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"Tengo la necesidad de contar lo que no se vio"

Ismael Beiro, ganador de 'Gran Hermno I'TELECINCO.ES
Ismael Beiro, el primer ganador de Gran Hermano, se convierte en comentarista del reality para telecinco.es. Ismael compartirá con nosotros las anédotas más divertidas, los momentos más tensos, las relaciones más apasionadas... Todo lo que no vimos en la primera edición del concurso en la que él se convirtió en protagonista.
Amigos de un plumazo
Todos sabemos que hay un antes y un después en Gran Hermano. El haber vivido durante 90 días en la primera casa de Gran Hermano se convirtió en un recuerdo sagrado inviolable en el tiempo. Quedarme con esos momentos de histeria colectiva, de tristezas repentinas por la marcha de algún compañero, de improvisaciones, de risas, de  llantos, todo se nos hacia grande y todo se magnificaba. Cuando falta el calor y el cariño de los tuyos cualquier salida es buena solución y a cualquiera le puedes contar tu vida y nombrarlo como amigo de un plumazo.
A todos nos ha pasado con un desconocido compañero el primer día de clase, el primer día de trabajo, o en una reunión  con alguien que acabas de conocer.
Claves del éxito
Quería quedarme con esos recuerdos, con 90 días vividos intensamente en la mediática casa de Gran Hermano, y después de ocho años vi lo que hasta entonces nunca había visto porque lo había vivido en primera persona.  Los primeros resúmenes y la primera gala de expulsión. Me parece increíble pero debo reconocer que me he vuelto adicto a Gran Hermano I. Suena a broma, y más viniendo de la última persona que abandonó la casa. No me lo podía creer, pero estaba disfrutando como un niño, y encontré las claves  por las que el reality se convirtió en un fenómeno de masas:
1. La naturalidad de los personajes
2. La autenticidad de los mismos: gente normal con los mismos problemas que el resto de la sociedad, trabajo, amores, desprecios laborales, desengaños... todos tenían algo que compartir y traspasaba la pantalla ese altísimo nivel de extroversión que teníamos.
3. La tercera de las claves fue el pacto, ese mismo que ideé yo. Nadie era capaz de creerse que podía salir una votación unánime y, si de algo he presumido siempre, es de que quise una unión colectiva. Este acontecimiento sorprendió al mismísimo John de Mol creador del formato de Gran Hermano, hasta tal punto que desde entonces y para el resto de los programas se cambiaron las normas en todo el mundo, para que de ese modo no pudieran coincidir los nominados y de esa forma esté garantizado el morbo .
Lo que nadie se ha parado a pensar es que sí, sí se puede conseguir que todos, en cualquier casa de Gran Hermano de cualquier país donde se emita, salgan nominados con el consiguiente respiro, por parte de los habitantes de la casa, de sentirse culpables por nominar, ya que la pelota cae sobre el tejado de los espectadores. Pero es lo de siempre. ¿A quién se le ocurre? ¿Quién lo propone? ¿Estarían todos de acuerdo?
4. La cuarta clave fue la de olvidarse de la recompensa económica que quedó relegada a un segundo plano. Queríamos vivir en una casa el máximo de días posibles y hasta me aventuro a asegurar que ninguno de nosotros pensó en ningún momento que podría ser el ganador.
La última de las claves del éxito del programa y para mí puede ser la más importante, aunque subjetiva y materialista al mismo tiempo, es la escena: una cosa normal, con sofás normales, cocina nada elitista, una casa como tu casa, nada de futurismos ni excentricidades, un gallinero como el que alguna vez hemos visto en un pueblo cualquiera, una piscina corriente y lo más importante, gente corriente, gente normal con atuendos básicos y normales, de los que encontramos en cualquier tienda o centro comercial al alcance de todos. En una frase: una casa, un poco más grande, pero como la tuya, como en la que estas acostumbrado a vivir.
Primer romance en Gran Hermano
Y llegó la primera gala de expulsión. Todos pensábamos que salíamos ese día. Y fue María José Galera la primera en hacer historia y todos menos uno respirábamos aliviados. Ese era el único instante del encierro en el que éramos más egoístas que nunca, nuestro nombre no había sonado. Era el único momento en el que éramos conscientes que estábamos dentro de un concurso televisivo. 
¡¡¡Buenoooo, a alguien se le pasaron los mejores planos!!! Es cierto que, y nadie lo puede negar, hay frases para la historia de la TV y que seguro que habrán traducido a más idiomas en aquellos países donde se emite Gran Hermano.  "¡QUIEN ME PONE LA PIERNA ENCIMA PARA QUE NO LEVANTE CABEZA!"
