Ariadna Jordà, la nutricionista que dejó de comer animales tras ver un documental: "Lo que más me costó fue el queso"

En su nuevo libro, 'La alimentación que nos salvará', propone al lector que apueste por un enfoque 100% vegetal
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Tanto si quieres reducir el consumo de productos de origen animal como si te preocupa no estar ingiriendo las proteínas o vitaminas suficientes, deberías darle una oportunidad al debut literario de la nutricionista Ariadna Jordà. También si, simplemente, te despierta algo de curiosidad que exista una forma de comer, según la autora, más sostenible y saludable. En este libro (Espasa) encontrarás la información y las herramientas necesarias para tomar decisiones conscientes relacionadas con estos temas. El objetivo de esta catalana, que dejó de comer carne en 2017, es que el lector -a través de diferentes menús y recetas- pueda descubrir todo lo que una alimentación basada en plantas puede hacer no solo por él, pero también por los animales y el planeta en su conjunto.
En palabras de la propia autora, se trata de "una invitación a entender la nutrición vegetal desde la ciencia y el sentido común". También debes saber que Ariadna (@ariadnajorda en redes sociales) es graduada en Nutrición Humana y Dietética por la Universidad de Barcelona, y además tiene un máster en Nutrición y Metabolismo por la Universidad Rovira i Virgili.
Más tarde complementaría sus estudios con diversos cursos de especialización en nutrición deportiva y vegetariana, así como con un posgrado en nutrición deportiva basada en plantas. Lleva casi 10 años estudiando y promoviendo una alimentación vegetal saludable y completa y en Instagram o Tik Toks e dedica a divulgar y compartir su conocimiento y experiencia acerca de la nutrición.
El verano de 2017 dejaste de comer animales. ¿Qué te llevó a tomar esa decisión? ¿Fue algo muy meditado o fue más un impulso?
Siempre he sido una persona muy empática y con mucha conciencia sobre el mundo en el que vivimos, pero el tema de la explotación animal siempre ha sido algo bastante delicado para mí, A día de hoy me cuesta ver ciertas imágenes, aunque me obligo a hacerlo para ser consciente de la realidad que viven los animales que forman parte del sistema alimentario. Por este motivo no fui capaz de iniciarme en esta alimentación poniendo el foco en la explotación animal, porque prefería no pensar en ello para no pasarlo mal (algo de lo que ahora mismo no estoy orgullosa, ya que el foco no debería estar en mí, sino en ellos). Pero lo que me hizo iniciarme por esta alimentación fue el documental de 'Cowspiracy', que está más centrado en el impacto medioambiental de la ganadería. Vi el documental por la tarde y por la noche fui a una hamburguesería donde decidí pedir una hamburguesa vegetal, y desde ese día no he consumido más carne.

Después de casi 10 años alimentándote de otra manera, ¿en qué has notado cambios más importantes?
Los cambios que he notado son muy difíciles de atribuir a la alimentación, pero cuando dejé de comer animales justo iniciaba un máster que era entre Barcelona y Tarragona, trabajaba en el almacén de una tienda deportiva donde entraba a las 6 de la mañana... Y, aunque trataba de seguir una alimentación completa y saludable, mis horarios eran caóticos y tampoco tenía mucho tiempo para entrenar. Durante los años posteriores, al tener ya mayor estabilidad, he ido pudiendo priorizar los entrenamientos, seguir una alimentación completa y no quedarme corta siempre por no llevar suficiente comida en el táper. Todo eso ha hecho que haya podido rendir perfectamente en mis entrenamientos, llegando a hacer mi primera maratón a 4:44 min/km. Nunca he tenido problemas de salud que se pudieran explicar por una mala alimentación, nunca he tenido deficiencias de ningún tipo y mi densidad mineral ósea se encuentra por encima de la media (comprobado por una densitometría). La relación con lo que como nunca ha sido mejor, porque sé que no contribuyo a que ningún animal sufra con ella.
¿Cómo fue esa transición? ¿Hubo algún momento en el que te replantearas dar marcha atrás?
Mi camino ha sido una transición paulatina: primero decidí dejar la carne y el pescado, y varios años después fueron los huevos y los lácteos. Como he mencionado antes, siendo totalmente egoísta, no me informé en profundidad sobre lo mucho que sufren los animales para acabar en nuestro plato, aunque ni siquiera tiene por qué terminar en nuestro plato. De hecho, separar a un recién nacido de su madre para quedarnos con su leche me parece un acto especialmente cruel, y ver las imágenes de cómo las madres gimen durante días buscando a su hijo es devastador. Nunca me replanteé dar marcha atrás. Aunque sí que hubo un producto que me costó más dejar, el queso, ya que me gusta especialmente su sabor, pero sabía que en algún momento del proceso dejaría de ser difícil prescindir de él, y dejó de serlo.
Si tuvieras que elegir tres argumentos súper sólidos para conseguir que alguien se replantee sus hábitos alimenticios. ¿Qué le dirías?
