La mesa española, a análisis: ¿comemos mejor ahora o hace 40 años?

Una idea explotada habitualmente por las empresas, que utilizan en su publicidad diferentes conceptos que nos transportan a ese pasado idílico
Comer 'perfecto' también puede ser un problema
Cuántas veces habremos oído, o incluso dicho, aquello de que deberíamos comer como lo hacían nuestros padres y nuestros abuelos, que antes sí que se comía bien, que era todo más natural… Pero antes de asumir si eso es cierto, conviene analizarlo porque la realidad es más compleja.
Cuidado con la nostalgia
Si hacemos una encuesta a pie de calle para preguntar a la gente por la comida que más le gusta, es probable que muchas personas mencionen platos que les cocinaban sus madres y sus abuelas y que comían durante su infancia. No es de extrañar porque la comida está estrechamente ligada con las emociones. Además, solemos pensar que todo tiempo pasado fue mejor. Así que tendemos a romantizar e idealizar los alimentos y las comidas que disfrutábamos en otros tiempos.
Esa idea es explotada habitualmente por las empresas, que utilizan en su publicidad diferentes conceptos que nos transportan a ese pasado idílico: “tradicional”, “receta de la abuela”, etc. Pero lo cierto es que el pasado no era tan bonito como solemos recordar. En cualquier caso, hay mucho que matizar.
Más fraudes y menos seguridad alimentaria
Para saber si antes comíamos mejor, primero hay que concretar a qué nos referimos exactamente porque la alimentación engloba diferentes aspectos.
Si hablamos de seguridad alimentaria, no cabe ninguna duda de que antes estábamos mucho peor. A años luz de lo que hoy conocemos. Apenas había controles y no se aplicaban los protocolos y medidas que actualmente son obligatorias para asegurar la inocuidad de los alimentos a lo largo de toda la cadena alimentaria. Paradójicamente, muchas personas tienen la sensación contraria: como ahora se notifican muchas más alertas alimentarias que en el pasado, piensan que hay más problemas con la seguridad de los alimentos. Pero precisamente hay más alertas porque hay más control. Cuando no se controlaba nada, todo pasaba desapercibido y se tenía una falsa sensación de seguridad.
Con los fraudes ocurre otro tanto de lo mismo. Un ejemplo muy recurrente es el de la leche: hace décadas, muchos vendedores añadían agua u otras sustancias para tratar de sacar más rentabilidad.

Mayor disponibilidad de alimentos
Otro aspecto importante que debemos tener en cuenta es que la disponibilidad y la variedad de alimentos es mucho mayor que en el pasado. Para comprobarlo solo tenemos que entrar en cualquier supermercado. Encontraremos una oferta de alimentos enorme, que además están a nuestro alcance en cualquier época del año.
Además, muchos de ellos nos permiten ahorrar tiempo y esfuerzo en la cocina porque se venden listos para consumir.
¿Ha empeorado nuestra dieta?
Pero cuando nos preguntamos si comemos mejor que en el pasado, normalmente nos referimos a la elección de alimentos que forman parte de nuestra dieta. En ese sentido sí que hemos ido a peor. No es de extrañar, porque, como mencionamos antes, la oferta de alimentos es mucho mayor que en el pasado, y entre ellos se encuentran los ultraprocesados. Es decir, productos elaborados básicamente a partir de harinas refinadas, azúcar, sal, grasas de mala calidad nutricional, etc.: refrescos, bollería, chocolates, etc. Muchos de ellos ya existían hace décadas, pero ahora están por todas partes. Eso ha contribuido a incrementar su consumo.
Para hacernos una idea, en los últimos treinta años, el consumo de estos productos se ha aproximadamente triplicado en España, según estudios publicados en The Lancet.
Entonces ¿cuál es el veredicto?
En resumen, podríamos decir que hemos mejorado en muchos aspectos con respecto a décadas atrás:
- Tenemos una oferta mucho mayor de alimentos, de los que podemos disponer durante todo el año
- Muchos de ellos están listos para consumir, con el ahorro de tiempo y esfuerzo que eso supone
- Las características de muchos son significativamente mejores: por ejemplo, judías verdes sin hebras, sandías sin semillas, etc.
- La legislación y los controles han mejorado mucho, así que disponemos de más información (por ejemplo, en la etiqueta), más seguridad alimentaria y menos fraudes
- En general, nuestra elección de alimentos ha empeorado: en los últimos treinta años se ha triplicado el consumo de alimentos ultraprocesados.
