Con toque industrial y barra americana: la cocina familiar de Jesulín de Ubrique y Campanario

Una cocina donde la sofisticación no depende del exceso, sino de algo mucho más sencillo
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Alejados del ritmo de las grandes ciudades y de una exposición pública constante, Jesulín de Ubrique y María José Campanario han convertido su casa de Arcos de la Frontera, en Cádiz, en su particular refugio familiar. Un impresionante chalet rodeado de naturaleza donde la pareja disfruta de tranquilidad e intimidad junto a sus hijos y donde los espacios amplios y luminosos marcan buena parte de la decoración.
Y precisamente uno de los rincones que mejor refleja esta filosofía es la cocina de Jesulín de Ubrique y María José Campanario. Lejos de diseños demasiado ornamentados, la estancia apuesta por una paleta sencilla dominada por el blanco y el gris, muebles de líneas rectas y superficies despejadas.
El blanco es el gran protagonista. Está presente en el mobiliario y en la encimera, consiguiendo que la estancia resulte todavía más luminosa. El fregadero aparece perfectamente encastrado y los pocos objetos que permanecen visibles son aquellos que realmente forman parte de la rutina familiar. Pero hay dos elementos que terminan de definirla. Por un lado, una barra americana, que introduce contraste y un cierto aire industrial. Por otro, un amplio ventanal desde el que se contempla el verde del jardín y que permite que la luz natural inunde el interior.
Una cocina blanca y funcional donde el orden es protagonista
Si hubiera que resumir la cocina de Jesulín y María José Campanario en dos conceptos serían funcionalidad y sencillez. El blanco domina prácticamente todo el espacio y potencia la luminosidad procedente del exterior. Los muebles siguen una estética contemporánea, con frentes sencillos y sin demasiados adornos. En lugar de competir entre sí, se integran en el conjunto y ofrecen la capacidad de almacenamiento necesaria para esconder vajilla, utensilios, alimentos y pequeños electrodomésticos.

La encimera completamente blanca refuerza esa sensación de limpieza visual y permite que la mirada recorra la cocina prácticamente sin interrupciones. El fregadero encastrado continúa con la misma filosofía. Al quedar integrado en la superficie, evita elementos que rompan visualmente la zona de trabajo y consigue un acabado mucho más uniforme.
Un punto industrial
Entre todos los elementos de la estancia, la barra americana es probablemente el que introduce mayor personalidad. Su encimera con el blanco dominante, ayuda a estructurar visualmente la cocina sin necesidad de levantar paredes. Además de su función decorativa, ofrece una superficie extra que puede utilizarse para preparar alimentos, apoyar utensilios, desayunar o disfrutar de un café de manera informal
Sobre esta superficie aparecen algunos de los elementos más llamativos, varios botes de cristal repletos de galletas, dulces y gominolas. Una imagen sencilla que dice mucho sobre el carácter familiar de la casa.
Amplios ventanales con vistas al jardín
Si el blanco consigue que la cocina parezca luminosa, buena parte de esa sensación se debe a su amplio ventanal con vistas al jardín. La entrada de luz natural transforma completamente la cocina. Al reflejarse sobre los muebles blancos y las superficies claras, consigue multiplicar visualmente el espacio y crear una atmósfera mucho más agradable.
Además, disfrutar de las vistas al jardín mientras se cocina o se desayuna aporta una sensación de apertura que difícilmente podría conseguirse únicamente mediante la decoración. El exterior se incorpora visualmente a la estancia y crea continuidad entre la casa y la naturaleza que la rodea.
