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Así se gana en Le Mans

Todo esto ocurrió en el mes de junio. Pero el equipo Audi llevaba preparando esta temporada desde enero. En 2008 se produjeron las primeras pruebas importantes en América. Las míticas 12 horas de Sebring fueron el escenario perfecto para que la maquinaria Audi volviera a rodar con la perfección habitual. Hasta Estados Unidos se desplazaron pilotos como Alain Mcnish, Kristensen y Emmanuele Pirro.
Durante las primeras horas del día las reuniones entre pilotos e ingenieros se sucedieron constantemente. Nada podía quedar al azar en un lugar tan importante para Audi. No sólo había que ganar, sino también ensayar todo lo relativo a la prueba de Le Mans. El cambio de pilotos es la maniobra más temida por todos ellos. La sincronización debe ser perfecta.
Cuando se produce el relevo, el piloto que entra se suelta los cinturones e inicia un proceso de ayuda a su compañero para que todo esté bien ajustado. Lo primero es colocar un molde especial para el asiento que está hecho a medida de la espalda de cada piloto. Luego, el conductor que ha bajado del coche aprieta bien los arneses y ajusta los espejos retrovisores.
Este procedimiento puede resultar fácil pero en este tipo de carreras, a veces las posiciones están muy ajustadas y hay que imprimir velocidad a todos los aspectos posibles. Además, los pilotos intercambian impresiones antes de que el coche regrese a la pista. Estos datos son fundamentales para que el turno se complete con éxito.
El éxito en las 24 horas no sólo depende de una buena máquina. La conjunción entre pilotos y mecánicos adquiere en esta clase de competición una importancia fundamental.