Economía

Las emprendedoras que ayudan a hacer rentables los restaurantes top: "Por vocación somos camareras; o mejor dicho, 'ameliers"

Parte del equipo de Baya Talent, consultoras especializadas en alta gastronomía. Baya Talent
  • Lydia Ibáñez y Ángela Royo son las creadoras de Baya Talent, la consultora que ayuda a los equipos de algunos de los mejores restaurantes a alcanzar la excelencia

  • La sala tiene la palabra

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Pocas presentaciones necesitan las profesionales al frente de Baya Talent, la consultora especializada en alta gastronomía creada por Lydia Ibáñez, Directora General y Directora de Ventas, y Ángela Royo, Directora de Marca y Project Manager de Experiencia en Sala. Aun así, les hemos pedido que compartan con nosotros todos los detalles acerca del nacimiento de este proyecto y, sobre todo, que nos hablen de su misión dentro de un sector que debe estarles muy agradecido.

Porque no han podido aparecer en mejor momento estas "facilitadoras de la profesionalización de negocios gastronómicos" que han puesto sus conocimientos y expertise al servicio de proyectos tan reseñables como Ramón Freixa, Ugo Chan, ABaC, OSA, Dani García, Sen Omakase, Toki, Skina, CEBO (dentro del Hotel Urban), Los 33 o el mítico Sacha.

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Y todo apunta, teniendo en cuenta sus aventuras más recientes, a que ese portfolio seguirá nutriéndose de grandes nombres de nuestra hostelería en los próximos meses y años. Porque esto, en realidad, no ha hecho más que empezar. Al menos, es eso lo que nos transmiten sus ideólogas durante la charla mantenida tras la celebración de la décima edición del congreso HIP - Horeca Professional Expo, donde este año han tenido un papel especialmente activo a través de esa brillante iniciativa bautizada 'La Sala, Otra Mirada'. Pero, mejor, vayamos por partes.

Habladme del momento que atraviesa Baya Talent ahora mismo. Se os ve por todas partes...

Nuestro proyecto nace en 2017 del encuentro entre Ángela y Lydia, dos miradas que se reconocen durante los años universitarios y comprenden que comparten algo que va más allá de un simple recorrido académico. Ambas crecemos profesionalmente en el mundo de la restauración de excelencia, con experiencia directa en sala y un vínculo profundo con restaurantes con estrella Michelin de gestión familiar. Conocemos el sector desde dentro: su exigencia, su belleza y también sus fragilidades más silenciosas. Desde esa observación cercana surge una certeza: detrás de cocinas extraordinarias y propuestas gastronómicas impecables, muchas veces falta una estructura sólida en la gestión de las personas. A través de un diálogo constante con profesionales del sector, se repite un mismo diagnóstico en la alta hospitalidad: talento que se pierde por el camino, equipos sin una dirección clara y salas que no siempre reflejan el nivel de excelencia de la cocina.

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Y esto es sin duda lo que os hace moveros.

Antes de convertir esa intuición en proyecto, decidimos escuchar. Conversamos con 85 restauradores y propietarios de restaurantes y hoteles de alta gama para validar su percepción. Las conclusiones son claras: la ausencia de una estructura interna bien definida impacta directamente en la eficiencia operativa, en la fidelización del talento y, en consecuencia, en la calidad global de la experiencia del cliente. Así nace Baya: no como una consultora al uso, sino como una nueva visión para la alta gastronomía y su gestión. Un proyecto creado para abordar los grandes dolores estructurales del sector. Nos centramos en la gestión estratégica de personas, en la optimización de procesos operativos y en el diseño consciente de la experiencia de sala dentro de la hospitalidad de alto nivel. El propósito es claro: crear proyectos sostenibles en el tiempo. Defendemos que la correcta gestión de personas es imprescindible para construir negocios sólidos. Negocios que prioricen la fidelización frente a la captación constante, que entiendan que retener clientes es más rentable que buscarlos sin descanso. Y, del mismo modo, negocios que construyan culturas de trabajo más humanas, que permitan fidelizar equipos y reducir las pérdidas derivadas de la altísima rotación que sufre la alta gastronomía. Nosotras creemos en un sector más amable, más justo y con una visión más empresarial. Un sector que mantenga el amor por nuestro país y el compromiso de seguir posicionando a España como líder en innovación gastronómica mundial. Pero, esta vez, respondiendo al gran reto global: la falta de personal y la mala gestión de equipos. Desde esta perspectiva, la defensa de la sala surge de manera natural. Porque la fidelización del cliente ocurre en sala. Es allí donde se construye el vínculo, donde se genera la experiencia y donde se consolida la lealtad. Por eso, dignificarla, darle visibilidad y trabajar estratégicamente en su desarrollo no es una consecuencia secundaria: es un eje central de nuestro trabajo.

