Opinión

Apunta estos nombres: Javier Ochoa y Garikoitz Arruabarrena, los cocineros revelación de Madrid Fusión 2026

Javier Ochoa y Garikoitz Arruabarrena son los chefs revelación de Madrid Fusión 2026. Cedida
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Una jornada de clausura que empezó con Madrid vestida de blanco, con la nieve complicando accesos, retrasando acreditaciones y convirtiendo los alrededores de Ifema en una postal casi nórdica. Pero ni el frío ni el tráfico pudieron frenar lo inevitable: la cocina volvía a ser, una vez más, el mejor refugio.

Dentro, el calor lo pusieron los premios. Los de siempre, los esperados, y también los que marcan tendencia, termómetro perfecto de por dónde respira hoy la gastronomía.

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El Mejor Stand fue para 1001 Sabores, Región de Murcia, una propuesta que convirtió el producto en relato, el territorio en discurso y el sabor en argumento principal. Murcia, sin artificios, demostrando que la identidad también se puede montar en formato feria.

El Premio Sostenibilidad Revelación recayó en Tramo (Madrid), uno de esos proyectos que entienden que la sostenibilidad ya no es un apellido, sino el verbo central de la cocina contemporánea. Cocinar mejor pasa, inevitablemente, por cocinar con menos impacto.

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El Premio Sala Revelación fue para Adrián Fernández de Lera, confirmando que la experiencia gastronómica no se juega solo en la cocina, sino también en el gesto, en el ritmo, en la forma de contar un plato sin decir una palabra.

Como Pastelero Revelación, el jurado distinguió a Miguel Yeste, representante de una nueva generación que entiende la pastelería como territorio creativo, técnico y emocional a partes iguales.

El título de Chef Europeo del Año fue para Albert Adrià, un nombre que ya no necesita presentación. Adrià sigue siendo sinónimo de vanguardia, pero también de madurez, de un talento que ha aprendido a mirar atrás sin dejar de caminar hacia adelante. Su discurso de agradecimiento fue pura emoción y, buscando (como siempre dice su hermano Ferrán) “la fotografía que no tiene nadie”, subió a su hijo al escenario para compartir el premio. Padre e hijo se fundieron en un abrazo que fue, sin discusión, uno de los momentos más hermosos y auténticos de todo el certamen. Porque, como escribió Saint-Exupéry, “lo esencial es invisible a los ojos”. Y pocas cosas más esenciales que un padre orgulloso compartiendo escenario con su hijo.

Cocinero Revelación 2026: Javier Ochoa y Garikoitz Arruabarrena, de Masta Taberna (Zarautz).

El premio más importante de Madrid Fusión, el que históricamente ha sabido leer el pulso de cada momento, volvió a acertar. En su día fue Dabiz Muñoz en plena explosión creativa, luego Rodrigo de la Calle anticipando la cocina vegetal, después Camila Ferraro como acto de justicia histórica. En los últimos años, el foco se ha desplazado hacia proyectos pequeños, pegados a la tierra.

Y ahí encaja Masta como un guante.

Un espacio modesto, carta corta, sabores reconocibles y una cocina que mira al pasado sin nostalgia y al presente sin complejos. Tradición sin dogmas, producto sin exhibicionismo, técnica sin ruido. Una de las alegrías más limpias de la nueva cocina vasca.

En paralelo, el congreso también celebró el Mejor Escabeche, que fue para Caleña (Ávila), el restaurante que lidera Diego Sanz. El plato ganador, Zanahoria–codorniz–escabeche–vino dorado, puede degustarse en su menú Tresbolillo y consolida a Caleña como uno de los proyectos jóvenes más sólidos del panorama nacional. Cocina de raíz, con mirada contemporánea y discurso propio.

Uno de los momentos más emotivos de la jornada llegó con el Premio Alimentos de España a la Defensa del Producto, entregado por el ministro Luis Planas a José Gordón, alma de El Capricho, en Jiménez de Jamuz (León).

Gordón es el hombre que convirtió el buey en relato gastronómico. Compró el primero en Galicia y terminó transformando una bodega-merendero en un templo del producto. Durante los incendios del pasado verano en Ourense y León, soltó a sus animales para salvarlos del fuego. Porque para él no son solo carne: son territorio, memoria, forma de vida.

Benjamín Lana definió El Capricho como “uno de esos lugares de reflexión, como los monasterios medievales”. Un refugio rural en un mundo acelerado. Gordón dedicó el premio a los pequeños empresarios que sostienen, con esfuerzo silencioso, la España agrícola y despoblada. Y es que, como escribió el poeta alemán Jean Paul, “la memoria es el único paraíso del que no podemos ser expulsados”. En Jiménez de Jamuz, la memoria se cocina con brasas de tiempos lentos.

En el espacio Dreams, la gastronomía se puso seria. Enrique Pérez (El Doncel)Cristina Soler y Pilar Pascual abordaron la cocina en la era del cambio climático y fueron claros: el futuro pasa por una transformación forzosa hacia la sostenibilidad. Compra local, producto de temporada, reducción de huella de carbono. Lo llamaron “cocina inteligente”, pero en realidad es puro sentido común.

También hubo espacio para la ciencia. El biólogo marino Carlos Duarte, referencia mundial, habló sobre la sal como elemento esencial en la historia humana. Condimento desde hace 5.000 años, conocida desde hace al menos 14.000. Moneda en la antigüedad, aliada de la salud hoy, protagonista incluso en soluciones energéticas y constructivas. “La sal está viviendo un renacimiento”, sentenció. Y nadie lo discutió.

Así se cerró Madrid Fusión.

Con nieve fuera y fuego dentro.

Con premios, discursos, ciencia, emoción y territorio. El congreso gastronómico más prestigioso del mundo se despide contando ya los días del futuro que le llevarán a cumplir 25 años. Un cuarto de siglo cocinando el futuro. Porque, al final, la cocina es un idioma que se habla con el estómago, pero se entiende con la memoria.