otro sector nada desdeñable".
"Es comprensible la voluntad de realizar algún acto anual de encuentro entre las Fuerzas Armadas y la ciudadanía, pero no es necesario que ese acto tenga lugar precisamente el día de la Fiesta Nacional, cuya debilidad en términos de arraigo popular no le permiten soportar eventos que puedan generar desafección en parte de la ciudadanía", abunda.
Zaballa repasa en su artículo diversas propuestas que políticos y periodistas han lanzado para mover de fecha la Fiesta Nacional, y aporta una sugerencia propia: el 4 de junio, cuando se podría conmemorar la firma en Valladolid en el año 1543 de la segunda de las ordenanzas que integran las Leyes Nuevas impulsadas por Bartolomé de las Casas.
Este conjunto de normas perseguía mejorar la condición de los indígenas en la América española. Inició el proceso de supresión del sistema de encomiendas que dio pie a la explotación de los indios y llegó incluso a disponer que las menguadas poblaciones indígenas de Cuba, La Española (hoy Haití y República Dominicana) y San Juan (Puerto Rico) dejasen de trabajar para poder recuperarse demográficamente. "Que se dejen holgar --decía el texto literalmente-- para que mejor puedan multiplicar", recuerda Zaballa en su artículo.
El diplomático presenta una seria de argumentos a favor de la adopción del 4 de junio como Día de la Fiesta Nacional. El motivo de celebración de ese día serían "los derechos humanos, que constituyen sin duda el valor más ampliamente compartido y más profundamente arraigado en la sociedad española", arguye.
MANTENER EL CARÁCTER IBEROAMERICANO
Serviría para dar a conocer "una de las mayores contribuciones de la cultura española al mundo moderno", además de que mantendría el carácter iberoamericano de la Fiesta Nacional, "escogiendo cuidadosamente de la historia aquello que se considera más digno de ser celebrado".
A ello hay que sumar que la celebración tendría lugar en primavera, en una fecha en que el previsible buen tiempo invitaría a salir a la calle y posibilitaría organizar actividades en espacios públicos al aire libre.
Zaballa solo ve un pequeño inconveniente, que la efeméride es desconocida por el público en general, lo que podría solventarse fácilmente, sostiene, poniendo en marcha "una enorme maquinaria mediática que la daría a conocer a todo el público".
Se mueva o no finalmente la fecha de la celebración de la Fiesta Nacional, el autor propone otra serie de ideas, como que los ayuntamientos organicen bailes iberoamericanos (tango, merengue, sevilllanas...) y conciertos al aire libre en un intento de involucrar a la juventud en la celebración de la Fiesta Nacional, de modo semejante a cómo los jóvenes franceses participan en los bailes del 14 de julio en las plazas públicas o los estadounidenses en los picnic del 4 de julio.
"La identidad nacional de un país moderno no se construye ni se mantiene por sí sola, sino que requiere la acción de los poderes públicos. La fecha y el motivo de la Fiesta Nacional constituyen un elemento esencial en la formación y preservación de esa identidad, por lo que reclaman un tratamiento político que sea a la vez imaginativo y responsable", concluye el autor.