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El 86% de los pacientes con trastornos alimentarios consume cafeína, el 72% alcohol y el 51% tabaco

El 86 por ciento de los pacientes con trastornos de conducta alimentaria (TCA) consume cafeína, el 72 por ciento alcohol y el 51 por ciento tabaco, seguidos de los que ingieren benzodiacepinas e hipnóticos, cannabis, alucinógenos, cocaína, anfetaminas y opiáceos.
Así lo han demostrado diversos estudios realizados en adultos en hospitales españoles con unidades de trastornos de conducta alimentaria. Se trata de unas enfermedades mentales que comportan anomalías graves durante la ingesta y que, de esta forma, convierten la comida en un "enemigo". De hecho, según los expertos, son cada vez más frecuentes y se sitúan ya entre las patologías más graves de la población española.
Sólo un 2,3 por ciento de los pacientes con estos trastornos no realiza ningún consumo de sustancias. Esto sube a un 11,4 por ciento, sin tener en cuenta el consumo de tabaco o cafeína, siendo en este caso el consumo más prevalente el alcohol. Además, el 88,6 por ciento de los pacientes adultos realizan algún consumo de sustancias con potencial adictivo, excluyendo el tabaco y la cafeína.
Asimismo, "el riesgo de consumo perjudicial de alcohol y adicción se multiplica por cinco en pacientes con bulimia nerviosa", ha comentado el psiquiatra del Hospital Universitario Gregorio Marañón y secretario de la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD), Ignacio Basurte.
Concretamente, el origen de estos trastornos se debe a una alteración mental cuya expresión psicológica es un elevado nivel de insatisfacción personal, miedo a madurar, elevados índices de autoexigencia o ideas distorsionadas sobre el peso y la comida. Los trastornos alimentarios más conocidos que se enmarcan dentro de este conjunto son la anorexia, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón. Respecto a la prevalencia, es muy superior en mujeres que en hombres, con una proporción de diez a uno.
En este sentido, el jefe de la Sección de Psiquiatría Infanto-Juvenil y de Trastornos de Conducta Alimentaria del Hospital Universitario y Politécnico La Fe de Valencia, Luis Rojo, ha explicado que el perfil clínico de las pacientes con TCA recuerda a aquellas que padecen una adicción comportamental.
"La conducta del atracón es la que más se aproxima a los comportamientos adictivos, con un momento de necesidad y búsqueda y un segundo momento de satisfacción", ha explicado, para advertir de que, además de la anorexia y la bulimia han aparecido otros desórdenes como la ortorexia, potomanía, pregorexia o la vigorexia.
En este sentido, los especialistas se han criticado la tendencia de hacer de cada fenómeno una enfermedad. "La potomanía, por ejemplo, que se corresponde con un consumo excesivo de líquidos es frecuente en la diabetes; la vigorexia es un deseo extraordinario de musculación, para considerarla enfermedad debe asociarse a otras limitaciones funcionales, interferencias sociales, laborales, personales, automedicación con anabolizantes y otras sustancias o baja autoestima", ha apostillado Rojo.
Finalmente, los expertos han comentado que, en las personas más vulnerables a desarrollar patologías mentales, una dieta restrictiva produce una serie de cambios biológicos y psicológicos que interfieren en su buen funcionamiento mental y corporal.
"Antes del verano, después de la Navidad y en época de exámenes este tipo de comportamiento es muy frecuente: aumenta significativamente el número de personas que decide ponerse a dieta sin consultar con un especialista", ha zanjado Rojo.