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Una guardia civil declara que casi mata a un hombre en un tiroteo al creer que era un etarra que la perseguía

La víctima cree que los disparos los motivó una discusión de pareja y no ninguna paranoia
Una guardia civil acusada de intento de homicidio ha declarado este martes en el juicio que disparó su arma en una gasolinera al pensar que estaba rodeada de etarras, insistiendo en que lo único que quería hacer era "defender la Ley y no cometer un ilícito penal".
Pilar H.P., que está bajo tratamiento con antidepresivos, se ha sentado en el banquillo de los acusados de la Audiencia de Madrid por un delito de homicidio en grado de tentativa. La fiscal pide la libre absolución al apreciar la eximente completa del artículo 20.1 del Código Penal por "anomalía o alteración psíquica".
El abogado de la víctima reclama pena de cárcel, dado que casi acaba con la vida de su cliente por únicamente estar en medio de un ataque de celos. La versión de la víctima y de los testigos difiere completamente del relato paranoico de la procesada.
Los hechos juzgados se produjeron el 12 de septiembre de 2010 en una gasolinera de Villaviciosa de Odón. El novio de la acusada paró en la estación a repostar cuando ésta lanzó cuatro disparos al aire, impactando uno en uno de los clientes de la gasolinera.
EN UNA MISIÓN
En su declaración, Pilar ha relatado que en la época en la que se cometieron los hechos estaba en un curso de formación en la lucha antiterrorista, donde le mandaban misiones a realizar. En ese marco, ha explicado que esa madrugada cuando iba en el coche empezó a tener "ideas contradictorias" y creía que incluso su novio, otro guardia civil, era un terrorista.
"Al parar en la gasolinera, revisé el coche porque pensaba que había micrófonos. Pensé que cuando estaba pagando en realidad le estaban dando un arma y que me iba a matar. Empezaron a llegar varios coches. Pensé que era mi final", ha recordado la mujer bajo lloros.
Tras ello, ha narrado que escuchó un estruendo y cayó al suelo. Lo siguiente que recuerda es despertarse atada en un hospital. "No fui consciente del uso que hice del arma. Pensaba que eran etarras que me contravigilaban. Quería defender la Ley", ha aseverado.
Frente a esta versión, la víctima y los clientes de la estación de servicio han mantenido que todo era "una discusión de pareja" que se le "fue de las manos", ya que han manifestado que no oyeron nada acerca de terroristas. Además, han señalado que descerrajó cuatro disparos.
Uno de ellos impactó sobre un hombre, que rápidamente cayó al suelo abatido. "Me fui a esconder tras unos arbustos porque pensaba que quería acabar con mi vida", ha recordado al tiempo de criticar el hecho de que el novio de la acusada no le intentara reducir cuando estaba viendo que estaba alterada.
El hombre ha manifestado estar agradecido a Marcos Salas Ortiz, un ejecutivo de cuentas que justo había parado a repostar su coche en cuyo interior estaba su mujer y sus dos hijas. Salas decidió al escuchar los disparos y darse cuenta de lo que pasaba ir detrás de la agresora y desarmarla.
"Mi familia estaba en el coche de al lado y me tiré a degüello. La escuché decir al novio que mira lo que le había hecho hacer. Todo fue una pelea entre novios. No escuche nada de terroristas", ha contado el testigo. Además, ha señalado que cuando escuchó los disparos, pensé que era un rodaje de una película y que la víctima un actor. "No me imaginaba que toda esa situación fuera real. De hecho, ni me agache cuando la mujer disparó", ha reconocido.
Alberto, el novio de la acusada, ha comentado que su pareja le decía que él era su enemigo y que incluso le llegó a cachear. Así, ha relatado que cuando volvió de repostar, ésta le dijo: "Metete en el coche y da marcha atrás". Acto seguido, escuchó los disparos. "Lo que menos me pensaba es que hubiera alguien herido", ha dicho.
HECHOS JUZGADOS
La procesada, miembro de la Guardia Civil desde 2008, el 12 de septiembre de 2010 sobre las 01.50 horas sufrió un trastorno psicótico breve en una estación de servicio sita en la M-50 en el término municipal de Villaviciosa de Odón, cuando se encontraba acompañada de su novio Alberto C.G..
La acusada, con sus facultades cognitivas y volitivas anuladas en ese momento, creyó que todas las personas que se encontraban en la gasolinera eran integrantes de la banda criminal ETA.
Presa de esa paranoia, y con el ánimo de acabar con la vida de sus supuestos agresores terroristas, Pilar tomó su arma reglamentaria (Beretta, modelo 92), propiedad del Ministerio del Interior, y disparó en, al menos cuatro ocasiones, contra las personas allí presentes.
Uno de los disparos impactó contra Óscar R. V. en la zona intercostal derecha y otro disparo causó desperfectos en un automóvil. Una de las personas presentes sufrió un trastorno de estrés postraumático.