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¿Cómo ha evolucionado desde Baya en estos años?

Con el crecimiento del proyecto se incorporan en el 2023 figuras clave al equipo: Laura y Jone, project managers con foco en operaciones y búsqueda de talento; Inés y Chiara, responsables de proyectos de front of house y experiencia de cliente; María y Gabi, al frente de la imagen y el posicionamiento de la marca. En los últimos años, Baya ha reforzado su apuesta por la comunidad como pilar central, desarrollando eventos y activaciones de impacto orientadas al crecimiento profesional del talento y al posicionamiento de España como referente internacional en una hospitalidad innovadora, sostenible y profundamente centrada en las personas dentro de la alta gastronomía.

¿Os sentís cómodas con la etiqueta de 'consultoras de hospitality de lujo'? Suena como muy exclusivo o elevado...

Si tuviéramos que definirnos, diríamos que somos una consultora estratégica especializada en people & culture en alta gastronomía: personas, cultura empresarial y estructura al servicio de los negocios de la hospitalidad premium. Nuestro foco es lo que sostiene el proyecto cuando se apagan las luces: el equipo, la cultura interna, la claridad organizativa, la coherencia operativa. Ahí es donde realmente se juega la excelencia. El verdadero lujo hoy es la coherencia, es un equipo alineado. Es una sala que respira al mismo ritmo que la cocina. Es un cliente que se siente cuidado sin percibir la tensión que hay detrás. Trabajamos en el segmento del lujo, sí. Pero nuestra obsesión no es el lujo como etiqueta... Sino la excelencia humana aplicada a las operaciones del negocio. Trabajando de cara al mercado, la etiqueta de 'consultoras de hospitality de lujo' es probablemente la que más se aproxima, de manera sencilla, al valor que podemos aportar a una empresa. Es un término que el empresario entiende rápido. Ahora bien, internamente nos definimos de otra manera. Nos consideramos un motor de cambio dentro de la alta gastronomía. Un motor de cambio generacional, de profesionalización y de evolución del sector.

Sois difíciles de etiquetar...

Lo que es Baya realmente no encaja del todo en una etiqueta tradicional. Impulsamos un cambio generacional en la alta gastronomía donde las personas están en el centro. Creamos comunidad. Acompañamos a empresarios en la evolución de sus modelos de negocio hacia estructuras más sostenibles, profesionales y adaptadas a las nuevas necesidades sociales y generacionales. Eso, explicado así, es más complejo de entender desde fuera. Por eso hemos simplificado nuestra etiqueta: necesitamos que el empresario comprenda de forma clara y directa el valor que aportamos. Pero si hablamos de cómo nos sentimos y de cómo el talento nos percibe, la definición sería otra: somos creadoras de comunidad y facilitadoras de la profesionalización de negocios gastronómicos adaptados al presente y al futuro.

¿Qué requisitos debe tener un proyecto o un cliente para poder trabajar con vosotras? ¿Aceptáis todo tipo de retos?

Nosotras elegimos con quién trabajamos por una cuestión de coherencia. Cuando entramos en un proyecto, lo hacemos como si fuera propio. Y eso implica profundidad, presencia y compromiso, no intervenciones superficiales. Y sin compromiso, no hay transformación. En nuestro sector, si no trabajas desde el cuidado y la implicación auténtica, es muy difícil alcanzar la excelencia. La alta gastronomía requiere estructura, criterio y una cultura clara. Los proyectos que realmente disfrutamos y con los que nos sentimos cómodas de trabajar son los que comparten nuestros valores: profesionalización del sector, respeto genuino por las personas, honestidad y voluntad real de mejorar para las nuevas generaciones, dejando el sector mucho mejor de como lo encontramos. Nos interesa trabajar con líderes que quieran construir a largo plazo, no solo resolver urgencias. Además, nosotras tenemos que divertirnos, sentirnos personalmente alineadas con las esencias de los proyectos para poder implicarnos personalmente y realmente aportar valor, si eso no pasa, no lo cogemos.

Dentro de todo lo que ofrecéis, ¿con qué parte de vuestra rutina os sentís más a gusto?

