Juan Carlos Vidarte y Rocío Benito se conocieron elaborando vino en 2021, así fue cómo empezaron a darle vueltas a lo que hoy es Albariza en las Venas, un proyecto consolidado que se propone divulgar sobre vinos de Cádiz
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No es fácil de explicar un proyecto como Albariza en las Venas, aunque Juan Carlos Vidarte y Rocío Benito lo hacen de maravilla. No imparten la docencia en ninguna escuela o centro, pero divulgan sobre vinos -de los de Cádiz para ser exactos- como nadie. Nunca soñaron con ser dedicarse a la hostelería pero abrieron un bar hace ahora dos años. Y no tienen una bodega, pero hacen sus propios vinos, que solo venden, precisamente, en su bar.
Prácticamente desde que se conocieron, allá por 2021, estos dos jóvenes -él, enólogo, y ella, sumiller- han estado volcados en el lanzamiento de este proyecto con el que buscaban comunicar de una forma diferente -con todo el desparpajo del mundo- acerca de los vinos de Cádiz y que no cabe duda de que está llegando a buen puerto.
No deja de crecer -como los buenos vinos, a su ritmo- su comunidad de fieles en Instagram, cada vez son más los parroquianos que se acercan al bar para disfrutar de sus seleccionadas propuestas, han sido reconocidos con premios como el de 'Mejor Divulgador Online' en los IWC Awards 2025... Y los que los seguimos de hace tiempo tenemos la sensación de que esta aventura no ha hecho más que empezar. Así que no lo dudes. Si te interesa, aunque sea mínimamente, el apasionante mundo de los vinos de Jerez, no dejes de estar pendiente de los saraos, catas privadas y formaciones que realiza la pareja al frente de Albariza en las Venas de vez en cuando.

¿Qué hacíais cada uno antes de lanzaros con esta aventura?
Juan Carlos y yo nos conocemos en el año 2021, cuando él era el enólogo en Bodegas Luis Pérez y yo estaba de sumiller en el restaurante Ambivium, en Pago de Carraovejas. El caso es que, una vez terminé de trabajar allí, le pregunté a Willy Pérez si podía hacer una vendimia con él, ya que necesitaba volver a tocar tierra, y me dijo que sí. Es en ese momento cuando conozco a Juan Carlos, que era como mi tutor en las prácticas de vendimia. Porque yo, al final, no soy enóloga, con lo cual era enfrentarme a algo por primera vez. Y no tardamos en darnos cuenta de que teníamos una visión muy parecida, que nos gustaban las mismas cosas... Fue un momento muy guay el hecho de encontrar alguien joven y afín a ti en el mundo del vino. Fue muy bonito.
¿Y cómo os dio por montar Albariza en las Venas?
Decidimos montar un Instagram a los cuatro meses de conocernos. Era lo único que podíamos hacer porque cada uno teníamos nuestro trabajo, que no podíamos dejar en ese momento, y ese perfil en redes nos permitía poder subir vídeos en los que hablábamos de las cosas que nos gustaban, que nos parecían importantes y a las que teníamos que dar altavoz. Fue a finales de 2023, en una videollamada que hicimos porque yo estaba trabajando en Dubái, cuando decidimos dejar nuestros trabajos y montar Albariza en las Venas.

A simple vista, puede parecer un bar de vinos más, pero para vosotros y para vuestros clientes es mucho más que eso.
Abrimos el bar, básicamente, porque para poder llevar a cabo el proyecto necesitábamos ingresos. Al final, somos nosotros dos, no tenemos socios, ni capital externo... Necesitábamos algo que nos permitiera financiar todo lo demás que queríamos hacer. Porque lo otro es muy romántico pero no nos da dinero. Así que abrimos el bar en mayo de 2024, hace un par de añitos ya. Pero es importante recalcar que todo esto, que sigue siendo algo muy voluble, se empieza a gestar en 2021.
¿Por qué creéis que el Jerez no termina de tener el reconocimiento fuera que se merece?
El mundo del jerez está experimentando un cambio histórico, la gente consume vino de manera diferente ahora. El mercado se ha sobreexplotado, por lo que Jerez está enfocándose ahora mismo en vinos blancos, de pasto, ancestrales y sin fortificar. Esto también se debe a que la gente está empezando a consumir menos alcohol. Es un momento precioso y romántico, y gracias a los elaboradores que están apostando por esta nueva tendencia, podemos hablar de Cádiz y Jerez desde una perspectiva diferente. A pesar de que Jerez es una de las zonas de vino más reconocidas del mundo, falta una acción conjunta de la comunidad para que la calidad de los vinos sea inamovible. Si todo el mundo se enfoca en la calidad, creo que el jerez va a experimentar un gran crecimiento.

