De saltador a estrella de acción: el desconocido pasado deportivo del actor Jason Statham
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La década de los 80 vio nacer a los grandes héroes del cine de acción. Arnold Schwarzenegger y Sylvester Stallone eran los duros más duros de Hollywood. No había persona en el planeta que no los conociera. Éxitos como Terminator o Rambo les convirtieron en iconos, y dieron paso a otros muchos actores que, aunque no alcanzaron una fama tan enorme, también eran considerados los más duros. Ahí tenemos los nombres de Mel Gibson, Bruce Willis, Kurt Russell, Dolph Lundgren… Muchos de ellos reunidos después en la saga de películas de Los Mercenarios. Y, con el cambio de siglo, parecía que era una figura que iba a quedar en desuso… hasta que llegó él, el nuevo rey del cine de acción: Jason Statham.
Debutando en el cine en el 1998 con la película Lock & Stock, de Guy Ritchie, su carrera de actor desde ese momento ha sido imparable. Es la gran figura del cine de acción, con permiso de Dwayne Johnson, y solo con su nombre consigue atraer a gente al cine. El más duro entre los duros. Y, como los que hubo antes que él, también hace sus pinitos en la comedia (Espías con Melissa McCarthy) o incluso en el drama en Despierta la furia (o lo más cercano que ha estado del drama en su carrera). Suele ser un valor seguro en taquilla, y ya tiene tres sagas taquilleras a las que volver, con Fast and Furious, Los Mercenarios y Megalodón. De hecho, en esta última es donde demostró otra de sus grandes pasiones… y que de haber salido bien, quizá no habríamos tenido a este nuevo héroe de acción.
Porque antes de dar el salto al cine, hacía otro tipo de saltos, pero en la piscina. Sí, Jason Statham tiene un pasado como clavadista, o saltador. Y esa fue su carrera durante muchos años, con su sueño de participar en unos Juegos Olímpicos como meta y objetivo. "Lo tuve claro. 'Cuando vuelva a casa, voy a hacer eso', pensé'", contó el actor a la BBC, explicando cómo vio a un hombre saltar todos los días desde un trampolín en un hotel en el que estaba de vacaciones. Hasta tal punto que se obsesionó por completo. "Tenía unos 11 o 12 años cuando me apunté al club".
En 1985, con 18 años recién cumplidos, fue admitido en la British National Diving School, y es ahí donde empezó a tomárselo más en serio. Así que, perfeccionando su técnica, se preparó para entrar en los Juegos Olímpicos de Seúl