Si hay algo que define nuestro trabajo es que el foco principal siempre está en consolidar el equipo. Trabajamos con personas, diseñamos cultura, construimos estructura humana. Para nosotras, un proyecto solo es sólido cuando las personas que lo sostienen sienten que formar parte de él aporta valor real también a su vida. No hablamos solo de salario o condiciones, sino de pertenencia, desarrollo, claridad, respeto y propósito. Cuando eso existe, la fidelización no se fuerza: ocurre. Y el equipo se convierte en embajador natural de la marca. Las aperturas son, sin duda, el momento óptimo para implantar este modelo desde el inicio, porque permiten diseñar cultura y estructura sin inercias previas. Pero no es el único escenario. También disfrutamos acompañando proyectos que ya existen y que deciden consolidarse o reposicionarse dentro del segmento de lujo con una base más profesional y sostenible. En cualquier fase, nuestro trabajo es el mismo: fortalecer la estructura humana para que la excelencia no dependa de la tensión, sino del sistema.

Y esto se puede hacer de muchas maneras, también fuera de la oficina.

Así es. Activaciones como 'La Sala, Otra Mirada' en HIP, el 'Máster en Innovación Gastronómica' en la Escuela Hoffman, la dirección del curso de 'Dirección de Sala' de la Cámara de Comercio, o el evento de Jóvenes Talentos de Casas Ibáñez, son ejemplos claros de cómo entendemos ese impacto: iniciativas que no solo comunican, sino que transforman la conversación y elevan el nivel del sector.. Ese reconocimiento, aunque pueda parecer sencillo, es una forma de tangibilizar el propósito. Es, en cierto modo, un pequeño chute de serotonina que confirma que el mensaje está llegando. Pero también somos muy conscientes de que esas activaciones visibles no son suficientes. Lo que realmente transforma el sector es el trabajo silencioso, el de pico y pala. El proceso de cambiar culturas empresariales, revisar estructuras, profesionalizar equipos y acompañar decisiones complejas. Ese es el trabajo que de verdad cambia las cosas, aunque no siempre se vea. Si somos honestas, nos encanta aquello que genera impacto y visibilidad. Pero sabemos que el verdadero valor está en el esfuerzo constante, en el trabajo profundo y en las transformaciones que no siempre ocupan titulares, pero sí construyen futuro.

Hemos conocido el maltrato, el exceso de horas, los gritos, los entornos poco sanos... Y eso marca

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Hasta hace unos años, casi nadie del sector hablaba de la sala. ¿Qué os llevó a vosotras a querer enfocaros tanto en ella?

Esto es algo muy personal. Nos hemos criado ahí, en el servicio, con la presión real. Con la responsabilidad de sostener la experiencia del cliente mientras, por dentro, faltaban manos, liderazgo, estructura o simplemente respeto. Por vocación, somos 'camareras' —o mejor dicho, 'ameliers'— que tenían la ambición de impactar a gran escala. Decidimos formarnos profundamente: Chiara estudió 'Ingeniería'; Ángela y Lydia se especializaron en 'Liderazgo, Emprendimiento e Innovación'; Laura es abogada especializada en 'Recursos Humanos'; y Jone estudió 'Hostelería, Dirección Hotelera y Dirección de Experiencias Gastronómicas' en el Basque Culinary Center. Y la vida, casi de manera mágica, nos fue juntando. Hemos vivido lo que significa trabajar con escasez de personal, con condiciones poco sostenibles, con falta de reconocimiento hacia ese trabajo invisible que hace que todo funcione. Hemos conocido el maltrato, el exceso de horas, los gritos, los entornos poco sanos... Y eso marca. La sala te enseña mucho. Te enseña a leer a las personas, a sostener tensiones, a improvisar cuando el sistema no acompaña. Pero también te enseña dónde están las grietas del sector: poca profesionalización en la gestión, injusticias, desconocimiento empresarial, chefs excelentes en cocina pero sin herramientas para dirigir equipos, proyectos que crecen más rápido que su estructura... Es cierto que durante años casi nadie hablaba de la sala, ha sido la parte silenciosa. Pero ahora está en el centro del discurso, y eso nos alegra. En cualquier caso, para nosotras, la sala no es una tendencia: es el presente y futuro. Y aun así, el debate ya no debería ser cocina o sala. El verdadero salto es entender que un restaurante o un hotel es una empresa. Con toda su complejidad, marketing, finanzas, recursos humanos, operaciones, estrategia, cultura, modelo de negocio... Si no tratamos el proyecto como un todo, las partes seguirán chocando.

