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Bodas

Tres vestidos, sabor taurino y una espectacular finca en Jerez: la boda de Víctor Janeiro y Beatriz Trapote

Victor Janeiro y Beatriz Trapote. Europa Press
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La boda de Víctor Janeiro, concursante de 'Supervivientes All Stars', y Beatriz Trapote fue exactamente como podía imaginarse el enlace entre un torero gaditano y una periodista enamorada del universo andaluz. Campestre, romántica, multitudinaria y con el mundo taurino presente prácticamente en cada detalle. Caballos, toros bravos, albero, flores silvestres y un cortijo rodeado de naturaleza construyeron el escenario de una celebración que tuvo lugar el 2 de noviembre de 2013 en Jerez de la Frontera.

Víctor Janeiro y Beatriz Trapote se conocieron en 2007, cuando la periodista tenía que entrevistarlo para el programa ‘El buscador de historias’. Lo que debía ser simplemente un encuentro profesional terminó convirtiéndose en el comienzo de una relación. La atracción surgió prácticamente desde el primer momento y, una vez apagadas las cámaras, decidieron descubrir qué podía existir entre ellos.

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Después de seis años de noviazgo llegó el momento de pasar por el altar. Él tenía 34 años y ella, 32 cuando fijaron la fecha de la boda: el 2 de noviembre de 2013.El escenario elegido resultó fundamental para conseguir la celebración que ambos imaginaban.

El Cortijo Fuente Rey, en Jerez de la Frontera, les permitía reunir en un mismo espacio prácticamente todo aquello que querían, naturaleza, tradición andaluza, caballos y una plaza de tientas en la que organizar un espectacular banquete. Una boda con inconfundible sabor gaditano que reunió a alrededor de 450 invitados y que convirtió durante unas horas una finca ganadera de Jerez en el escenario de su particular cuento de hadas.

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Un cortijo entre caballos, toros bravos y campo andaluz

Elegir el escenario adecuado era especialmente importante para Víctor y Beatriz. Querían una boda elegante, pero no excesivamente sofisticada; romántica, pero sin perder la conexión con Andalucía y el mundo taurino. El Cortijo Fuente Rey reunía todos esos requisitos. La finca, vinculada a la familia Bohórquez, ofrece una estampa difícil de separar del imaginario más tradicional del campo andaluz. El cortijo convive con la plaza de tientas, los espacios de dehesa, la vegetación y la presencia de caballos y toros bravos.

La boda reunió a numerosos familiares y amigos, además de conocidos rostros de la televisión, la música y el mundo taurino. Entre los invitados estuvieron María Jiménez, Soraya Arnelas, Lydia Lozano, José Manuel Parada y diferentes miembros de la familia Janeiro, entre otros.

Tras la ceremonia, los recién casados se desplazaron en una espectacular calesa tirada por cuatro caballos blancos hasta otra zona de la finca, donde continuaría la celebración. El aperitivo se sirvió en los jardines aprovechando que se trataba de una boda de día. Productos y sabores andaluces preparaban el camino hacia el gran banquete, que reservaba una de las sorpresas visuales más importantes del enlace.

El albero dejó así de ser durante unas horas escenario taurino para convertirse en un enorme comedor. Sobre él se distribuyeron las mesas, vestidas con manteles blancos de hilo, cuidadas vajillas y composiciones florales en las que el blanco y el verde tenían especial protagonismo. En lugar de limitarse a numerar las mesas, los novios decidieron bautizarlas con nombres de grandes figuras del toreo. Rafael de Paula, Marcial Lalanda o el propio Jesulín de Ubrique aparecieron entre las referencias elegidas.

