A Roostiq le sale un hermano pequeño especializado en cócteles y vinos (pero mantiene su torrezno)

El animado Roostiq Bar tiene lo mejor de un bar de vinos y de una coctelería de autor, además de una carta de comida en la que no faltan los torreznos más famosos de Madrid, entre otros platos súper recomendables
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Los fans de Roostiq (C/ Augusto Figueroa, 47) están de enhorabuena porque ahora tienen, además muy cerca de la casa madre, el nuevo templo al que peregrinar ese día que tienen antojo de su insuperable torrezno laminado, su codiciado tomate 38, esa particular ensalada César –con Kale de la variedad Cavolo nero–, el adictivo sando de vaca con pan brioche o el pollo a la brasa del que resulta imposible cansarse porque, simplemente, es el mejor que hemos probado nunca.
Pero no es ninguno de estos platos, ni siquiera su tarta de queso en tres vuelcos (más abajo te lo explicamos), lo que nos ha traído hasta Roostiq Bar (C/ Barquillo, 40), uno de los espacios más apetecibles para alternar estos días en la zona de Salesas. Es su oferta desenfadada de vinos y cócteles, y el ambiente que se respira entre sus cuatro paredes, lo que nos ha llevado a poner a prueba una propuesta que, centrar el tiro en los fines de semana, se ha planteado el difícil reto de estar operativa de lunes a domingo.
Y no podemos decir que le esté costando ganar adeptos a su causa en esta primera temporada de vida. Cada vez más madrileños agradecen espacios donde no hay encorsetamiento de ningún tipo y en los que lo jovial se cuela en cada detalle. Son los mismos que valoran que en Roostiq Bar haya una carta de vinos por copas con 35-40 referencias de diferentes estilos y tipos.
Porque no solo de Champagne y Borgoña vive el hermano pequeño –y travieso– de Roostiq. Aunque sí que es cierto que su propiedad sigue sintiendo especial predilección por estos vinos y por los jereces, que cada vez van acaparando un poco más de protagonismo dentro de la bodega.
En total, este híbrido entre bar de vinos y coctelería albergará unas 500 referencias de vino, y lo mejor de todo es que muchas de ellas no las vas a encontrar ni en la casa madre ni en la embajada que abrieron hace algo más de tres años en Marbella. Cada Roostiq tiene su propia identidad y esto se aplica también a la oferta líquida de cada uno de ellos, aunque obviamente hay etiquetas que pueden coincidir en todos (en total habrá unas 1500 referencias, ahí es nada).
Coctelería de autor
Si eres de los que han caído rendidos ante el auge de la mixología en la capital, apunta también esta dirección si lo que quieres es disfrutar de mezclas innovadoras (su Negroni lleva una base de jamón ibérico) –hechas en casa– o de actualizaciones de recetas clásicas.
Su equipo de bartenders se desenvuelve igual de bien con las unas y con las otras, básicamente porque no son camareros reconvertidos sino cocteleros profesionales. ¿Y esto qué quiere decir exactamente? Pues que, aunque no tengan un Tom Collins o un Dry Martini en carta, estarán encantados de preparártelo cuando y cómo a ti te apetezca (siempre que sea antes de las 2:00h, claro).
Otro aspecto a tener en cuenta a este respecto es que la filosofía de todos los proyectos con el sello Roostiq también está muy presente en el momento de agitar la coctelera. ¿Un ejemplo? Su Bloody Mary, que se elabora siempre con su famoso tomate 38, independientemente de si sigue estando en temporada o no, ya que tienen la salsa envasada al vacío y ultracongelada.
Y seguramente sean detalles como este los que hacen que el público local cada vez le tenga menos miedo a los cócteles e incluso se animen a tomarlos para acompañar los platos que elaboran con producto de su propia huerta y ganadería que, generalmente, suelen pasar por la brasa.
Y antes de que salgas corriendo en dirección a este bar de corte neoyorquino, acuérdate de apuntar el maridaje que nunca falla: los torreznos con Champagne. Aunque también quien se atreve a cambiar las burbujas por un buen Amontillado.
Eso sí, cuando todo el mundo se pone de acuerdo es a la hora de pedir los postres porque tanto el helado casero de pistacho como su tarta de queso –en tres vuelcos– son de otra galaxia. Toma nota también de esto último: la idea es que su cheesecake la tomes primero sola, luego la acompañes de nata y, por último, disfrutes del final con un golpecito de Amaretto. ¡Ya nos contarás!