Es triste, pero sorprende oír a gente tan joven hablar así del servicio en la hostelería y todo lo demás.

La sala fue nuestro punto de partida porque es lo que hemos vivido en primera persona y es nuestra vocación. Pero lo que realmente nos mueve es construir entornos donde todas las piezas estén alineadas y donde las personas puedan trabajar con orgullo, claridad y sostenibilidad. A día de hoy, todas echamos muchísimo de menos trabajar en sala. Por eso, cuando entramos a apoyar a restaurantes y realizamos consultorías operativas de sala, somos muy felices. Volvemos a la acción, a la operativa real, entramos en servicio y podemos volver a sentir esa presión que tanto forma parte de nosotras. Cuando llegan proyectos que buscan ayuda en este ámbito, no es que nos peleemos por cogerlos... pero casi. Todas queremos estar ahí. Porque es nuestro origen, nuestro lenguaje y el lugar donde sentimos que aportamos desde lo más auténtico. Es donde más se nos despierta el cerebro, donde aparece una adrenalina que no es comparable con nada.

Hoy los jóvenes líderes eligen con quién trabajar, a qué evento asistir y dónde invertir su tiempo

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Ahora hay congresos dedicados a la sala, empiezan a surgir asociaciones, se organizan galas de premios, etc. ¿Qué es lo que seguís echando en falta?

Si somos sinceras, sentimos que muchos formatos se están quedando un poco en lo mismo. El sector evoluciona muy rápido y, en cambio, la mayoría de los congresos siguen repitiendo estructura, discursos y perfiles. Las personas que antes iban a aprender ahora son las que están en el escenario, y eso está bien... Pero si no hay renovación real de contenido, el interés baja. Hay algo aún más importante: la nueva generación ya no funciona como antes. Ya no asiste a un congreso simplemente por estar, por hacer networking o por cumplir presencia. Es mucho más selectiva. Tiene comunidad propia, se apoya entre iguales y, sobre todo, busca formación real. Quieren herramientas, conversaciones honestas, contenido que le ayude a crecer y a tomar mejores decisiones en sus propios proyectos. Hoy los jóvenes líderes eligen con quién trabajar, a qué evento asistir y dónde invertir su tiempo. Si un encuentro no les aporta valor directo, simplemente no van. Muchos grandes eventos han priorizado durante años el negocio por encima del valor real. Y eso se percibe. Generar impacto y generar negocio no son cosas incompatibles, pero exige innovación, valentía y una revisión profunda del formato. Ahí es donde debería estar la verdadera evolución. Cuando un evento se acomoda en lo fácil, pierde relevancia. Y esta generación, precisamente, no premia la comodidad. Es una generación más crítica, más formada y mucho más consciente de dónde pone su energía. Quizá lo que seguimos echando en falta es más escucha real por parte de esos congresos. Preguntarles qué les mueve, qué les preocupa, qué tipo de liderazgo quieren ejercer, qué les emociona. Y, desde ahí, diseñar experiencias que tengan sentido para ellos, no solo para la foto o el titular. Se trata de diseñar eventos con más intención. Más vivos, más honestos y más útiles para quienes realmente van a sostener el sector en los próximos años.

En cualquier ciudad de España, los hosteleros no paran de quejarse de lo mal que está el servicio. ¿Cuál es el gran problema?

Es fácil decir que 'el servicio está mal', pero pocas veces se analiza el porqué. Después del Covid pasó algo muy claro: muchos profesionales del sector se dieron cuenta de que podían trabajar en otros ámbitos, con horarios más humanos, mejores condiciones y más estabilidad. La hostelería llevaba años sin actualizar su modelo laboral, y esa desconexión pasó factura. Hubo una fuga real de talento. No porque faltara vocación, sino porque faltaban condiciones sostenibles. Pero el problema no es solo que 'no haya personal'. Talento hay. Lo que no hay en la misma proporción son proyectos suficientemente sólidos y atractivos como para movilizar a ese talento. Los buenos profesionales hoy eligen dónde trabajar: buscan estructura, liderazgo, cultura clara y coherencia. Si no lo ven, no se quedan. Buscan proyectos que ayuden a crear su propia identidad, por eso es necesario que se sientan alineados con la esencia, con los valores, con proyectos que les hagan mejores profesionales y mejores personas. Y luego hay otro punto que casi nadie quiere mirar: muchos proyectos nunca han diseñado de verdad su servicio. Se habla mucho de la cocina, del concepto, del interiorismo, pero... ¿Cuántos han trabajado en profundidad el journey del cliente? ¿Cuántos tienen protocolos vivos de mejora operativa? ¿Cuántos invierten en comunicación interna real para minimizar errores? ¿Cuántos transmiten de forma clara su cultura empresarial al equipo? Cuando el servicio falla, muchas veces no es un problema de actitud individual. Es un problema de sistema. Si no hay estructura, formación, liderazgo y cultura compartida, el resultado será irregular. El gran problema no es que la gente no quiera trabajar. Es que el sector está en transición y todavía hay muchos modelos de negocio que no han entendido que, si quieren excelencia en sala, primero tienen que construir una base sólida para que las personas puedan darla.

