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La actitud ante la enfermedad es tan importante como la medicación para paliar las migrañas

Científicos del Beth Israel Deaconess Medical Center (BIDMC, en sus siglas en inglés) aseguran que la información que los médicos ofrecen a sus pacientes con migraña es tan importante como la medicación para reducir el dolor que causa este trastorno, tras comprobar que la actitud con que estos se enfrentan a la enfermedad influye en los efectos de su medicación, aunque sea placebo.
Así se desprende de los resultados de un estudio publicado en la edición digital de la revista 'Science Translational Medicine', que por primera vez cuantifica el alivio del dolor que logra un medicamento por si mismo y cuánto hay de efecto placebo.
Los autores principales, Rami Burstein y Ted Kaptchuk, se aprovecharon de la naturaleza recurrente de los dolores de cabeza que provocan las migrañas para comparar los efectos de los tratamientos con fármacos y placebos en 66 individuos.
En todos ellos analizaron a lo largo de siete crisis migrañosas, y vieron que los beneficios del fármaco rizatriptán aumentaron cuando a los pacientes se les dijo que estaban recibiendo un fármaco eficaz; que cuando este fármaco se cambió por placebo los pacientes seguían informando de alivios similares; y que esta reducción del dolor se mantenía incluso cuando los pacientes sabían que tomaban placebo, en comparación con quienes no tomaban nada.
Después de un episodio inicial sin "ningún tratamiento" en el que los pacientes documentaron su dolor de cabeza y los síntomas experimentados 30 minutos después del inicio del dolor de cabeza y luego dos horas más tarde. Tras este periodo, los participantes recibieron seis sobres que contienen las píldoras que debían tomar en sus próximos seis ataques.
No obstante, de los seis tratamientos en dos se informaba al paciente de que iba a tomar rizatriptán, indicándolo bajo el nombre comercial 'Maxalt', y en otros de que tomaría placebo, lo que se pensaba que podía predisponer positiva y negativamente al paciente respectivamente. Además, en ambos casos una de las etiquetas indicaba lo contrario a lo que realmente contenía.
Sin embargo, al final vieron que no importaba lo que indicara el fármaco, ya que los pacientes informaron de sus experiencias de dolor de la misma manera que lo habían hecho inicialmente en la sesión sin tratamiento.
De hecho, cuando la administración de las pastillas iba acompañada de información positiva la eficacia de la medicación aumentó progresivamente, también cuando lo que se tomaba era el placebo.
"Una de las muchas conclusiones de nuestros hallazgos es que cuando los médicos ofrecen unas expectativas muy altas a los pacientes, los fármacos se hacen más efectivos", ha reconocido Burnstein, algo que han constatado en crisis migrañosas más cortas que, por tanto, hacen necesaria menos medicación.