POSTRES Y CAFÉ

La francesa que dejó una multinacional para vender brownies: "Los americanos dicen que son los mejores"

El surtido de brownies que muchos madrileños quieren llevarse a casa pero no todos lo consiguen. Melt
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Olivia Dagan siempre está sonriendo. Y no le faltan motivos, la verdad, porque desde que abrió el obrador Melt en el barrio madrileño de Arapiles (C/ Cea Bermúdez, 10) no ha hecho más que recibir elogios. "Hemos vendido más de 18.000 brownies en solo dos meses y medio", nos comenta esta joven, nacida en un pueblo que está a media hora de París, mientras despacha cafés de especialidad y los mejores brownies de la capital (probablemente también de España).

Si se lo hubieran dicho hace unos años, cuando se instaló en Madrid para trabajar en multinacionales como BNP Paribas o Vestas, le hubiera costado creerlo. Aunque lo de instalarse en nuestro país es algo que siempre tuvo meridianamente claro: "Siempre me ha encantado España. Desde pequeña tuve claro que de mayor quería vivir aquí. Y antes de mudarme aquí, también estuve viviendo en Valencia y Barcelona".

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Hoy es una de las emprendedoras hosteleras de moda en una ciudad en la que cada vez es más difícil conseguir llamar la atención. Pero ella y su chico, Álvaro, acertaron de pleno cuando decidieron poner el foco en los brownies, en lugar de las cookies, que siempre fueron la primera opción.

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"Creo que tenemos suerte porque somos súper complementarios. De hecho, justo esta mañana le he vuelto a decir que no sé cómo hubiera montado esto sola. Porque, claro, al principio era algo mío, era mi proyecto de vida. Pero luego le conocí a él y, afortunadamente, lo hizo suyo, se involucró al máximo y ahora es nuestro negocio. Aunque él sigue teniendo su empresa digital, que se dedica al diseño de aplicaciones".

Álvaro se encarga de la oferta líquida de Melt, así que nos dejamos en sus manos -nos sirve un café de especialidad de Mica de origen nicaragüense- mientras Olivia acepta dedicarnos unos minutos de su ajetreada jornada -echan el cierre en cuanto se quedan sin existencias- para hablar de esta aventura que no ha hecho más que arrancar y que también tienes disponible en formato delivery.

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¿En qué momento deja una de trabajar en una empresa de turbinas eólicas para ponerse a hacer brownies?

Al final, desde pequeña, mi pasión siempre ha sido la repostería. Y cuando me vine a vivir a Madrid solía preparar cookies en casa que luego llevaba al trabajo, a eventos... Es algo que nunca he dejado de hacer. Y el caso es que tanto compañeros de trabajo como amigos, o amigos de amigos, me decía, me decían que todo estaba muy rico y que querían encargarme más. Y así fue como empecé a vender cookies (risas). Hasta que, de repente, un día, un compañero de la oficina me pidió que le hiciera un brownie. Y eso para mí fue todo un reto, porque cookies llevaba ya 20 años haciendo y perfeccionando la misma receta, pero no había hecho nunca un brownie. Así que me enfrentaba a un nuevo challenge: hacer el mejor brownie posible.

Y a tenor del éxito que está teniendo Melt, todo apunta a que ese reto está más que superado.

Sí, pero es verdad que aquel primer brownie, aunque me pareció que estaba rico, estaba claro que se podía mejorar (risas). Pero la verdad es que la reacción fue siempre súper positiva. En los eventos y en el trabajo me decían que estaban espectaculares y que tenía que montar algo porque se notaba que esa era mi verdadera pasión. Y le estuve dando vueltas a la idea de lanzarme con mi propio obrador durante tres años. Luego conocí a mi novio, y ahora socio, Álvaro, que es fan del café de especialidad, y nos pusimos manos a la obra. Él se encarga de la parte del café de especialidad y de todo el tema de administración del personal (ahora somos un equipo de cinco personas), el diseño, las redes...

