Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

"No hay duda: es Austria"

Es el eslogan publicitario del país de cara a la Eurocopa de fútbol en junio. Tras el último suceso sangriento la frase en cuestión deja de ser humorística. Un ciudadano de Viena ha confesado haber matado con un hacha a su mujer, a su hija, a sus padres y a su suegro. Austria teme por su imagen, no es para menos, y el gobierno quiere lavar la cara del país, aunque para ello tenga que gastarse tres millones de euros en una campaña internacional.
En agosto de 2006, Natasha Kampusch logró escapar. Secuestrada, de niña, por un depravado, había malvivido ocho años en un zulo minúsculo. Elizabeth Fritzl ha estado encerrada 24 años en una mazmorra secreta en Amstetten. Su padre la ha violado hasta la extenuación y, producto del incesto, Elizabeth ha dado a luz, sola, seis veces.
Durante estos días, la prensa austríaca y buena parte de la europea aludía a la relación de la Austria nazi con los presuntos crímenes de Josef Fritzl. Más de un editorial se preguntaba qué ocurre en esa sociedad, que parece tener una tendencia acusada a mirar para otro lado, o cuántos de los 700 desaparecidos actualmente en Austria podrían estar bajo tierra en un país con dos millones de sótanos.
El Jefe de Gobierno se sentía obligado a negar que lo de Josef Fritzl "fuera un crimen austríaco". Nastasha Kampusch ha querido ayudar a Elizabeth Fritzl. Dice que "lo suyo podría haber ocurrido en cualquier país". No le falta razón. Retratos de este tipo de monstruos cuelgan en las galerías de las prisiones de medio mundo.
Las autoridades de Viena investigan ahora el caso del último descerebrado que ha asesinado a cinco miembros de su familia por ahorrarles la humillación de verse arruinados. De nuevo, ninguno de los vecinos se ha dado cuenta de nada sospechoso. ¿Seguro? La policía hablará con todos ellos. Y, mientras, a muchos nos pica la curiosidad. ¿Qué ocurre en Austria para que estos tipos psicópatas salgan como hongos?