Madrid Fusión 2026: del mejor cruasán de salmón a la cocina líquida de Dabiz Muñoz
La primera jornada de Madrid Fusión se convirtió en un teatro de sombras y luces donde los maestros dictaron cátedra
Y también en Madrid Fusión: La mejor croqueta de jamón de España
Como diría Gabriel García Márquez, “la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla”. Y lo que hoy se ha vivido en los pabellones de Ifema no es solo un congreso; es el recuerdo futuro de una gastronomía que ha decidido, de una vez por todas, abrazar el mundo entero sin soltar la mano de sus raíces.
La primera jornada de Madrid Fusión ha amanecido con el pulso acelerado de las grandes citas. Bajo el mando de Benjamín Lana y José Carlos Capel, el discurso inaugural no ha sido un protocolo, sino un manifiesto. Han proclamado que estamos ante la edición más global, un crisol donde el pensamiento culinario ya no entiende de fronteras, sino de alma. El "mejor congreso del mundo" ha desplegado sus velas con un ímpetu que solo se siente cuando la pasión y la técnica se funden en un mismo abrazo.
Un escenario de gigantes y sueños líquidos
El auditorio se convirtió en un teatro de sombras y luces donde los maestros dictaron cátedra. Dabiz Muñoz, ese alquimista de la cresta eterna, nos sumergió en su "cocina líquida", donde el límite entre el sorbo y el bocado se desvanece como el rocío al alba. La cocina dulce-salada de Joan y Jordi Roca se presentó como el nuevo equilibrio de las esferas, un juego de espejos. Albert Adrià demostrando que la vanguardia se mide en experiencias. Los genios de Disfrutar manejando sus técnicas y sus ideas con una precisión casi poética.
Ferran Adrià, siempre un paso por delante del tiempo, volvió a ponernos frente al espejo, recordándonos que el epicentro de todo no es el fuego, sino el comensal, porque sin alguien al otro lado del plato, no existe revolución. Mientras, Quique Dacosta dibujaba paisajes marinos y los Hermanos Torres elevaban el producto a la categoría de arte familiar. Desde el sur, Juan Viú trajo el aroma de la marea y la memoria.
Y de repente, Brasil. Río de Janeiro entró en Madrid Fusión con una alegría desbordante, recordando que la cocina también es fiesta, calle, mestizaje y emoción compartida.
Diego Rossi, el hombre que prefiere pensar como “cuoco” (cocinero) más que como chef en sentido tradicional, enfocándose en la sustancia de la cocina más que en la forma. Demostrando que la sencillez italiana es, en realidad, una complejidad bien entendida.
Dreams: El oráculo del mañana
En el espacio Dreams, la reflexión se hizo carne. Fue el lugar de las preguntas punzantes: ¿Hacia dónde camina la cocina unipersonal? ¿Sobrevivirá el calor del hogar al avance de los ultraprocesados? Se habló de la nueva economía del plato y de quiénes son los nuevos faros que guían a la juventud. No hubo respuestas fáciles, solo la honestidad de quienes saben que el futuro se cocina a fuego lento, pero con ideas rápidas.
“No hay amor más sincero que el amor a la comida", sentenciaba George Bernard Shaw, y en Dreams ese amor se diseccionó para entender cómo evitar que las cocinas desaparezcan de nuestros hogares.
Victorias que saben a gloria y brindis de hermandad
La competición, ese nervio necesario, nos dejó dos nuevos templos de peregrinación:
Salino se coronó en el arte de la croqueta, ese pequeño milagro crujiente que es patrimonio emocional de todos.
L’Atelier de Barcelona elevó el cruasán a la categoría de joya arquitectónica de mantequilla.
El vino, ese "hijo de la tierra y del sol", protagonizó momentos de una complicidad exquisita. Las catas por parejas de ilustres cocineros fueron más un diálogo entre amigos que una lección técnica, una radiografía líquida de una España vinícola que late con más fuerza que nunca.
Con Jerez brillando como la gran capital gastronómica del año y Aragón regalándonos su nobleza como comunidad invitada, Madrid Fusión ha cerrado su primer día recordándonos que, al final, la gastronomía es el arte de compartir la felicidad.