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La Infanta Cristina no quiere renunciar a sus derechos dinásticos ni pensar en el divorcio

Desde que el 2011 saltase a la luz la polémica del caso Nóos, la Casa Real ha estado en el punto de mira. "La justicia es igual para todos" eran las palabras que el Rey dedicaba a los españoles aquella Nochebuena de 2011, cuando Urdangarín estaba a punto de ser imputado.
Lo que la Casa Real no imaginaba es que este "martirio", tal y como lo han calificado, duraría hasta el día de hoy, aún sin terminar, y con la segunda imputación de la Infanta Cristina como última noticia.
Desde el primer momento, la monarquía ha tratado de lavar su imagen y aislar el foco del problema, centrado sobre todo en Urdangarín. Intentando cortar por lo sano, el Rey lo apartó de la agenda oficial y calificó públicamente su comportamiento de "no ejemplar".
Sin embargo, la infanta Cristina siempre se ha mantenido lejos de este 'aislamiento', mostrando su apoyo a su marido y evitando tanto el divorcio como la renuncia a sus derechos dinásticos. Y tal y como informa El País, según fuentes del entorno de La Zarzuela, esa situación no ha cambiado ha día de hoy: el Rey no se lo ha pedido y ella no quiere hacerlo.
De hecho, el matrimonio, según las mismas fuentes, vive las imputaciones y la investigación del juez Castro casi como una conspiración. No acaban de comprender la gravedad de la situación y el impacto que ha causado el proceso en la Monarquía española.
De ahí el comportamiento de la hija menor del Rey, y las múltiples apariciones de esta junto a su marido, incluso en presencia de los medios, como en el hospital cuando el Rey ingresó para su tercera operación de cadera o cuando Doña Sofía se dejó fotografiar en Washington con los duques de Palma poco antes de que imputaran a su yerno, en lo que se interpretó como un mensaje de apoyo.
La imputación de Urdangarin, y ahora de la infanta Cristina, ha colocado una sombra sobre la continuidad de una institución que suspendió por primera vez en el examen de los ciudadanos cuando se supo de los turbios negocios del yerno del Rey. Un 4,8 en el barómetro del CIS de octubre de 2011 dio el primer aviso. El pasado mayo, última vez que el CIS preguntó por la Monarquía, la nota era ya de 3,6.
Otro ejemplo que apoya estos datos son las encuestas que La Zarzuela encarga de forma privada cada quince días para evaluar el nivel de aceptación de la Monarquía. El Príncipe asciende, pero cada pequeña subida en el apoyo a la institución motivada por una buena actuación de don Felipe, queda atrás sepultada por nuevos titulares del caso Nóos, explican en la Casa del Rey.
Por eso, el Príncipe ha cortado por lo sano. Ni él ni la princesa Letizia se sentaron a esa mesa en Nochebuena. Desde que estalló el caso Nóos, no tienen relación con los duques de Palma, a los que antes estaban muy unidos.
Por eso también quizás esta vez la Casa Real decidió ceñirse al "respeto a las decisiones judiciales" a manifestar su "sorpresa" por la decisión del juez y su apoyo al fiscal, como sucedió con la imputación anterior.