Dos expertas en marca personal analizan el "meteórico" ascenso de Inés García, novia de Lamine Yamal: "Puede ser una marca duradera"
Ana Jiménez y Angélica Sáenz de Ormijana coinciden en que la influencer ha sabido combinar el impulso que ha supuesto el Mundial con su conocimiento del medio y advierten de los riesgos a los que se enfrenta
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La historia de amor entre Inés García y Lamine Yamal trasciende su propia intimidad. Por ejemplo, en términos de visibilidad para la influencer. Pongámoslo en cifras: cuando el futbolista y ella se conocieron, Inés tenía unos 90.000 seguidores en Instagram y alrededor de medio millón en TikTok. Al saberse de su romance, duplicó sus cifras (190.000 en Instagram y 700.000 en TikTok, según recogía ‘ABC’). Si nos ceñimos a la noche de la victoria de España en el Mundial, Inés logró en unas horas un millón y medio de seguidores y, actualmente cuenta con 4,5 millones de seguidores en Instagram y con 3,8 millones en su TikTok. ¿Cómo se logra ese ascenso en redes sociales? En la web de 'Informativos Telecinco' hemos hablado con dos expertas en marca personal, Ana Jiménez y Angélica Sáenz de Ormijana, para analizarlo.
El fenómeno de la autoridad por asociación
Tanto Ana como Angélica coinciden en el primer diagnóstico: el ascenso de Inés es un caso claro de autoridad por asociación. “Cuando te vinculas sentimentalmente con una de las personas que mayor atención genera en este momento, inevitablemente una parte de esa atención se transfiere hacia ti”, explica Ana. Angélica añade: “Desde que se hizo pública su relación con Lamine Yamal, el 'efecto halo' hizo su magia. Parte de la enorme atención mediática que lo rodea a él disparó su notoriedad”. Sáenz de Ormijana nos remite a los casos de hermanas de ‘streamers’ que se dieron a conocer precisamente en La Velada del Año que organizó Ibai Llanos el pasado julio. Pero ¿puede mantenerse una audiencia fiel de seguidores solo por ser “pareja de”? Obviamente, no. Y aquí está la segunda clave.
Experiencia previa
Inés ya era creadora de contenido antes de conocer a Lamine; de hecho, fueron las redes las que los unieron. “Ya tenía una comunidad, trabajaba su presencia digital, estaba vinculada profesionalmente a una agencia de representación y había construido un territorio bastante reconocible alrededor de la moda, la belleza y el lifestyle”, recuerda Ana Jiménez. “No estamos ante alguien que abre Instagram después de empezar una relación con un futbolista famoso. Había una base sobre la que esa nueva exposición ha podido multiplicarse”. Esta es, claramente, la razón por la que la base de seguidores de Inés crece exponencialmente frente a muchas de las cuentas de otras parejas de futbolistas.
“Hoy su valor publicitario se ha multiplicado, pero su capital como marca personal independiente todavía tiene que consolidarse”, puntualiza Angélica. ¿Podrá mantenerlo? “Dependerá de cómo gestione y profesionalice su marca para que siga teniendo sentido aunque su situación sentimental cambie”, responde, y nos recuerda que su agencia de representación “le aporta estructura para trabajar precisamente en esa dirección”.
Un perfil multidireccional
Otro de los puntos fuertes que impulsan el crecimiento de Inés García es su no hiperespecialización; mientras otras influencers construyen su marca en un nicho muy concreto, la novia de Lamine Yamal ha creado distintos espacios en los que trabajar. Esta multidireccionalidad es tendencia, nos explica Sáenz de Ormijana: “Cada vez seguimos menos a alguien únicamente porque habla de recetas, moda o belleza y más porque nos interesa su personalidad, su criterio y todo lo que ocurre alrededor de su vida”, y añade: “Inés tiene potencial para construir ese tipo de marca porque combina cercanía y aspiración, y cuenta con naturalidad una vida cada vez más excepcional”.
Ana Jiménez profundiza en esta idea: “Tiene una comunidad enorme, pertenece a una generación muy joven, trabaja en territorios especialmente interesantes para los anunciantes como moda, belleza y lifestyle, tiene capacidad para generar conversación y, además, está conectada con uno de los grandes fenómenos deportivos y culturales del momento”. Un montón de puntos a favor que, combinados, la han convertido en uno de los personajes públicos de este verano.
Sigue siendo un perfil muy vinculado a su noviazgo
Pero las dos expertas coinciden en señalar que es pronto para anunciar que ha nacido una estrella. Porque el ascenso meteórico de Inés, aunque bien gestionado y nada casual, sigue estando ligado a su relación. Ana Jiménez señala tres factores que han impulsado su crecimiento: “Una marca que ya existía previamente, la enorme transferencia de visibilidad provocada por su relación con Lamine y un acontecimiento excepcional como el Mundial que multiplicó esa exposición”. Pero advierte: “Ninguno de esos tres factores garantiza que dentro de tres años siga teniendo el mismo nivel de relevancia”.
En línea con lo expresado por Jiménez, Sáenz de Ormijana opina: “Todavía tiene que demostrar que el público está interesado en ella. Sus mayores picos de interés continúan vinculados a él y al Mundial. En términos de marketing, Inés es el producto y el activo creativo, pero Lamine sigue siendo el principal canal de adquisición”.
El reto de futuro de Inés: crear "su propio lenguaje"
Si Inés García es por sí misma un foco de atracción de marcas (ambas expertas nos recuerdan cómo ha pasado de firmas ‘low cost’ a otras de superlujo en poco tiempo) y ese impulso ha venido a través del Mundial y de cómo ella lo ha vivido, por delante le queda solidificar ese perfil, hacerlo atractivo por sí solo. “Si consigue desarrollar códigos propios, consolidar su territorio dentro de moda, belleza y lifestyle, elegir bien las marcas con las que se asocia y mantener la naturalidad que ha hecho atractivo su contenido, puede convertir este crecimiento meteórico en una marca mucho más duradera”, sentencia Ana Jiménez, que explica que “Lamine puede explicar la velocidad de su crecimiento, pero lo que haga Inés a partir de ahora determinará la altura de su marca”.
Angélica concluye su análisis en similares términos: “Su reto es desarrollar códigos y formatos propios, mantener la cercanía y reducir progresivamente la dependencia narrativa de la relación. Si lo consigue, puede consolidarse como creadora premium internacional”.