Háblanos de vuestros brownies. ¿Qué los hace tan especiales?

Creo que parte del éxito está en que mezclamos sabores clásicos con otros que son un poco más originales o creativos. Tenemos el Noir, que es el brownie clásico de chocolate negro, que elaboramos con Valrhona y Callebaut. También uno de avellana, que va relleno con una crema que hacemos nosotros en el obrador después de triturar las avellanas y mezclarlas con un poco de chocolate blanco y extracto de vainilla. El de pistacho, para el que preparamos un relleno cremoso de pistacho 100% ibérico. Luego está el blondie, que es un brownie de chocolate blanco caramelizado con nueces de macadamia súper adictivo que me encanta incluso a mí, que no me gusta el chocolate blanco (risas). Y terminamos con el de matcha, que es verde y lleva una base de chocolate blanco.

¿Y pensáis meter sabores nuevos en función de la temporada?

Así es. De hecho ya estamos trabajando en el de Navidad, que va a ser un brownie de turrón. Esto no lo sabe nadie (risas). Y también estamos trabajando ahora con un restaurante argentino de pollo frito que se llama Poyo. Hemos hecho una colaboración con ellos, que consiste en un brownie de dulce de leche que solo se puede consumir en su local. Me encanta su pollo frito, la verdad. Es más, cuando era pequeña, mi familia me solía decir que terminaría abriendo una tienda de cookies o un sitio de pollo frito risas). ¡Y fíjate!

¿En París había tradición de brownie cuando tú vivías allí?

Para nada, sí que había mucha cultura de cookie, pero no ocurría lo mismo con el brownie. Recuerdo que, cuando empecé a darle vueltas a la idea de llevar el brownie a otro nivel, me propuse ir a probar lo que se estaba haciendo. En París no había ningún sitio especializado en brownies, mientras que en Madrid podrías encontrar alguna cafetería o panadería con un brownie, el típico de chocolate negro que suele estar un poco seco y que no te dice mucho cuando lo pruebas. Pero es que la cosa va más allá todavía. El año pasado estuvimos Álvaro y yo en Nueva York para ver qué se estaba haciendo allí, ya que el brownie es algo americano, y nos quedamos un poco decepcionados. Había un montón de tiendas de cookies, todas súper famosas y riquísimas, pero de brownie no encontramos casi nada. O sea, no era una situación muy diferente a la que encontramos en Madrid: los puedes encontrar en Starbucks o en alguna otra panadería o cafetería, pero no hay nada realmente relevante. Es más, muchos americanos que vienen a Melt -de Minnesota, California, Washington o Georgia- nos dicen que son los mejores brownies que han comido.

Pues no se hable más: toca abrir en París y Nueva York.

Tal cual (risas), quién sabe. No, en serio, la verdad es que hemos tenido una acogida brutal aquí y a la gente le encanta nuestro producto. Hay mucha gente que repite, ya sea simplemente para merendar o para llevarse una caja de seis para un evento, un cumpleaños, un desayuno en la empresa... Y hay muchas personas que nos han dicho que tenemos que abrir en Barcelona, porque yo viajo mucho allí y siempre llevo brownies a mi familia. También hay quienes vienen porque nos han visto en TikTok, ayer vino una chica porque su hermana, que vive en Puerto Rico, nos había visto en redes, y compró una caja para llevársela allí. Y tenemos constancia de que nuestros brownies han viajado hasta Letonia, México, Atlanta, Arabia Saudí...

Dices que tu pasión por la repostería comenzó en la infancia, ¿tu madre solía hacerla en casa?

Pues sí, a ella le encantaba hacer bizcochos, y yo empecé a hacerlos con ella. Pero las cookies, en cambio, aprendí a hacerlas gracias a la serie 'Mujeres Desesperadas'. Porque el personaje de Bree, la pelirroja, solía prepararlas en casa. Y a mí me llevaba mucho la atención esa galleta grandión esa galleta grande y redonda cuando la veía en la tele. Poco a poco fui mejorando mi receta y hasta ahora (risas).