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Blesa, dolorido, preocupado, pero no deprimido

Era su único refugio. A 400 kilómetros de Madrid. La finca donde encontraba la tranquilidad perdida. “En Madrid no podía salir. Sinvergüenza, granuja, ladrón…” Su amigo Fermín Gallardo, gerente de la finca, describe los últimos momentos emocionales de Blesa. Incómodo por la presión social que le perseguía cada vez que pisaba la calle. Y preocupado por el acorralamiento de la justicia con una condena de siete años a punto de llevarlo a la cárcel. Dolorido sí, pero nadie en el pueblo de Villanueva del Rey lo veía deprimido. Aún así su carrera estaba ya en la cuenta atrás. Pasando de la gloria a los excesos, de los excesos a la repulsa, hasta llegar a un final inesperado.