Vinos

La botella de vino más cara de la historia: de una añada única de 1945

Domaine de la Romanée-Conti 1945
Domaine de la Romanée-Conti 1945. Acker
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El mundo del vino es de lo más amplio. Se puede encontrar grandes referencias a precios de lo más asequibles, incluso por menos de 10 o 20 euros, que permiten disfrutar de un gran caldo que marida tanto con una barbacoa, con un pescado, para un aperitivo, o para una velada de lo más importante y especial. Pese a haber botellas asequibles y buenas, también nos encontramos con precios absolutamente desorbitados, como el vino con el precio más alto jamás pagado por una sola botella en una subasta.

Se ha producido en las últimas semanas y la casa Acker, especializada en subastas de vino, ha confirmado la venta de la botella por un total de 812.500 dólares, o lo que es lo mismo, 695.780 euros al cambio.

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El vino que ha tenido este privilegio es un Domaine de la Romanée-Conti 1945. “La misma botella que se vendió originalmente en 2018 procedente de la bodega personal de Robert Drouhin. Una de las tan solo 600 botellas producidas: la última añada antes de que el viñedo fuera replantado debido a la filoxera”, explican, por lo que ha roto su propio récord marcado hace unos años.

La botella pertenece a unos vinos de lo más exclusivos y limitados con tan solo 600 unidades producidas, por lo que ya de por sí se trata de una auténtica pieza de coleccionista o de sibarita, así que no es de extrañar que haya roto su propio récord convirtiéndose de nuevo en la botella más cara subastada, superando los 558.000 euros que se pagó en la venta de 2018.

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La añada de 1945 es especial porque no se podrá repetir nunca, pues aquellas viñas de las que surgieron estas botellas fueron justo después arrancadas para replantar, por lo que ya no hay rastro de aquellas cepas llenas de historia, que incluso sobrevivieron a guerras, que dieron lugar al vino más caro vendido.

Sin duda, por su exclusividad, el Domaine de la Romanée-Conti 1945 es una auténtica joya enológica de las que quedan pocas. Ahora, tras su histórica venta, queda resolver la gran incógnita, si alguien será capaz de atreverse a descorchar la botella para catar el caldo que se esconde dentro de la botella tras pagar más de 800.000 dólares por ella. Lo más probable es que no sea así, sino que se siga conservando como una pieza de coleccionista propia de quierenes participan en este tipo de subastas.