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La historia de los fusilados de Alcañizo

"Ya es hora de que el Estado asuma el trabajo que hasta ahora tenemos que hacer las familias". Con esta seguridad habla Antonio Otero. Es nieto de un fusilado durante la Guerra Civil en Toledo. Para él, la iniciativa del juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón de crear un censo de los desaparecidos del Franquismo es una alegría. Pero esta investigación no ha gustado a todos. Desde el Gobierno han mostrado su "respeto" a la decisión judicial. Sin embargo la Oposición, en palabras de su líder Mariano Rajoy, prefiere "mirar al futuro".
Son ocho las querellas que el juzgado de Garzón ha recibido de distintas asociaciones de familiares de desaparecidos de Navarra, Baleares, Canarias, Cataluña, Galicia y Andalucía. En total denuncian la desaparición de 30.000 personas desde el año 1936. El juez ha pedido información al abad del valle de los Caídos, a la Conferencia Episcopal, al Centro Documental de la Memoria Histórica y a los Ministerios de Defensa y de Interior. Su objetivo es hacer un censo para determinar si le corresponde abrir diligencias.
Ángel Otero Alonso, fue fusilado en 1936 con 31 años, en su pueblo toledano de Alcañizo, junto a otros cuatro jornaleros. Ángel estaba trabajando en el campo con su hijo mayor de ocho años, Florentino, y otro jornalero, Gregorio, cuando aparecieron dos vecinos camisas azules armados. Les pidieron que les acompañaran a la casa de la Falange. Antes dejaron a Florentino en casa, relata su hijo Antonio Otero.
Ángel y Gregorio fueron interrogados toda la tarde. De madrugada fueron a buscar a otros tres campesinos. A Epifanio, hermano de Gregorio, a Cecilio Otero, tío de Ángel, y a Silverio. Avanzada la noche, iniciaron el "paseo de la muerte". Cuenta Antonio Otero que su abuelo, preso del pánico, se agarró a una ventana y sólo se soltó cuando le rompieron los brazos.
Ya a las afueras del pueblo pararon la comitiva. Cecilio Otero llevaba una navaja, se desató e intentó escapar. Lo acribillaron a tiros y después fusilaron a mi abuelo y a los demás narra Antonio.
Ahora, 78 años después, Antonio celebra haber encontrado los restos de su abuelo en una de las dos fosas comunes de Alcañizo. "Mi padre ya se puede morir en paz", sentencia. Se ha pasado toda la vida sin saber que había sido de su padre, añade.
Para las familias es "un calvario" hacer este trabajo que "corresponde al Estado", comenta Antonio. Su familia ha podido recuperar los restos de su abuelo Ángel gracias a una subvención del Gobierno Central de 24.000 euros. Con este dinero, explica este toledano, "cubrimos el alojamiento de los voluntarios que trabajaron en la fosa y los materiales".
Ahora los restos del Ángel Otero y otras dos personas están siendo analizados en el departamento de medicina legal de la Universidad Complutense. En Alcañizo siguen buscando al menos a seis de sus vecinos que, según consta en el Informe que Antonio Otero presentó a la Administración para obtener la subvención, fueron enterrados en el municipio toledano (En la imagen izquierda, la antigua casa de la Falange). Este nieto de desaparecido sólo espera que sea el Estado quien se encargue de buscar e identificar a los que murieron "defendiendo sus ideas".