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Escribir "Estimado Señor/Señora" es sexista

Encabezar las cartas con el nombre masculino es primer lugar, una herencia sexista del pasado.telecinco.es
Desde Romeo y Julieta, de William Shakespeare, y la canción infantil Jack y Jill hasta aceptar términos tales como "Señor y Señora", llena de términos sexistas el lenguiaje escrito. Investigadores de la Universidad de Surrey han hecho una serie de pruebas para determinar la persistencia del nombre masculino en primer lugar. 
Han encontrado que los resultados de búsquedas en Google son significativamente más efectivos, un 79% frente a un 21%, cuando el nombre de él va escrito delante del de ella. Además, tras pedir a 121 voluntarios que escribieran un encarecimiento dirigido a una pareja, la mayoría ponía primero el nombre del hombre.
Los estereotipos sexistas han incluso influenciado a los homosexuales. En una pareja formada por personas del mismo sexo, la gente tiene a darle las características más masculinas a la persona que nombran en primer lugar.
El doctor Peter Hegarty, director del estudio, ha explicado que "los resultados sugieren que la gente tiende a poner al hombre, o a las cualidades masculinas, antes que a la mujer. Esto es un legado de la gramática sexista del siglo XVI, así parece que psicológicamente estamos en la escritura sexista".
El doctor ha explicado que el mundo del lenguaje refleja un orden social patriarcal, natural y apropiado en épocas pasadas. "En una cultura moderna, el machismo que persiste lo hace de una manera sutil y a penas reconocida".
Con anterioridad al siglo XVI, no había establecidas normas para nombrar en primer lugar al hombre, en cambio las cartas solían dirigirse al hombre de la casa.
No obstante, otros académicos tienen una teoría distinta. Argumentan que los nombres de hombres son más cortos y con más consonantes. Además, sostienen que los nombres masculinos más populares son más comunes que los nombres femeninos más populares, lo que les lleva a una familiaridad que les da prioridad.
Sin embargo, desde la Universidad de Surrey insisten que sus experimentos demuestran que el sexismo es la única explicación. EBP