La jerezana que dejó el marketing y abrió un tabanco en el mercado: "Mucho vino de Jerez y comida gaditana"

Doña Blanca, el nuevo puesto del Mercado de Vallehermoso, es un templo dedicado a los vinos de Jerez y el tapeo gaditano más auténtico
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Los amantes de los mercados gastronómicos de Madrid tienen una nueva razón para no dejar de visitar recurrentemente el de Vallehermoso. Si ya era todo un referente gracias a las propuestas de chefs como Roberto Martínez (Tripea) o Rafa Bergamo (Krudo), que comparten espacio con los no menos recomendables Kitchen 154 o Biang Biang, ahora lo es aún más gracias al fichaje de la jerezana Blanca Carrasco García. Tras dedicarse al mundo del marketing y trabajar para varias multinacionales decidió dejar aparcada esa vida para abrazar algo que realmente le apasionara. Y eso es justamente lo que percibe el visitante al visitar este puesto recién abierto en el Mercado de Vallehermoso, que todo está hecho a su medida.
Desde la carta de vinos, donde ahora mismo encontramos alrededor de 40 referencias que irán rotando, hasta esos platillos que, a pesar de su sencillez, son capaces de hacernos viajar hasta el Sur más auténtico. Nos referimos a los adictivos quesos de la sierra de Cádiz, las gildas con atún rojo de almadraba, los montaditos de carne mechá, los imperdibles chicharrones... ¿Hace falta que sigamos? Si a esto le sumas el cariño, la entrega y la dedicación que le pone esta joven al proyecto con el que lleva años soñando su creadora, te sobran los motivos para hacer check en este nuevo punto de los encuentro para los amantes de los jereces.

Por cierto, una buena fecha para acercarse a tomar un vino con Blanca es el próximo 25 de marzo. Ese día recibirá en su puesto al también jerezano Pablo Ruiz (La Dolorosa Lab), y juntos ofrecerán una velada muy especial donde el compás lo marcan el vino, la acidez y la idiosincrasia. Hablamos de dos casas que trabajan la fermentación desde ámbitos distintos pero que, al mismo tiempo, están profundamente conectados: la bota y el tarro, la crianza y el encurtido. Así que, como habrás adivinado, el plan esa noche consistirá en maridar vinos de la tierra, "desde los palos más clásicos hasta vinos de pasto", con diferentes escabeches, encurtidos, etc.
¿En qué momento decides dejar el mundo del marketing y las multinacionales para abrir tu tabanco en Madrid?
Aunque he trabajado muchos años en empresas por cuenta ajena, siempre tuve claro que acabaría montando algo propio. De hecho, mi familia y mis amigas siempre me recuerdan que yo siempre decía que algún día abriría un tabanco. Durante todos esos años fui dándole forma a la idea: qué tipo de negocio quería, qué productos tendría y qué ambiente me gustaría crear. Ese gusanillo con el tiempo se convirtió en una decisión firme. Y lo que me terminó de empujar es que tenía ganas de construir un espacio de trabajo diferente, con un ambiente menos competitivo y más humano que el que muchas veces se vive en las grandes empresas.