Veo que no es tan sencillo como puede parecer desde fuera...

Lo que está claro es que, a día de hoy, la estructura de la oferta laboral sigue respondiendo a un modelo heredado de la revolución industrial. Sin embargo, las necesidades de las personas han evolucionado radicalmente. Existe una desconexión evidente entre lo que muchos empresarios consideran suficiente y lo que la realidad cultural y generacional demanda hoy. Las expectativas han cambiado: propósito, equilibrio, desarrollo profesional, liderazgo consciente y culturas de trabajo saludables ya no son extras, son esenciales. Ahí es donde se genera la gran brecha actual. Nosotras tratamos de ser ese hilo de unión. De tender puentes. De acompañar a ambas partes para que puedan entenderse, evolucionar y construir estructuras más sostenibles y alineadas con el presente.

En Madrid ya no hay espacio para propuestas que se abren sin una estructura sólida

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Supongo que, al menos en ciudades como Madrid, el hecho de que haya tantas aperturas no ayuda a poder encontrar buenos profesionales para todas ellas.

Es cierto que en ciudades como Madrid el ritmo de aperturas genera mucha tensión en el mercado laboral. Pero el problema no es únicamente la cantidad de proyectos que nacen, sino la calidad estructural de lo que cada uno ofrece al talento. En Madrid ya no hay espacio para propuestas que se abren sin una estructura sólida, sin entender el valor estratégico de los equipos y sin estar adaptadas a las necesidades sociales actuales. Sí hay espacio, en cambio, para proyectos bien diseñados, coherentes, actualizados y capaces de ofrecer una propuesta profesional atractiva y sostenible. Nosotras no 'buscamos' perfiles de manera tradicional. Durante más de ocho años hemos construido una comunidad muy sólida de profesionales con los que hemos trabajado, colaborado o coincidido en nuestra etapa en restauración. Son personas que conocemos de verdad: sabemos cómo trabajan, cómo lideran, cómo gestionan la presión y cómo se relacionan con sus equipos. Comparten nuestros valores de profesionalización, compromiso y respeto por el oficio. Y, sobre todo, confían en nosotras. Si les proponemos un proyecto en el que creemos, lo valoran con confianza porque saben que detrás hay coherencia y visión a largo plazo. Nuestra comunidad está compuesta en un 85 % por talento en España, aunque es un talento con movilidad internacional y mentalidad global. El resto son perfiles internacionales con los que también colaboramos y conocemos personalmente. Muchos de ellos están dando el salto a emprender, a liderar sus propios equipos o a asumir direcciones estratégicas. Son la nueva generación que ya está destacando y que, en pocos años, marcará el relevo natural del sector. Creemos firmemente que si conseguimos cuidar al talento, no solo mejoramos los negocios individuales, sino que fortalecemos el posicionamiento internacional de la marca España en alta gastronomía.

¿Con qué restaurantes o grupos habéis trabajado hasta el momento?

Colaboramos con restaurantes con estrella Michelin y Sol Repsol, con hoteles de lujo que desean posicionar su outlet de F&B dentro del nicho de la alta gastronomía como elemento diferencial, a través de las personas y su propia cultura. También con modelos más exclusivos como yachts y jets privados, donde la experiencia del cliente debe ser impecable y personalizada al máximo nivel. En España hemos tenido la oportunidad de trabajar con algunos de los proyectos más representativos del sector, como los liderados por Ramón Freixa, Ugo Chan, ABaC, OSA, Dani García, Sen Omakase, Toki y Skina, el Hotel Urban con su proyecto CEBO, o Es Fum en el St. Regis Mardavall Mallorca, El Hotel Claris en Barcelona, Los 33 o el mítico Sacha.

¿Y en qué proyectos interesantes andáis ahora? ¿Alguno que os haga especial ilusión?

