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Las diseñadoras de uniformes gastro que están arrasando: "Queremos aportar frescura"

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Las diseñadoras Nagore Vitallé y Marta M. Soldevilla en su taller de Terrasa. (Foto: Bastida For Work)
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Los responsables de la tienda de quesos Formaje, Marqués de Murrieta, Hotel Neri, Museo Thyssen-Bornemisza, Gramona, Santa & Cole, Somni LA, Gofio, Charrúa, Balbosté (París), Park at Kims (Nueva York) o Fonda by Oficina, en el Stedelijk Museum (Ámsterdam), no pueden estar equivocados. Todas estas empresas buscaban uniformes que fueran algo más que ropa de trabajo, y eso es lo que hacen Marta M. Soldevilla y Nagore Vitallé desde que decidieron fundar Bastida For Work en un taller de Terrasa.

Estas dos mujeres, una barcelonesa y la otra bilbaína, ponen siempre todo su empeño en plasmar la identidad de cada proyecto en esas prendas de alta gama, sostenibles y diseñadas para durar que ya visten los trabajadores de restaurantes, bodegas, cafeterías y tiendas dentro y fuera de España.

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Nos hemos citado con Nagore para que nos muestre esos delantales icónicos y pantalones ajustables que cada día ganan nuevos adeptos en un sector que lo veía demandando hace tiempo y que, muy probablemente, terminarán creando escuela.

Un día cualquiera en la oficina de Marta y Nagore
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Y, obviamente, también hemos hablado del momento que atraviesa esta marca con fuerte arraigo por el territorio (Terrasa tiene una importante herencia textil) y que se desmarca de la gran mayoría porque apuesta por la calidad y los procesos responsables.

¿Qué proyectos de los que lleváis os han motivado especialmente?

En general, nos interesan lo proyectos más pequeños, porque suelen tener más cuidado por el servicio y por el producto que están dando. Tanto Gofio como Formaje, por ponerte dos ejemplos, son gente con ganas de aportar algo un poco diferente, que cuidan mucho lo local, se preocupan por preservar una cultura... Por eso al final les coges tanto cariño a todos (risas). Conectamos con proyectos así porque también cuidamos mucho nuestro oficio, intentando siempre comunicar el valor que tiene lo que hacemos. Y si vamos en sintonía con la persona con la que estamos trabajando, todo es más motivante. Pero esto no quita que haya clientes más grandes que igualmente estén apostando por hacer algo diferente.

Aida González posando con la ropa de trabajo diseñada para Gofio

Ya hay clientes que empiezan a reconocer vuestro estilo. ¿Cómo sienta esto?

Pues súper bien, la verdad (risas). Es justo lo que queríamos conseguir con nuestra colección, ya que hasta entonces solo trabajábamos en diseños a medida para empresas en los que volcábamos los valores de esa marca, no los nuestros. Y en la colección es donde se refleja nuestro universo y nuestra identidad. Marta es súper buena en dirección creativa y yo aporto todo lo relativo a las necesidades del cliente, de las personas que lo van a llevar en el día a día...

¿Y qué inspira a las chicas de Bastida? Hablemos de influencias...

Pues hacemos un poco mix, la verdad. Nos inspiramos en diseñadores que apuestan por lo funcional, el minimalismo... Te podría decir, por ejemplo, Jil Sander, o incluso una marca que es preciosa que se llama Toogood y que lanzaron dos hermanas. Una es arquitecta y la otra hace diseño de producto y de moda, y me gusta mucho lo que hacen porque también tiene esta parte artesana, con formas muy bonitas... Y, por supuesto, al principio nos inspiró mucho la Bauhaus, nos interesaba dar prioridad a la función sobre lo estético. Y nos pasaba algo parecido con la ropa de montaña y de esquí, donde siempre prima lo técnico.

¿Siempre tuvisteis claro que os queríais enfocar en el mundo de la hostelería?