¿De dónde te viene la afición? ¿En tu familia ha habido alguien que se dedicara al mundo del vino?
Sí. Mi bisabuelo, Fernando Carrasco Sagastizábal, fue propietario de la bodega Hermanos Carrasco, cuyo casco es hoy parte de Bodegas Tradición. Me hubiera encantado conocerlo y que me enseñara muchas cosas. Las siguientes generaciones, mi abuelo y mi padre, no se dedicaron profesionalmente al vino, pero en mi casa, como en prácticamente todas las casas jerezanas, el vino de Jerez siempre ha estado presente: en la mesa, en la cocina y en la vida cotidiana.
¿Qué percepción se tiene de los vinos de tu tierra en la capital? ¿Te toca hacer mucha pedagogía con los clientes?
Tengo tres tipos de clientes bastante claros: por un lado, están los que ya saben a lo que vienen y piden directamente un generoso (Fino, Amontillado, Oloroso o Palo Cortado); luego está la gente curiosa, que quizá no conoce mucho el vino de Jerez pero se anima a probar varios estilos y que suele sorprenderse mucho; y finalmente están los clientes que prefieren un vino tranquilo y todavía no se terminan de acercar al Jerez. Ahí es donde quiero centrar buena parte de mis esfuerzos en los próximos meses, organizando catas y pequeños eventos donde el vino se entienda desde la historia, el territorio y la gastronomía. Cuando conoces los suelos de albariza, el sistema de criaderas y soleras o la cultura que rodea a estos vinos, el Jerez deja de parecer complicado y se vuelve fascinante.

¿En qué consiste la propuesta de Doña Blanca en el Mercado de Vallehermoso?
Es una vinoteca especializada en vinos del Marco de Jerez y en gastronomía de la provincia de Cádiz, pensada para disfrutar el vino de una manera informal. Llevo años pensando este proyecto y durante ese tiempo fui guardando los proveedores que más me gustaban, tanto de vino como de producto gastronómico. La idea es que el cliente pueda recorrer el Marco de Jerez y probar los distintos palos. La carta de vinos va rotando continuamente porque el puesto es pequeño, pero mi intención es que con el tiempo estén representadas el mayor número posible de bodegas. Tengo aproximadamente unas 40 referencias de vino, entre generosos y tranquilos, de los cuales la mitad pueden beberse por copa. La oferta gastronómica también viene íntegramente de Cádiz: queso de cabra payoya de El Bosque, chicharrones y carne mechada de Paterna de Rivera, conservas y productos del mar de Barbate (atún, mejillones, sardinas)... Y, por supuesto, dulces artesanos de Medina Sidonia.
¿Te plantearías seguir formándote para trabajar en una bodega o como sumiller?
Honestamente, no me atrae la sumillería en un restaurante. En Doña Blanca ya hago parte de ese trabajo: seleccionar las referencias, recomendar vinos según el gusto del cliente y buscar maridajes con la carta. Con respecto a trabajar en una bodega, sí me gustaría en el futuro poder hacerlo en Jerez. No tanto desde la parte técnica o química de la enología, sino más desde la comunicación del vino. Me interesa mucho contar su historia y transmitir el trabajo que hay detrás de las bodegas y de los viticultores.

Una de las tareas pendientes de las bodegas de Jerez y Sanlúcar es conseguir acercar sus vinos a los jóvenes. ¿Qué crees que se podría hacer en este sentido?
Creo que el mayor reto no es tanto el producto, sino cómo se comunica. Durante muchos años el vino de Jerez se ha contado desde un lenguaje muy técnico o demasiado solemne. Eso ha reforzado su prestigio, pero también ha hecho que mucha gente joven piense que es un vino complicado o que no es para ellos. En mi experiencia en Doña Blanca, cuando alguien prueba un Fino, una Manzanilla o incluso un vino oxidativo por primera vez, bien servido y acompañado de comida, la reacción suele ser de sorpresa. El problema casi nunca es el vino, sino la distancia mental que existe antes de probarlo. Por eso creo que la clave está en mostrar el vino de Jerez en contextos más cotidianos: tabancos, mercados o bares donde se pueda beber por copas y acompañado de comida sencilla, sin demasiada ceremonia. También ayuda mucho contar el vino desde el territorio y las personas que lo hacen. Cuando entiendes la albariza, el sistema de criaderas y soleras o la historia que rodea a estos vinos, dejan de parecer complicados y se vuelven fascinantes.
¿Conoces a los chicos de Albariza en las Venas?
Claro, y creo que divulgadores como Rocío y Juan Carlos están haciendo un trabajo muy importante en ese sentido: hablar de estos vinos con naturalidad, con conocimiento y desde la pasión ayuda a despertar la curiosidad de nuevas generaciones. También influyen nuevas formas de consumo, como los spritz o el auge de los vinos de pasto, que están acercando la uva Palomino a nuevos públicos. En Doña Blanca lo resumimos con una idea muy sencilla: Para disfrutar el vino de Jerez no necesitas ser un experto en vino, solo curiosidad por descubrir algo auténtico y diferente.