Ahora mismo estamos involucradas en proyectos que nos ilusionan especialmente porque van más allá de la consultoría tradicional y nos permiten estar dentro, en la operación real. Uno de ellos es El Puesto de la Guía Repsol, el primer espacio físico creado como punto de encuentro para la comunidad de la guía. Acompañamos la gestión de personas y la operativa diaria del espacio. Se trata de un modelo pop-up que abre determinados días a la semana y funciona como una casa compartida: cada chef de la comunidad puede habitarlo temporalmente y ofrecer su propuesta, ya sea una masterclass, un menú degustación diseñado exclusivamente para el espacio, una charla o una experiencia singular. Nos encanta porque lo sentimos muy alineado con nuestra manera de entender el sector: es actual, dinámico y colaborativo. La activación de pop-ups con jóvenes talentos es uno de nuestros ejes centrales, así que nos sentimos especialmente cómodas formando parte de este proyecto. Es un formato vivo, dinámico y profundamente centrado en comunidad, un concepto que conocemos muy bien y que nos reta constantemente a trabajar cultura, coordinación y excelencia operativa en un entorno cambiante. Han pasado por allí figuras como Ángel León, Pepe Rodríguez o Alberto Chicote, y el calendario anual está prácticamente completo, con muchas activaciones ya fully booked. Trabajar con el equipo de la Guía Repsol está siendo un verdadero placer por su visión y compromiso real con el sector.

Hace unos días también os vimos con 'La Sala, Otra Mirada' en el décimo aniversario de HIP.

Este es un proyecto que nos toca profundamente. Nació con la intención clara de compartir nuestra visión de que la sala es el lugar estratégico y motor del restaurante. De mostrar que la sala deja de ser un acompañamiento para convertirse en el eje que sostiene la experiencia, la rentabilidad y la fidelización. Y esto no es una moda: es una respuesta directa a un cambio social y a una nueva manera de entender el consumo gastronómico. Lo diseñamos junto a nuestro querido Diego Sandoval y lo llevamos a HIP, el mayor congreso europeo de hospitalidad. Además, desarrollamos formaciones junto a la Cámara de Comercio de Madrid en el curso de Dirección de Sala, y participamos en la Escuela Hoffman dentro del Máster de Innovación Gastronómica, reforzando nuestra apuesta por la profesionalización y la evolución estructural del sector. Son proyectos que no solo hablan de gestión, sino de posicionamiento, de cultura y de evolución real del sector. En HIP este año hemos vuelto con diferentes activaciones. Hemos creado en el congreso un espacio que ha sido nuestro propio restaurante, donde Mario Sandoval ha dado de comer a 90 personas, mientras nosotras, junto con Diego, nos aseguramos de que la experiencia en sala fuera un espectáculo teatral, con varios de nuestros talentos más destacados participando activamente. También hemos invitado a proyectos que admiramos, como El Chato, Hiša Franko, Knystaforsen y Ebisu by Endo, para que compartan su cultura de hospitalidad, cada uno representando su continente, y su visión de futuro sobre el hospitality como eje central del restaurante. Y, por supuesto, no podíamos terminar sin un módulo que hablase de nuevos proyectos emergentes, para dar visibilidad de verdad a los jóvenes, y también unos premios diferentes para el mundo gastronómico: mejor creador de contenido, mejor puesta en escena, mejor vestuario, concepto más rompedor y el premio 'Amelier'. Nuestra ambición es poder llevar este movimiento también a nivel internacional. Porque más que un evento, 'La Sala, Otra Mirada' es una declaración: la sala ya no es un acompañamiento, es el motor de la experiencia.

¿Y qué puedes contarme de '3-11, la Casa del Talento Gastronómico'?

Es una iniciativa preciosa, probablemente es la máxima expresión de nuestra alma. Hemos creado un espacio físico pensado exclusivamente para el talento. Un lugar donde desarrollarse, formarse, sentirse en comunidad y crecer rodeado de otros grandes profesionales. Un espacio donde las activaciones no son solo eventos, sino experiencias tangibles que impulsan a cada asistente a ser mejor profesional y mejor persona. 3-11 nace de una convicción clara: esta generación ya no avanza de manera individual, avanza en comunidad. Va en equipo. Comparte, se apoya y se impulsa mutuamente. Desde ahí buscamos, estratégicamente, generar un impacto mayor como país. Porque creemos que solo desde la colaboración real podremos seguir posicionando a España como líder mundial en innovación gastronómica, esta vez no solo desde la técnica, sino desde la gestión de personas, la cultura de equipo y la inteligencia colectiva.