Seguís siendo muy activos en redes y, desde fuera, parece que es todo como muy espontáneo, fresco, divertido. ¿Es realmente así?
Nosotros estamos muy conectados con las redes sociales, ya que hemos crecido con ellas. Aunque nos gustan como herramienta, no queremos que nadie nos asesore ni nos maneje las redes. Vemos que cuando alguien hace eso, los perfiles se terminan pareciendo y se vuelve aburrido. En lugar de eso, apostamos por un contenido fresco y dinámico, aunque a veces no sea perfecto. Creemos que la gente se identifica con eso, ya que la mayoría de las veces no tenemos recursos para hacer un vídeo perfecto o una foto impresionante. Nuestro proyecto es transparente y refleja nuestra personalidad, que es la misma que la de nuestras redes sociales.
¿Hay algún tipo de requisito para que un vino para pueda estar en vuestros expositores?
Para nosotros, las redes sociales son clave para dar visibilidad al proyecto y conectarnos con personas afines. Gracias a ellas, hemos organizado eventos en varias ciudades, como San Sebastián, Madrid, Barcelona, Sevilla o Huelva. Y nuestro único requisito para que un vino esté en Albariza es que sea rico y tenga calidad. Somos un filtro selectivo, buscando vinos que tengan sentido y se ajusten a nuestros valores. Intentamos apoyar a jóvenes productores que están recuperando viñedos en pueblos y tienen proyectos innovadores. España es un lugar emocionante para esto, con muchos proyectos interesantes en marcha.
Dicen que los jóvenes cada vez beben menos. ¿Es algo que vosotros percibís?
Creo que los jóvenes deben ser libres de elegir cómo consumir, pero el problema no es que beban vino, sino cómo lo consumen. Estamos obsesionados con que los jóvenes consuman vino, pero en realidad, el problema es cómo se produce y se distribuye. Si consumes vino, debes saber que alguien en la cadena de producción puede estar siendo explotado. Abogamos por un consumo más limitado y de calidad, no solo por el tema económico, sino también por la justicia social. Los jóvenes pueden pensar en la cantidad, pero debemos centrarnos en cómo se consume y no solo en quién lo consume. Necesitamos mirar la cadena de producción y distribución para cambiar el modo en que se consume vino.

En el caso de Juan Carlos es evidente, pero ¿de dónde le viene a Rocío esa pasión por los vinos de Jerez?
Después de compartir nuestra experiencia profesional, yo me enamoré de la enología y me sentí muy atraída por la pasión que implica. Pero mi curiosidad por los vinos de Jerez se convirtió en una obsesión cuando hice la vendimia. Conocer a Juan Carlos, un enólogo jerezano, fue crucial. Me permitió ver la enología desde una perspectiva diferente, y me dejó prendada de todo. Juan Carlos, que ha crecido rodeado de la cultura del vino, vive su pasión de manera natural. Me impresiona su entusiasmo y la forma en que lo explica, que deja a la gente boquiabierta. Para mí, Juan Carlos es una persona clave en este proyecto y sin él, no existiría. Nuestra pasión se ha ido contagiando del uno al otro durante los años, lo que nos mantiene muy motivados y comprometidos con lo que nos gusta hacer.
También os gusta hacer vinos, ¿qué acogida están teniendo?
Hicimos nuestra primera añada de vino el año pasado, con dos vinos blancos: uno de Palomino y otro de Tintilla de Rota. Los producimos en pequeña cantidad para tenerlos en el bar y ofrecerlos a nuestros clientes y amigos. Fue parte del proyecto desde el principio, que incluía tener un bar y elaborar vino. Estamos muy agradecidos a nuestra red de amigos, que nos ayudan con las bodegas, ya que nosotros no tenemos los recursos para pagarles. Esto nos permite ofrecer dos vinos únicos en Albariza en las Venas, que es un reclamo para nuestros clientes. La verdad es que estamos muy ilusionados con este proyecto y con la posibilidad de compartir nuestros vinos con la gente.

