¿Saltarse la cena es buena idea para adelgazar?

Se supone que por la noche el cuerpo descansa y no quema calorías, así que lo que comemos “engorda” más, aunque las cosas no son tan simples
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El estrés, el trabajo, el cansancio, la falta de tiempo… Muchas veces llegamos a la hora de cenar sin ganas ni tiempo de cocinar. Ante esta situación, hay quien echa mano de productos listos para consumir, pero el problema es que a veces son muy pesados y nos sientan mal, así que dormimos fatal. A esto podemos sumar la preocupación por nuestro peso y añadir algunas creencias infundadas, como la que dice que nuestro cuerpo no necesita energía cuando duerme.
Si juntamos todo eso, es fácil entender por qué muchas personas deciden saltarse la cena. Parecen todo ventajas: ahorramos el tiempo y el esfuerzo de cocinar y recoger los platos, ahorramos dinero, nos vamos a la cama sin esa pesadez de una cena copiosa y además se supone que nos sirve para adelgazar. Parece un plan sin fisuras, pero es necesario tener en cuenta algunas cuestiones importantes.
No todas las calorías son iguales
Hay una idea que se repite hasta la saciedad: “para adelgazar solo hay que ingerir menos calorías de las que gastamos”. De ahí que muchas personas piensen que dejar de cenar es la solución definitiva para perder peso. Pero la realidad es más compleja.
En primer lugar, es cierto que las calorías cuentan, pero debemos considerar que no todas las calorías son iguales. Es decir, lo es lo mismo obtener 500 kcal. a partir de un plato de merluza con guisantes, que hacerlo a partir de una pizza de jamón y queso con salsa barbacoa. Porque más allá de las calorías, lo importante son los alimentos que ingerimos. Sus nutrientes son diferentes y no tienen el mismo efecto sobre nuestro organismo.
Por ejemplo, en una pizza como esa encontramos harinas refinadas, grasas saturadas, azúcar, mucha sal, muchas calorías en relación con el peso del producto y muy pocos nutrientes interesantes. Sin embargo, en el otro plato encontramos proteínas de alto valor biológico, grasas saludables, hidratos de carbono complejos, vitaminas, minerales, etc. Es decir, obtenemos nutrientes mucho más interesantes y que tienen un efecto diferente sobre nuestro organismo.
El déficit energético
En principio, es cierto que el déficit energético ayuda a perder peso. Desde ese punto de vista, dejar de cenar sí podría resultar útil para lograr ese fin. Pero es fundamental tener presente que saltarse una comida no garantiza automáticamente que vayamos a tener un déficit de energía. Y es que muchas personas compensan inconscientemente ese ayuno de diferentes formas; por ejemplo, comiendo más en el desayuno del día siguiente, levantándose por la noche a picar algo o comiendo alimentos más calóricos a lo largo del día. Así que en esos casos no lograremos ese fin. Pero hay otras cuestiones aún más importantes.
La relación con la comida
En muchos casos, saltarse la cena puede ser contraproducente por diferentes motivos. Por ejemplo, puede hacer que tengamos más hambre por la noche o que tengamos más dificultades para conciliar el sueño.
Aunque hay otros riesgos más preocupantes. Y es que ese ayuno nocturno puede hacer que tengamos una mala relación con la comida; por ejemplo, puede favorecer los atracones y las relaciones rígidas y restrictivas. Así que, en definitiva, puede aumentar el riesgo de sufrir un trastorno de la conducta alimentaria, un problema de salud que puede llegar a ser muy grave.
¿Cenar engorda?
Se suele decir que la cena engorda porque por la noche nuestro cuerpo no quema calorías, dado que estamos en reposo. Pero esto no es cierto. Nuestro organismo necesita energía continuamente para llevar a cabo funciones básicas, como la respiración o la actividad cerebral. Aunque, obviamente, el requerimiento no es tan alto como en otros momentos del día.
En cualquier caso, no tiene sentido decir que la cena engorda. Y tampoco es conveniente pensar en esos términos. Lo que sí debemos tener en cuenta es lo que señalamos anteriormente: el tipo de alimentos que consumimos, además de la cantidad. Porque no es lo mismo cenar media pizza que comer un poco de pescado.
¿Qué hacemos entonces?
Quizá lo primero que deberíamos hacer es dejar de centrarnos en el peso y no obsesionarnos con la comida ni con las calorías. También convendría no seguir hábitos demasiado rígidos y dejar de martirizarnos con lo que comemos.
Se trataría simplemente de comer cuando tengamos apetito, centrando nuestra atención en la elección de los alimentos: que sean interesantes desde el punto de vista nutricional, que sean variados y que nos gusten. Si a eso le añadimos la práctica de actividad física de forma regular, seguro que comenzaremos a encontrarnos mejor, que es, de definitiva, lo que de verdad debería importarnos.
