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"La maternidad exige muchos cuidados y responsabilidades"

No les avergüenza su historia, lo que pasó, pasó, que diría machacona la canción. "Ay, cuando me enteré de que Mariola estaba embarazada tardé en reaccionar, la cabeza me iba de un lado a otro", relata Silvia en un tono nada dramático, sino más bien como el que cuenta un cuento. La protagonista, al lado de su madre, que también se quedó embarazada siendo adolescente, esboza media sonrisa infantil tras la bufanda y agarra a la niña con gesto maternal, adulto.
Silvia se enteró tarde, pero casi tanto como su hija. "Mi regla siempre fue irregular y no se me ocurrió que en esta ocasión podía tratarse de un embarazo. No sentía náuseas y no estaba hinchada, así que hasta los siete meses simplemente no caí". Fue entonces cuando contó sus temores a unas amigas. "Es mi primer impulso, a mis amigas las primeras", admite sin reparos. "Pero ellas no me creían. Sólo lo hizo un amigo, que me acompañó al centro de planificación familiar que hay en Callao". Allí le dijeron que, efectivamente, sus sospechas eran ciertas. Y la mandaron corriendo a casa a explicárselo a su madre.
"Al principio me daba miedo tener que decirle esto a mi madre". El miedo es el gran enemigo de las adolescentes, replica su madre: "El problema no fue tanto el embarazo sino la llegada inminente del bebé. Tuvimos dos meses para prepararlo todo: desde la ropa hasta los análisis médicos de Silvia. Una locura". Cuenta que además la silueta de Silvia no había mutado ni lo más mínimo: "Ella siempre fue gordita, de formas redondeadas, y era imposible ver que estaba embarazada".
 1¿Y el padre? Se preguntarán muchos. "Tiene un año más que yo, me lo presentaron un día por ahí hace ya tiempo. Le conté que estaba embarazada una tarde por el Messenger pero no me hizo ni caso. Me dijo que vale, que siguiera adelante. Cuando me enteré del embarazo él me había dejado hacía unos meses". Y Silvia, torciendo el gesto, con una mueca de molestia, continúa: "Apareció en el hospital pero en estos siete meses sólo ha venido a ver a la niña unas diez veces". ¿Y la familia de él, qué dice? "Ellos son de Ecuador, y allí es bastante normal el embarazo precoz, así que no les sorprendió, lo tomaron como algo natural", explica Silvia.
 
Dicen que lo más duro fue afrontar los cambios sin familia en España. Silvia, Mariola y sus dos hermanas (de 14 y 19 años) son polacas y llevan apenas diez años en Madrid. "Lo peor en nuestro caso fue no tener el apoyo de una familia. Pero para eso acudimos a los servicios sociales de nuestra zona, que nos enviaron a la fundación Madrina y allí nos orientaron y nos apoyaron como una verdadera familia".
 
Cuando se le pide a Mariola consejo para las chicas de su edad su respuesta es rápida: "Protección, que tengan mucho cuidado si van a mantener relaciones, sobre todo eso". ¿Y si el daño ya está hecho? "Que se lo cuenten cuanto antes a sus madres. Esto es muy importante. Las reacciones de las madres pueden sorprender a muchos hijos", advierte Silvia, mientras su hija afirma con la cabeza. "Sí, el miedo, el miedo es lo peor".
 
Cristina lloriquea y se mueve inquieta. Es hora de regresar a casa. "Mi vida ha cambiado totalmente. Ya, por ejemplo, no puedo salir a bailar con mis amigas y este año he tenido que dejar las clases. Me levanto a las cinco y media de la mañana y duermo a ratos. Pero la niña es tan bonita". Bonitas y jóvenes las tres generaciones de una misma familia se despiden con la amabilidad con la que llegaron, "la maternidad exige muchos cuidados y responsabilidades".