¿Qué bodegas o profesionales de la enología jerezana te merecen más respeto? Esos a los que admiras...
El Marco de Jerez, en mi opinión, tiene algo muy especial, y es que conviven siglos de tradición con una nueva generación de viticultores y elaboradores que están aportando miradas muy interesantes. Admiro mucho a las bodegas históricas que han mantenido vivo este patrimonio durante generaciones. Gracias a ellas hoy seguimos disfrutando de vinos únicos en el mundo. Pero también me encanta ver cómo en los últimos años han aparecido pequeños elaboradores y viticultores que están poniendo el foco en el viñedo, en los pagos de albariza y en nuevas formas de interpretar la uva Palomino. Creo que esa convivencia entre tradición y nuevas miradas es una de las cosas que hacen que el Marco de Jerez esté viviendo un momento especialmente interesante.
¿Qué tres vinos le pondrías a alguien que sea un completo ignorante del mundo del Jerez? ¿Por qué?
Para alguien que no conoce el vino de Jerez intentaría enseñar tres estilos muy distintos, porque cada uno muestra una parte del carácter de estos vinos. Por un lado, una Manzanilla joven. Sé que tiene delito siendo de Jerez elegir antes la Manzanilla que el Fino, pero el aire del mar hace su trabajo de forma maravillosa en estos vinos. Para iniciarse suelen resultar muy amables. Además, permiten entender algo fundamental en el Marco de Jerez: la crianza biológica y el papel del velo de flor. Otra opción sería un Palo Cortado. Aunque mi palo favorito personalmente es el Amontillado, para alguien que empieza, el Palo Cortado suele resultar más redondo y accesible. Combina la elegancia de los amontillados con la estructura de los olorosos. Y, por último, un Amoroso. Es un estilo que sorprende muchísimo. A menudo lo doy a probar incluso a personas que me dicen que no les gustan los vinos dulces, y me encanta ver su reacción. Es un vino complejo, profundo y con un equilibrio entre dulzor y crianza oxidativa que conquista incluso a quien no esperaba disfrutarlo. Me gusta especialmente el Amoroso de Maestro Sierra.
¿Qué bares o restaurantes de Madrid te gusta visitar cuando tienes morriña?
La verdad es que cuando echo de menos mi tierra, lo que realmente me lo quita es escaparme unos días a Cádiz. Para mí el disfrute de la gastronomía jerezana y gaditana está muy ligado a mi familia y a los lugares que llevo frecuentando allí toda la vida. En Madrid hay muchos sitios donde disfruto mucho comiendo y bebiendo. Para esos días que tengo antojo de gastronomía gaditana me gusta mucho Lambuzo.
¿Qué tipo de vinos generosos vamos a encontrar siempre en tu casa? ¿Usas alguno para cocinar?
En casa tengo ya una colección que podría parecer el pasillo de una vinoteca (risas). Hay referencias de muchas bodegas y de todos los estilos: Fino, Manzanilla, Amontillado, Palo Cortado, Oloroso y también vinos dulces. Tengo mis favoritos, pero me gusta seguir probando cosas nuevas. Además, cada momento pide un vino distinto. Para cocinar suelo utilizar sobre todo Oloroso, aunque también Amontillado o Palo Cortado. Elevan muchísimo cualquier preparación: guisos de carne, papas con choco, pollo asado o incluso una salsa rápida para unos filetes de pollo con ajo, limón y Oloroso. Incluso hago tortilla de patatas con vino de Jerez, cara
