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Derrocar a Rebeca

Sara tiene que actuar rápido si no quiere que Rebeca comienze a recordar su verdadero pasado. Presa de los nervios, la joven se pone en contacto con su amigo Pepe Lee para que evite que Rebeca confiese que manipuló los planos de Rafa.
Sara es consciente de que se encuentra en una posición delicada: si Rafa descubre que fue Rebeca quien marcó la x en su plano pronto podría descubrirse toda la verdad. El miedo de perder su nueva vida la empuja a actuar rápidamente y ayudada por su fiel Pepe Lee consigue convencer a la joven para que niegue que ella tocó los planos del arquitecto.
Con eso no basta y por eso Sara decide adjudicarse el mérito del hallazgo. Con una nueva mentira consigue convencer a Rafa de que fue ella, y no Rebeca, quien descubrió el punto de distribución del alcantarillado de la plaza.
Sin embargo, aún queda mucho por hacer y Sara sigue temiendo que Rebeca vuelva a demostrar sus conocimientos de ingeniería. Decide que lo más sensato es apartarla de la constructora, alejarla de planos y números, y hará todo lo necesario para derrocarla como presidenta de la asociación de vecinos.
Mientras, en la plaza, Marín intenta convencer a los vecinos de que vendan sus propiedades proponiéndoles a cambio cumplir todos sus sueños. Casualmente esos sueños son los mismos que los vecinos contaron de forma confidencial a Rebeca en las encuestas que les hizo.
En vista de lo sucedido, Anachú y Paqui acusan a Rebeca de haber vendido la información a una inmobiliaria. La joven, que tiene muy clara su inocencia, opina que hay un solo sospechoso: Eduardo.
Finalmente, después de descubrir el perverso plan de Lulo, la abuela María decide pedirle los tres mil euros que le debe. Ambos acuerdan, que una vez saldada la deuda, no volverán a verse nunca más.