¿Existen los alimentos “quemagrasas”?
Se suele decir que hay alimentos que sirven para adelgazar y perder esos kilos que nos sobran, pero lo cierto es que no hay alimentos que quemen la grasa corporal
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Vivimos en un entorno donde abundan los alimentos ultraprocesados y los malos patrones alimentarios. Eso, sumado a muchos otros factores, como la falta de tiempo, ha hecho que en las últimas décadas aumenten significativamente los índices de sobrepeso y obesidad. Mientras tanto, también ha aumentado el culto al cuerpo, es decir, la preocupación por nuestro aspecto físico, pero no por una cuestión de salud, sino simplemente de imagen.
Ante este panorama, es comprensible que haya cada vez más interés en dietas de adelgazamiento y alimentos que supuestamente nos ayudan a “quemar” grasa. Suena atractivo, pero la realidad es más compleja.
¿Qué significa “quemar grasa”?
Nuestro cuerpo acumula grasa como reserva de energía. Cuando se habla coloquialmente de “quemar” grasa, en realidad se hace referencia a la oxidación de la grasa. Se trata de un proceso metabólico mediante el cual nuestro organismo utiliza los ácidos grasos como fuente de energía.
Para que esto suceda de forma relevante y sostenida a lo largo del tiempo debe darse una condición necesaria: que haya un déficit energético. Es decir, que gastemos más energía de la que ingerimos a través de la dieta.
No hay ningún alimento que pueda saltarse esa condición ni que por sí solo provoque o favorezca esa oxidación de grasas de forma significativa, así que podemos decir que no existen los alimentos “quemagrasas”.
¿De dónde surge la idea de que hay alimentos “quemagrasas”?
El mito de los alimentos “quemagrasas” se apoya básicamente en tres ideas que son ciertas, pero que se exageran:
El efecto termogénico
Algunos alimentos, como los que son ricos en proteínas o algunos de los que son picantes (por contener sustancias como la capsaicina) aumentan ligeramente el gasto energético durante la digestión. Pero el efecto es tan pequeño que resulta irrelevante, sobre todo si hablamos de “quemar” grasa.
La estimulación del metabolismo
Hay sustancias como la cafeína que pueden aumentar de forma modesta la oxidación de grasas a corto plazo. Pero estamos en un caso parecido al anterior: el efecto es prácticamente irrelevante. Sobre todo porque el cuerpo se adapta y el efecto desaparece.
El bajo aporte energético
Algunos alimentos como la piña aportan muy pocas calorías, así que si basamos nuestra dieta en comer solo frutas como esta, tendremos un d éficit energético, lo que puede favorecer la pérdida de grasa. El problema es que eso no es sostenible en el tiempo y puede conllevar muchos efectos adversos. Por ejemplo, déficit de nutrientes, con todo lo que eso implica (pérdida muscular, fatiga, alteraciones hormonales, etc.), y una mala relación con la comida (puede favorecer el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria).
Cuidado con los remedios milagrosos
Seguir ese tipo de remedios milagrosos no es inocuo. Puede tener consecuencias negativas para la salud, tal y como mencionamos anteriormente: frustración, carencias nutricionales, mala relación con la comida, etc.
Incluso puede causar el efecto contrario. Por ejemplo, si seguimos una dieta restrictiva, en un primer momento podremos perder mucho peso, pero después nuestro cuerpo se adapta al déficit energético y la pérdida de peso se ralentiza. Como vimos antes, ese tipo de dietas no son sostenibles en el tiempo: no podemos pasar tres semanas comiendo solo piña. Así que cuando volvemos a nuestra dieta habitual recuperamos el peso que teníamos y ganamos aún más, debido a que nuestro cuerpo sigue en esa fase “ahorrativa”. Además solemos retomar nuestra dieta anterior con ansiedad, de modo que comemos mucha cantidad de comida.
En definitiva, ese tipo de remedios mágicos, además de resultar inútiles y ser peligrosos para la salud, pueden tener efecto rebote.
¿Qué podemos hacer entonces para perder grasa?
Si queremos o necesitamos perder grasa, es importante tener presente que no existen las soluciones mágicas, menos aún en forma de alimentos “quemagrasas”. Lo que sí podemos hacer es seguir ciertas estrategias, como las siguientes:
- Mantener un patrón alimentario que sea sostenible en el tiempo y adecuado, formado por alimentos con interés nutricional que cubran todas nuestras necesidades.
- Mantener un déficit energético moderado.
- Realizar actividad física de forma regular, incluyendo ejercicios de fuerza para evitar la pérdida de masa muscular.
En cualquier caso, es fundamental que nos planteemos si realmente necesitamos perder grasa y por qué. Entre otras cosas, porque conviene no centrarse en el peso ni en el aspecto, sino en el seguimiento de unos hábitos saludables para mantener un buen estado de salud. Además, llegado el caso, conviene recibir asesoramiento de un profesional sanitario, y más concretamente de un dietista-nutricionista.