Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Jessi, detenida

Acusada de proxenetismo, Jéssica es detenida en su propia casa, tras la denuncia de una de las prostitutas que trabajaba para ella, Lucía. El inspector que la detiene es uno de sus clientes habituales y teme salgan a la luz grabaciones de sus visitas a al hogar de la meretriz.
Lucía, la última prostituta en llegar al clan de Jéssica, ha demostrado ser un lobo con piel de cordero. Cuando descubrió que la meretriz grababa todos los encuentros con los clientes, la joven quiso sacar tajada. En primer lugar, acudió a Jessi para obtener algún beneficio extra por el hallazgo y, ante su rechazo, robó una de las cintas y la vendió a un medio de comunicación.
Entre los clientes habituales de Jessi, hay muchos personajes públicos, entre ellos el concejal que pedía siempre cita con Lucía. La cinta que entregó la prostituta contenía imágenes de este concejal, casado y con hijos, que no pudo soportar la presión y optó por suicidarse.
El escándalo repercute también a Jessi, cuyo negocio empieza a encontrarse en peligro. Lucía la amenaza con denunciarla si no le entrega 20.000 euros y, ante la respuesta negativa, aparece la policía en el domicilio de la meretriz y la detiene. El inspector que la esposa es cliente de Lucía, a quien deja marchar.
Una vez en comisaría, el inspector pide las cintas a Jessi, quien se guarda un as en la manga porque el juez que lleva el caso también es uno de los habituales entre sus chicas. Éste, sin embargo, también exige las cintas; cuando ella le asegura que están a buen recaudo, la deja en libertad.
Jessi llega a su casa y se la encuentra desvalijada. El ladrón había encontrado el escondite de las cintas y se las había llevado. Ella, sin saber qué hacer, consideró que la mejor opción era avisar al juez que la había sacado de la cárcel. Él, también casado, accedió a la petición de Jéssica y, cuando llegó, confesó haber sido él quien había sustraído las cintas.
Además, el juez le advierte que deberá abandonar su negocio si no quiere ir a la cárcel. Si Jessi no renuncia a su trabajo, se las tendrá que ver con él. Jessi se siente desvalida. Había alcanzado la cima más alta y ahora, de un plumazo, la desposeen de todo por lo que había luchado, de lo único que sabe hacer. Además, los clientes, que buscan discreción, ya no se sienten seguros con ella; por eso, Jessi decide acudir a casa de Cortés a pedirle ayuda, pero éste sabe que no tiene nada que ofrecerle a cambio y rechaza darle protección.
¿Cuál será ahora el camino que tomará Jessi? ¿Buscará asilo en el entorno de Duque?