Bienestar

¿Por qué los tomates de mi súper son bonitos pero no tienen sabor?

Nuestro experto en alimentos, Miguel Ángel Lurueña, analiza este fenómeno. Getty Images
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Encontrar tomates con aroma y sabor parece a veces una misión imposible. Son muy bonitos, con un color rojo muy vistoso y una forma y tamaño idénticos. Pero, a la hora de la verdad, no saben a nada. Esto puede ocurrir por varios motivos, como los que mostramos a continuación.

Variedades que dejaron atrás el sabor

Se suele decir que comemos con los ojos. Y en buena parte es cierto. El aspecto de los alimentos tiene mucha importancia. Por una parte, influye sobre las sensaciones que percibimos en nuestro cerebro cuando los comemos: sabor, aroma, textura, etc. Pero no solo eso: el aspecto también influye en nuestras decisiones de compra. Por ejemplo, en el caso del tomate, generalmente buscamos que tenga un color rojo brillante, una superficie lisa y sin imperfecciones y una forma homogénea. 

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Los productores lo saben bien, así que todo eso se tuvo en cuenta a la hora de desarrollar nuevas variedades. Por ejemplo, se priorizó el color para que el tomate resultara más atractivo. De ese modo se vendería mejor. También se priorizó la textura para lograr que los tomates fueran más firmes y resistieran mejor el transporte, reduciendo así el desperdicio.

En definitiva, se centró la atención en estas dos características, el color y la textura, lo que repercutió negativamente sobre el aroma y el sabor, que quedaron relegados a un segundo plano. Afortunadamente, hoy en día esto ya se tiene en cuenta a la hora de desarrollar nuevas variedades, donde se priorizan el aroma y el sabor.

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¿Están maduros?

La variedad no es el único factor que explica la ausencia de aroma y sabor en un tomate. Influyen además algunos otros, como el grado de maduración. Los tomates comerciales suelen recolectarse antes de que estén en su momento óptimo de maduración. Se hace así para que puedan tener una vida útil más larga y no se estropeen durante el tiempo que transcurre desde la cosecha hasta que los llevamos a nuestra casa.

El problema es que, cuando no se encuentran en el momento óptimo de maduración, todavía no han desarrollado todo su potencial de aroma y sabor: contienen una menor cantidad de azúcares, compuestos volátiles, etc. Además, resultan más firmes. En definitiva, al final acabamos comiendo tomates duros e insípidos.

¿Es el mejor momento para comprar tomates?

Nos hemos acostumbrado a comprar tomates en cualquier época del año. Esto es posible gracias a prácticas como el cultivo en invernadero, que permiten producir tomates durante todo el año. Pero, a pesar de eso, conviene recordar que el tomate, al igual que otros vegetales, es, en realidad, un producto estacional: cuando se aplican prácticas tradicionales, las cosechas se producen durante una determinada época del año. Concretamente en los meses de verano.

En ese periodo es cuando presenta mejores atributos, lo que incluye mejor aroma y sabor. Es decir que, si queremos los mejores tomates, conviene comprarlos en temporada.

El frío no se lleva bien con el tomate

Otro de los motivos que explica la ausencia de sabor y aroma en el tomate es el frío. 

Durante la distribución a veces se almacena a temperaturas de refrigeración para evitar su deterioro. Y muchas personas también lo hacen en casa. Es cierto que eso prolonga la vida útil del tomate, pero el frío dificulta la producción de compuestos volátiles, responsables del aroma y del sabor. Así que al final tenemos tomates insípidos.

¿Qué podemos hacer para disfrutar de tomates con aroma y sabor?

Después de todo lo que hemos dicho, podemos imaginar cuáles son las claves para poder disfrutar de tomates con aroma y sabor: 

  • Buscar variedades adecuadas: el típico tomate redondo, rojo intenso, de superficie perfecta, no suele tener mucho aroma ni sabor. Pero existen miles de variedades de tomate. Muchas de ellas sí tienen esas cualidades. Es cuestión de ir probando hasta dar con la que nos guste. 
  • Tener en cuenta el grado de maduración: si el tomate está inmaduro, tendrá poco aroma y poco sabor. Conviene tenerlo en cuenta a la hora de comprarlo. Si ya lo tenemos en casa, podemos esperar a que madure. También podemos acelerar ese proceso metiendo los tomates en una bolsa de papel junto a un plátano o una manzana. 
  • Considerar la temporada: los tomates están en su mejor momento entre los meses de junio y octubre. O mejor aún, entre julio y septiembre.
  • Al tomate no le gusta el frío. Es mejor no meterlos en el frigorífico.