Primero le preguntaría sobre si sus creencias alimentarias son suyas o bien heredadas. No nos cuestionamos lo que comemos por un tema de costumbre, pero no porque realmente estemos de acuerdo con el sistema que hemos construido. Si nos paráramos a pensar en el sufrimiento que implican nuestras decisiones alimentarias en seres que sienten dolor, miedo y angustia quizás cambiaríamos de opinión. Luego le diría que una alimentación 100% vegetal es perfectamente saludable y que, de hecho, se relaciona con mayor longevidad y menor riesgo de enfermedades no transmisibles como cardiovasculares, metabólicas, cáncer... Muchas instituciones médicas y de nutrición avalan que este tipo de alimentación es saludable en cualquier etapa de la vida (si se hace de forma correcta, por supuesto). Y por último le hablaría de lo poquísimo eficiente que es este sistema alimentario, en el que cultivamos grano para dárselo a un animal que luego nos acabaremos comiendo. Si ese cultivo fuera destinado a nuestra alimentación disminuiría nuestro consumo de tierra, de agua y nuestra emisión de gases de efecto invernadero. Te lo digo en números: 1kg de proteína derivada de alubias comparado con 1kg de proteína de ternera necesita 18 veces menos tierra, 10 veces menos agua, 9 veces menos combustible, 12 veces menos fertilizante y 10 veces menos pesticidas.
¿Crees que aquellos que se alimentan de proteína animal pueden sentirse de algún modo señalados?
En el momento en el que ponemos sobre la mesa que se puede estar perfectamente saludable siguiendo una alimentación 100% vegetal y hay personas que no lo hacen, eso incomoda, pero siempre he intentado que mi forma de comunicar sea lo más asertiva posible, ya que mi objetivo es que estén abiertos a escuchar y a aprender que otros escenarios son posibles. Desde la confrontación difícilmente conseguiremos convencer a alguien, y lo digo por experiencia. Pero si exponemos los datos de una forma fácil de entender, amigable y, sobre todo, damos herramientas, como por ejemplo recetas vistosas y sabrosas, conseguiremos que se acerquen poco a poco a este tipo de alimentación, que no deja de ser el objetivo final.
¿Y qué opinas de la comunidad vegana que se empeña en 'veganizar' platos tradicionales? Me refiero a las hamburguesas plant-based y ese tipo de recetas.
Me parece que hacen un trabajo maravilloso. La lucha contra la explotación animal no es algo que esté exclusivamente en nuestro plato, si no que podemos encontrar productos de origen animal en ropa, cosméticos, incluso bolígrafos. Pero no nos engañemos: lo que más cuesta y lo que más hacemos en nuestro día a día es comer, por eso creo que acercar la comida vegetal a aquellas personas que siguen una alimentación tradicional me parece fantástico. La comida es también algo cultural y social y queremos hacerlo lo más fácil posible. Todavía me acuerdo del día que me hice unas pilotes caseras con soja texturizada para Navidad, no quería ser la que se quedara sin escudella con pilotes, así que decidí preparar mi propia opción 100% vegetal.
Tienes antepasados que se dedicaban a la ganadería. ¿Cómo reaccionó tu entorno más cercano cuando decidiste dar este paso?
Mi familia más cercana siempre me ha apoyado en mi decisión y, al ser nutricionista, no podían usar el típico argumento de que iban a faltar nutrientes y todo eso. Porque sabían que tenía herramientas más que de sobra para contradecirlos (risas). Pero sí, para mí no fue fácil tener que rechazar la comida que preparaba mi abuela con todo su amor, sabía que a ella le ponía triste que yo tuviera que traer mi comida o prepararme algo rápido, y que no pudiera participar de lo que ella había hecho. Pero respetaba mi decisión y nunca me hizo sentir mal por ello.
Insistes mucho en que sentirse culpable no es lo que funciona a la hora de adquirir un compromiso sostenible en el tiempo, pero me imagino que al principio es inevitable.
Sí, yo muchas veces me sentí culpable, pero cuando yo ya había tomado la decisión y no me veía capaz de poner límites a las personas de mi alrededor. Por ejemplo, yo ya había decidido no comer huevos, pero me invitaban a comer y me preparaban una tortilla, y resultaba que por no hacer sentir mal a la persona que me había preparado la comida, acababa comiéndolo, pero era más bien una cuestión de límites que no era capaz de marcar. Cuando hablo de que la culpabilidad no es un iniciador del cambio, me refiero a que debes encontrar un por qué en positivo. Por ejemplo, la lucha contra la explotación animal, cuidar el planeta, seguir una alimentación más saludable, querer rendir más en tus entrenamientos... Todo lo que nazca desde la culpa considero que tiene una vida útil muy corta, ya que podemos acabar teniendo una mala relación con nuestra alimentación.
Como dices en el libro, no es nada fácil llevar una dieta 100% vegetal. Sobre todo si te gusta salir a comer fuera. ¿Nos darías algunas direcciones interesantes?
¡Claro! Si quieres unas hamburguesas clásicas, con su queso, su bacon... Mad Mad Vegan es mi sitio favorito, que está tanto en Madrid como en Barcelona. También me encanta el restaurante Choose, que es un italiano 100% vegetal que está también en Madrid. Al lado está The Vegan Roll, donde el sushi está increíble, y para pizzas, recomiendo el Pizzi & Dixie. El restaurante Vega es otro de mis favoritos. Y de Barcelona me gusta mucho Desoriente, donde el sushi también está espectacular. Para tapas tradicionales 'veganizadas' suelo ir a Velada, y para un menú rico y asequible, apuntad Aguaribay.