¿Seríais capaces de recomendarnos solo tres que estén al alcance de todo el mundo?
Pues mira, uno de los últimos proyectos que nos ha robado el corazón ha sido Cisteller, en la zona del Penedés. Se trata de una pareja joven con una precisión increíble a la hora de elaborar, lo que hace que sus vinos sean bombas de relojería, pero finos y elegantes como ninguno. Nos quedamos con cualquiera de sus cuvées, aunque destacamos siempre el 100% Xarel·lo que tienen. Otro de los proyectos que nos tiene enamorados es el lo que hace Agrícola Calcárea aquí, en Sanlúcar de Barrameda. Es el proyecto de Juan Jurado, que ha viajado por medio mundo haciendo vendimias y aterrizó de nuevo en su Sanlúcar natal para regalarnos unos vinos que respiran origen y identidad, pero tienen muy poco ego, y eso se nota rápido. De entre todos ellos, creemos que Porfía Blanco es nuestro favorito, una mezcla de variedades autóctonas gaditanas con un poco de crianza biológica y que es perfecto para entender todo lo que está pasando ahora en Cádiz. Y, para terminar, teniendo en cuenta que lo que más nos gusta de nuestro proyecto es conocer elaboradores que con el tiempo se han convertido en amigos, tenemos que hablarte del proyecto Rico Nuevo, en Cebreros. Detrás están Juanan y Laura, dos jóvenes que se fueron a vivir a Burgohondo (Ávila) y que han montado uno de los proyectos con las viñas más bonitas y más duras de trabajar que, seguramente, hayamos visto nunca en España. Sus vinos de Garnacha son todo lo que está bien. Y además, son accesibles y respiran la identidad de la zona. Porque sí, la Garnacha está muy de moda, pero la de ellos va a ser atemporal, hay mucho trabajo detrás, mucho paseo por la viña y mucho cariño. Si me tengo que quedar con uno de sus vinos sería Barrera de Sol.
Decidnos tres vinos que le regalarías a una madre, tres para llevar a una cena con amigos de menos de 30 años y tres para llevar a una cena de más de 50 años.
Nosotros siempre decimos que con las madres hay que abrir las mejores botellas, así que os recomendaremos un Champagne, que tampoco se vaya de precio. Tenemos un elaborador que es Pierrick Brochet, de una casa familiar de vignerons (enólogos) en Taissy, al sur de Reims, que tiene una cuvée especial que elabora con las uvas de su padre y que se llama Olivier Brochet. Es un champán con una relación precio-placer insuperable. Para llevar a una cena con amigos de menos de 30 años, igual optaríamos por algo no muy complejo, de trago largo, que se beba fácil, ya que seguro no va a ser el protagonista de la noche. En este sentido, nos gusta mucho el proyecto Nat Cool de Bodegas Niepoort, cualquiera de ellos. Son vinos en botella de 1 litro, de viñedo ecológico y no mucha graduación alcohólica, así que nos parecen perfectos para cenas con amigos porque, además, son de los que gustan a todo el mundo. Nos gusta mucho todo lo que elaboran bajo esta marca en Portugal, Alemania y España. Y para llevar a una cena de más de 50 años, llevaríamos un Ribera del Duero, sería una sorpresa seguro porque no se lo esperaría nadie. Pero últimamente hay proyectos muy chulos de gente joven en Castilla y León, sobre todo en la zona de Burgos: proyectos pequeñitos, con viñedos de sus abuelos, que apuestan por buscar la identidad desde la viña más que desde la crianza o la madera. Uno de estos proyectos es Casa Lebai, y su vino Matadiablos creo que es perfecto para esta cena.

