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La familia de Esther

Esther tiene 36 años, y vive con su marido Rafa, alias Chiqui, de 40, y sus tres hijas, Sheila, Nerea y Paula, de 10, 7 y 5 años respectivamente, en Bigues un pueblo de montaña de la comarca del Vallés Oriental en Barcelona.
mujer estricta acostumbrada a llevar con mano de hierro a toda su familia
las rutinas y las normas se han convertido en sus mejores aliadas
Sin embargo, acuciada por problemas económicos,  ahora mismo está viviendo un momento especialmente delicado y afirma que su vida necesita un cambio.
Además se considera maniática del orden y la limpieza y ha educado a sus hijas y también a su marido, a que ensucien lo mínimo posible.  Para ella es fundamental que todo el mundo colabore. Y su marido, aunque le ha costado, al final se ha acostumbrado a hacer las tareas domésticas. "Me pone muy nerviosa ver las cosas fuera de su sitio o desordenadas y he enseñado a mi marido y a mis hijas a que todo debe estar en su sitio".
Esther es una fuerte defensora de la institución del matrimonio, y afirma, que aunque ha tenido crisis con su marido, se casó por algo, y no puedes tirar la toalla cuando surge cualquier problema.
Esther es una mujer temperamental, poco acostumbrada a hombres poco colaboradores, y reconoce que le pierden las formas. Y que cuando se enfada, acaba diciendo las cosas de mala manera.
Esther ha tenido una infancia y una adolescencia difícil. Siempre fue rechazada por las chicas. Y es que asegura que su físico la ha marcado: su estatura y su imponente físico le han granjeado las envidias de propios y extraños. "Desde niña siempre he provocado rechazo en la gente. No sé por qué pero no caigo bien. Creo que es por mi físico. Como soy alta y llamativa la gente no lo aguanta".
En cuanto a la relación que tiene con sus hijas, es clara: aunque la gente diga que es severa, es madre por encima de todo. Y considera que con las nuevas generaciones no puedes ir de amiga, porque al final el exceso de confianza lleva a la falta de respeto. 
En casa de Esther, ella manda, y los demás obedecen , y es un derecho al que no está dispuesta a renunciar.