Pero, ¿qué hay de "NO LLORÉIS QUE ME VOY  A CASAR CON ELLA"? Al realizador se le pasaron los mejores planos, cierto es que había caras de desconsuelo y ¿qué pasa con el resto?
Ya por entonces mi afinidad con uno de los habitantes, hablo de Iván, se había hecho pública ante el espectador. Una fuerte amistad iba creciendo. A esas caras me refería yo, que no las vi por ningún lado y aunque parezca cruel, no sabíamos como aguantar la risa. No por la expulsión de María José, la primera en abandonar una casa de Gran Hermano en España y que todos sentimos, sino por la voz imperativa de Jorge que nos pedía a gritos que no llorásemos
Fuimos pocos los que comentábamos la situación de la casa pero de todos era sabido, y todos éramos conscientes, que esa representación contemporánea a lo Romeo y Julieta sólo se la había creído Jorge, ni el resto de los habitantes, ni la mismísima María José.
Ella sí sabía que tan repentina separación daría juego y no tardaría en rentabilizarlo. Situación que, por otro lado, no me pareció mal; ¿por qué no?, ¿por qué no aprovechar su popularidad si de igual modo no iban a dejarla en paz en los próximos meses?:
 -¿Le quieres?
-¿Cómo estás?
-¿Qué es lo primero que vas a hacer cuando él salga?
Lo primero que hicieron fue gastarse doscientas mil pesetas de las de antes (1200 euros de nuestro tiempo), con cargo a la Productora, en champán y rosas a las tres de la mañana del día que Jorge abandonó la casa en su búsqueda, de las cuales disfrutaron después de ese jubiloso concierto a gritos en una habitación de hotel, y cuya cuenta fue sonada en Zeppelin (rosas + champán + teléfono + cena + habitación... etc). De ahí que nos cortaran el grifo al resto cuando salíamos de la casa y nos recluían en habitaciones de hoteles.
 Los verdaderos torturados: el resto de la casa
Los días pasaban y Jorge no se separaba de la toalla que utilizaba María José, presa de su esencia y olor. Toalla que usaba para secar un río continuo de lágrimas y con un cuadro con las fotos de las niñas de su amada bajo el brazo que lo paseaba por toda la casa.
Abrió la veda, se lo agradeceré toda la vida. Lo que en principio era el deber moral de motivar al compañero de encierro no tardó en convertirse en el objetivo de las bromasde la casa.
Y así fue: bromeábamos con él. Le poníamos trampas. Le hacíamos comentarios bruscos propios de niños de 8 años. El cuadro volaba de vez en cuando entre las manos de los compañeros, aprovechando el momento en el que él estaba en el baño.
Ya no sabíamos cómo animarle peroal final, condenado por el recuerdo de la mujer que vino a robarle el corazón, todos suponíamos que no era un chico de grandes experiencias sentimentales, se marchó voluntariamente.
Me faltaba decir que ahora comprendo por qué sonaba tanto la música que Jorge eligió para que la soltaran de vez en cuando por la casa. El equipo de redactores ponía de este modo a prueba la sensibilidad y aguante del sujeto y lo lograron. Lograron llevarlo al límite y un buen día, mientras sonaba Dire Straits, no se lo pensó dos veces y, tras anunciarlo en el confesionario, se dirigió a nosotros y nos comunicó lo que ya todos suponíamos que tarde o temprano ocurriría.
 A mi parecer nunca tenía que haber abandonado la casa y estoy totalmente seguro que en muchas ocasiones hasta él mismo se arrepintió de irse, pero ya no hubiese sido lo mismo, así lo quiso el destino marcado por Gran Hermano. Mientras estuvo en la casa aprovechábamos que dormía para ponerle la calefacción al máximo y se levantaba horas después como un pollo en un horno. Le hacíamos filetes con vinagre, que según la receta de mi abuela, receta que nunca existió, levantaba el animo a un muerto, le manteábamos, nos tirábamos en montaña encima de él, de todo para animarle y que a su vez nos diera juego para pasar el tiempo en esa casa. Tanta era la pena que, por último, terminamos por reírnos cuando un llanto repentino se oía, y lo peor es que no sabíamos dónde escondernos. Cuando se marchó un extraño vacío quedo entre nosotros ¿quién nos haría reír ahora?
Ojo, esto que os cuento ni se ha visto antes, ni antes lo había contado.
Permaneced muy atentos los próximos días por que esto es sólo el comienzo de miles de anécdotas que no se vieron, imaginaros lo que supone resumir 24 horas de encierro televisivo,  y que yo mismo las viví y que es, hoy por hoy, después de 8 años, cuando por primera vez  veo Gran Hermano y me encuentro con la necesidad de contaros lo que no visteis y no se pudo resumir.