Es que cuando nacimos, en 2020, apareció Clara Diez de (Formaje) y fue por esto por lo que nos encasillaron en este sector. Aunque nosotras ya teníamos en mente especializarnos en este área porque a Marta y a mí nos fascina. Es un servicio de cara al público al que le veíamos mucho potencial, por eso decidimos sacar la primera colección dedicada a hostelería, lo que no quita que puedas ver nuestras prendas, que son funcionales y polivalentes, en talleres. Justo ahora acabamos de trabajar con el Museo Thyssen-Bornemisza, por ejemplo.

Entonces, ¿podría darse el caso de que te encontraras el mismo uniforme en un taller y en un restaurante con estrella Michelin?

Totalmente (risas). Lo importante es que en el momento en el que la persona vaya a hacer su trabajo se sienta cómoda y que la herramienta esté bien cuadrada. Al final un delantal de medio, que es el típico delantal bistró, también lo pueden usar los del taller que trabajan el torno, les va súper bien porque tienen la abertura en el centro y les cubre todas las piernas. Nos parece súper divertido que cada gremio lo pueda hacer suyo, y este año queremos sacar varias cosas dentro de una colección nueva que irá en esta misma dirección.

¿Podemos decir que Clara Diez (Formaje) fue un poco vuestra musa en los inicios?

Más que musa, ha sido un poco portavoz en los inicios de Bastida, y también la persona que nos dio esa credibilidad. Ella es un encanto, siempre que vamos a Madrid intentamos vernos. Cuesta mucho encontrar a alguien que quiera realizar un proyecto tan completo y que comunique tan bien. Coincidió que nuestro trabajo encajaba muy bien con todo lo que Clara buscaba y, al final, el suyo ha sido un proyecto que ha tenido repercusión y que a la gente le ha gustado mucho. Aparte de que los quesos están buenísimos, claro (risas).

Clara Diez, de Formaje, fue su primera clienta

Entiendo que hay más personas implicadas en el proyecto.

Somos un equipo bastante pequeño por ahora. Estamos Marta y yo, cada una con su rol, y luego está el departamento que se dedica a producto. Ahí está Laia, en producción, que es la que se dedica a trabajar más directamente con los talleres y la que tiene un perfil más técnico, porque desde el principio tuvimos claro que necesitaríamos a alguien que realmente nos llevase las producciones. Y luego tenemos un taller pequeñito con dos máquinas industriales y una confeccionista que se dedica a hacer prototipados y producciones pequeñas, que es la que nos da bastante agilidad a la hora de poder hacer desarrollos en pequeñas cantidades. Pero también te digo que la idea es crecer un poquito este año, porque nos gusta ser muy cuidadosas a la hora de poder asesorar y de conocer más de cerca al cliente, y vamos a necesitar más apoyo en esa parte que ahora mismo hacemos Marta y yo.

Veo que a menudo usáis el concepto 'ropa de trabajo'.

Siempre hemos intentado alejarnos de la palabra uniformidad, porque en inglés se dice workwear y es una palabra con la que nos identificamos más. El concepto uniformidad a veces puede tener ciertas connotaciones, como de estar capando libertades, con las que no nos sentimos identificadas. Básicamente, con nuestras creaciones queremos transmitir que estamos dando una herramienta de trabajo, para que cada uno la haga suya y se sienta cómodo con ella, pero no dejan ser prendas de vestir.

Algunos patrones de su ropa de trabajo

¿Cuánto estabais estudiando diseño de moda ya teníais estas inquietudes?

Yo siempre he estado muy concienciada con el activismo social y la sostenibilidad, y Marta, que tiene su propia marca, siempre ha estado a medio camino entre la artesanía y la moda. Pero ambas teníamos muy claro que queríamos hacer algo fuera de esta industria, que tuviera una razón de ser que no sea. Por ejemplo, observamos que en los diseños que había en el mercado de la hostelería estaban un poco escasos de contemporaneidad, de actualidad. Y nos dimos cuenta de que no se estaba aprovechando el poder de comunicar a través de la ropa, nos parecía muy interesante ese concepto. Esto coincidió con el hecho de que los restaurantes y hoteles cada vez estaban más por la labor de ofrecer una experiencia, y nos apetecía ayudarles con esto. Pensamos que podríamos aportar frescura al sector.