Catering Miguel Ángel se encargó de un menú en el que hubo ensalada de lomo de atún rojo y arroz caldoso con rape y langostinos. Para terminar, mousse de yogur con moras y milhojas de merengue acompañadas de frutos rojos. El banquete también dejó uno de los instantes más emotivos de la boda. Beatriz tomó el micrófono para dedicar unas palabras a su madre y a Carmen Bazán, madre de Víctor, agradeciendo el apoyo que ambas habían tenido en su vida. Después decidió compartir con ellas otro símbolo importante del enlace. les entregó su ramo.

Una boda con espíritu taurino

El mundo del toro no estuvo presente únicamente porque el novio fuera Víctor Janeiro. Toda la estética de la boda se construyó alrededor de la tradición taurina y del campo andaluz, aunque reinterpretados desde una perspectiva romántica. La ceremonia fue civil y se celebró al aire libre. El decorador Javier Varela, de Enea, fue el encargado de transformar el espacio y crear una atmósfera campestre en la que predominaban los blancos, verdes y rosas.

Hasta las invitaciones anticipaban lo que los asistentes encontrarían al llegar, estaban diseñadas a semejanza de los tradicionales carteles taurinos. En la ceremonia, un largo pasillo cubierto por una alfombra verde conducía hasta los novios. A ambos lados se colocaron pacas de paja decoradas con vegetación y flores, entre ellas helechos, brezos y crisantemos en intensos tonos rosados.

El altar mantenía la misma filosofía. Musgo, jacintos y flores silvestres rodeaban el arco y la mesa donde se celebró la ceremonia. Frente a ella se colocaron cuatro sillas antiguas pertenecientes a la familia Bohórquez destinadas a los novios y sus padrinos. La presencia de alpacas de heno terminaba de construir esa estética de celebración campestre que los novios habían imaginado.

Los tres vestidos y un traje corto

Si la decoración estuvo cuidada hasta el último detalle, los looks de los novios no se quedaron atrás. Beatriz Trapote decidió confiar uno de los aspectos más importantes de la boda a su amigo Alejandro de Miguel. El diseñador no creó un único vestido para ella, sino tres modelos diferentes para acompañar los distintos momentos de la jornad

Para la ceremonia eligió el más especial. Su vestido mantenía el espíritu andaluz de toda la celebración mediante una interpretación elegante del estilo goyesco. Confeccionado en seda natural y bordado en guipur, presentaba una favorecedora silueta sirena y escote en V tanto en la parte delantera como en la espalda. La espectacular cola alcanzaba los tres metros y medio.

Uno de los detalles más sentimentales estaba escondido en el velo amantillado. Beatriz llevó prendidos unos antiguos alfileres que le había prestado María José Campanario y que su cuñada había utilizado también el día de su propia boda. El look se completaba con unos salones forrados en la misma tela del vestido, pendientes largos y un ramo de inspiración provenzal realizado con flores rosas y hojas verdes

Para el cabello escogió un recogido bajo con ondas, mientras que el maquillaje se mantuvo en tonos suaves. Todo contribuía a conseguir una imagen romántica que encajaba perfectamente con el ambiente campestre de la ceremonia.

Víctor Janeiro tampoco necesitó buscar demasiado lejos para encontrar inspiración.El torero llegó acompañado por su madre, Carmen Bazán, y eligió casarse vestido de corto con un diseño negro de Justo Algaba. Una elección que convertía su profesión en parte de su look nupcial y reforzaba todavía más el carácter taurino de la celebración.

Pero ninguno de los dos terminó la fiesta vestido como había comenzado. Beatriz había preparado otros dos diseños de Alejandro de Miguel para el convite y el baile. En la parte final de la celebración apostó por una propuesta mucho más divertida y pensada para moverse con libertad, un vestido corto con escote asimétrico y manga larga de tul bordado con pedrería.

La falda también evolucionó durante la fiesta hasta una versión de flecos blancos por encima de la rodilla, que multiplicaban el movimiento mientras bailaba. Para completar la transformación, Beatriz soltó su melena. Víctor siguió su ejemplo y dejó atrás el traje corto para ponerse un traje de chaqueta acompañado por chaleco y corbata granate.